Normalización y crecimiento: ¿puede haber una recuperación sostenida sin una expansión del crédito?

LA ARGENTINA ATRAVIESA UN PROCESO DE NORMALIZACIÓN MACROECONÓMICA, REFLEJADO PRINCIPALMENTE EN LA REDUCCIÓN DE LA INFLACIÓN. SE TRATA DE UNA CONDICIÓN NECESARIA PARA LA RECUPERACIÓN, PERO NO SUFICIENTE. EN PAÍSES DESARROLLADOS EL CRÉDITO FINANCIERO REPRESENTA ALREDEDOR DEL 70 % DEL PBI, EN ARGENTINA ESE PORCENTAJE ES MENOR AL 15 %. PARA CONSTRUIR UNA ECONOMÍA SÓLIDA, ES FUNDAMENTAL CONVERTIR EL AHORRO EN INVERSIÓN.

En su reciente visita a la Argentina, la titular del Fondo Monetario Internacional Kristalina Georgieva advirtió que uno de los principales desafíos que enfrenta el país es conseguir una distribución pareja del crecimiento. En este sentido, mencionó expresamente la necesidad de mejorar las condiciones financieras para que las pequeñas empresas y los hogares puedan acceder a préstamos. El eje de esta observación es claro: el saneamiento macroeconómico genera condiciones favorables para el desarrollo, pero el sistema financiero funciona como una traba a la hora de hacerlo efectivo.

Para dar cuenta de la magnitud del problema basta con analizar dos variables. En primer lugar, la morosidad récord que se registró a lo largo del último año: según el último Informe de Bancos del BCRA el nivel de mora en las familias alcanzó el 12,8 %, mientras que en las empresas fue del 3,5 %. Estos números son, en parte, consecuencia natural de las elevadas tasas de interés. El costo financiero total de las líneas ofrecidas por los bancos, es decir, lo que le cuesta al usuario el préstamo adquirido, puede superar ampliamente el 100 % anual, y en algunos casos alcanzar niveles superiores al 300 %. Valores ubicados muy por encima de la inflación. Los llamados ¨spreads¨, mayores a veces que los márgenes de muchos comercios minoristas, no son tampoco un problema menor. Lo mismo sucede con las entidades no financieras, con las que casi 3 millones de argentinos adquirieron préstamos que no pueden pagar.

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El alto costo Y la inexistencia de seguridad jurídica respecto del valor del peso explican en gran parte el tamaño mínimo del crédito privado en relación con la economía. Recientemente el BCRA informó que en junio de 2026 el crédito bancario en pesos al sector privado fue equivalente al 9,2 % del PBI. Si se suma el crédito en moneda extranjera, el porcentaje asciende al 12,3 %. Según datos del Banco Mundial, en 2024 el crédito bancario al sector privado equivalía a alrededor del 46 % del PBI en Estados Unidos, 77 % en Alemania y 121 % en Japón. Países que en los últimos 50 años han tenido menos inflación que la Argentina en uno solo de los años de mayor inestabilidad.

El crédito es caro porque es escaso, pero también es escaso porque es caro. Parece una paradoja, pero la gente hastiada de ser robada por el estado y sus socios privados de turno elige bajar al máximo sus tenencias de pesos: o sea reduce la capacidad de financiación del sistema. Este escenario configura una dificultad enorme para la recuperación económica del país. Tras años de mala praxis la economía argentina mejora, pero camina con muletas: la normalización macro, para trasladarse a una política crediticia expansiva necesita transitar por el puente de la confianza. El crédito permite financiar consumo, capital de trabajo y, todavía más importante, permite financiar la inversión, pero como reza el dicho, el que se quema con leche ve la vaca y llora. Lamentablemente los argentinos nos hemos quemado con leche demasiadas veces desde la década del 50. Argentina figura como abonado en el ranking de los países de mayor inflación del mundo desde entonces. No muchos culpables, millones de víctimas.

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La expansión de la confianza también puede abrir nuevas formas de inversión a algunos perfiles de ahorristas y resguardar su capital más allá de los billetes de dólar que, a su vez, también sufren con el tiempo un marcado deterioro de su valor. Con condiciones de financiamiento adecuadas, un inversor podría complementar parte de su capital con crédito y utilizar los ingresos de sus activos para contribuir al repago de la deuda.

Este tipo de ejemplos muestra cómo un sistema financiero más abierto y profundo puede ampliar el universo de personas capaces de acceder a inversiones y, al mismo tiempo, multiplicar las posibilidades de financiamiento para empresas y hogares. El desafío de la Argentina es que estas operaciones dejen de ser excepcionales y pasen a formar parte de un mercado de crédito más amplio, accesible y compatible con la rentabilidad de las inversiones. La tarea es, entonces, recomponer la confianza, de una vez por todas y firmar el alta de la economía argentina.

Por Marcos Victorica, economista y CEO de BAS Storage