EL USO DE LA HERRAMIENTA TECNOLÓGICA ESTÁ REDEFINIENDO LAS REGLAS DE ADAPTACIÓN AL MUNDO DEL TRABAJO. LA CAPACIDAD DE APRENDER, DE ADAPTARSE Y APROVECHAR LAS NUEVAS HERRAMIENTAS SE IMPONE AL RANGO ETARIO.
Las diferencias generacionales y el debate sobre cómo conviven en las organizaciones quienes crecieron sin Internet con los que lo hicieron en la era digital le abre paso a una pregunta más contemporánea: ¿Importa más la edad y la experiencia o la capacidad y avidez de aprender y adaptarse al mundo del trabajo actual?
La presión por adaptarse ya se vive en el mundo laboral. Según el Work Trend Index 2026 de Microsoft, el 65% de los trabajadores encuestados que utilizan inteligencia artificial teme quedarse atrás si no se adapta rápido a su uso. Mientras que la primera encuesta nacional sobre adopción y percepciones de la inteligencia artificial generativa en Argentina, que hizo el año pasado entre agosto y septiembre el Centro de Evaluación de Políticas basadas en la Evidencia (CEPE) de la Universidad Torcuato Di Tella y Fundar, arrojó que el 85,6% de quienes utilizan la herramienta afirmó no haber recibido capacitación para usarla en el trabajo.
“La irrupción de la inteligencia artificial está marcando una nueva brecha entre quienes están dispuestos a aprender, experimentar e incorporar nuevas herramientas de quienes encuentran mayores barreras para hacerlo”, señala Manuela Cado, líder de Atracción de Talento en Ceta Capital Humano. Desde su punto de vista la transformación obliga a revisar qué atributos se consideran valiosos al evaluar candidatos: la capacidad de aprendizaje, la curiosidad y la flexibilidad empiezan a pesar tanto como determinadas habilidades técnicas.
La transformación también se observa en el sistema educativo. En 2026 egresó la primera ingeniera en inteligencia artificial de Argentina y América Latina, una señal de que estas capacidades ya no son una actualización profesional, sino un campo específico de formación.
“Creo que la discusión generacional histórica quedó vieja”, comenta Analía Cánepa, CEO y fundadora de Ostara. En su experiencia hay jóvenes que continúan trabajando de la misma manera que hace tres años cuando apareció la IA y profesionales mayores de 60 que la incorporaron con enorme velocidad.
“La IA nos igualó. Nos puso a todos frente al mismo desafío, el de aprender de nuevo y eso me parece extraordinario. Porque el futuro no pertenece a una generación sino a quienes siguen teniendo curiosidad”, sumó.
Los especialistas señalan el riesgo de convertir la edad en un nuevo atajo para decidir quién tiene o no tiene habilidades digitales. “Asociar juventud con dominio tecnológico puede convertirse en un nuevo sesgo laboral”, advierte Cado.
Un profesional con muchos años de experiencia que aprende a trabajar con IA puede tener la ventaja de combinar el conocimiento acumulado del negocio con una nueva capacidad tecnológica. “La tecnología puede acelerar una tarea, pero el valor sigue estando en gran medida en saber qué preguntar, cómo interpretar lo que devuelve y qué decisión tomar con esa información”, completa la especialista de la compañía de de recursos humanos que integra Grupo Ceta
Por su parte, Cánepa observa algo similar puertas adentro de Ostara: “Me parece lógico dejar de hablar de capacitación para hablar de transformación. La diferencia aparece cuando la IA deja de ser un curso aislado y pasa a formar parte de la manera cotidiana de trabajar, cuando la utiliza el director, el gerente y cada integrante del equipo. No queremos personas que sepan de IA, queremos personas que trabajen mejor gracias a la IA”.
“Las organizaciones tienen el desafío de impulsar programas de reskilling y upskilling que alcancen a todos los colaboradores, sin distinción de edad ni perfil técnico. La clave es que cada persona logre identificar cómo incorporar la IA a sus tareas cotidianas para potenciar sus capacidades y mejorar su desempeño. La adaptación a esta nueva realidad depende de las oportunidades de aprendizaje que las empresas sean capaces de generar”, concluyó Cado.





