CUANDO YA TUVE LA EDAD, CON OTROS FUI A LAS CRUZADAS HASTA TIERRAS ALEJADAS A CONQUISTAR SIN PIEDAD SITIOS DE LA CRISTIANDAD. AL VOLVER MI GENTE EXCLAMA QUE LOGRÉ IMPONER LA LEY MI VICTORIA SE PROCLAMA ¡POR MI REINO! ¡POR MI DAMA! ¡POR MI ESTIRPE! ¡POR MI REY!
Guadalupe Martínez Galindo Tehuacán, Puebla, México.
Hace muchos, muchos años
Guillermo el Conquistador
que de mi vida fue autor
y me protegió de daños
ante amenazas de extraños,
para su nombre dar brillo
hizo un enorme castillo
la lucha por el poder
muy frecuente solía ser
y alternar no era sencillo.
Rodeado estaba de un foso
bajo el sistema feudal
muy hondo y muy peligroso
siempre violento y brutal
trampa mortal por fangoso.
Normandos, como mi padre
hacían de su ingenio alarde
en soberbias construcciones
con uno o varios torreones
alineados, sin descuadre.
De pequeño, muy inquieto
jugaba en los pasadizos
y los puentes levadizos
solía bajar en secreto
para ver el esqueleto
de un enemigo ultimado
que había sido atravesado
por flechas o alguna lanza
abatido por venganza
para quitarle lo osado.
En aquel lejano tiempo
prevaleciendo el más fuerte
había gobiernos menores
con duques, condes y loores
que en un combate violento.
Se imponían sobre inferiores
dueños de vida y de muerte
yo siempre viví contento
pues nací muros dentro
y ser señor, fue mi suerte.
Cuando ya tuve la edad,
con otros fui a las CRUZADAS
hasta tierras alejadas
a conquistar sin piedad
sitios de la cristiandad.
Al volver mi gente exclama
que logré imponer la Ley
mi victoria se proclama
¡por mi reino! ¡por mi dama!
¡por mi estirpe! ¡por mi rey!

