¿Qué son las familias DINK? Una investigación analizó cómo se construye una familia sin hijos en Argentina

UNA INVESTIGACIÓN SOBRE QUINCE FAMILIAS ARGENTINAS QUE ELIGIERON NO TENER HIJOS INDAGÓ MÁS ALLÁ DEL PORQUÉ DE ESA DECISIÓN Y SE ENFOCÓ EN CÓMO CONSTRUYEN SU VIDA FAMILIAR Y PROYECTAN SU FUTURO. MICAELA VICTORIA POTES, RECIENTE DOCTORA EN PSICOLOGÍA POR UFLO UNIVERSIDAD, PRESENTÓ EL ESTUDIO EN SU TESIS LA DECISIÓN DE NO TENER HIJOS COMO PROYECTO DE VIDA FAMILIAR: NARRATIVAS CO-CONSTRUIDAS POR FAMILIAS DINK ARGENTINAS.

“Sos joven todavía, te vas a arrepentir cuando seas más grande” o “¿Qué va a pasar con tu apellido?” son algunos comentarios que reciben las parejas que deciden no tener hijos, conocidas como DINK. Potes explicó que es un acrónimo inglés que significa Dual Income No Kids, es decir, doble ingreso sin hijos. 

El término surgió en la década del ‘80 en el ámbito del marketing, para describir a parejas sin hijos asociadas al consumo, el ocio y un estilo de vida urbano. En los últimos años, el concepto comenzó a utilizarse en investigaciones de las ciencias sociales para estudiar familias con diversas trayectorias de vida y formas de organizar el trabajo, el cuidado y la vida personal. 

La idea de familia ya no se limita al matrimonio heterosexual con hijos. A nivel global, cayó la tasa de natalidad y en Argentina, según el Observatorio del Desarrollo Humano y la Vulnerabilidad de la Universidad Austral, el descenso en la última década fue superior al 40%.

¿Quiénes son estas familias?

El estudio incluyó a quince parejas heterosexuales cuya ausencia de hijos no estaba vinculada a causas biológicas y que habían decidido en conjunto no tenerlos. Las personas entrevistadas tenían entre 24 y 47 años, no tenían hijos de relaciones previas, llevaban entre 7 y 20 años de relación y de 2 a 19 años de convivencia. 

Esta investigación, a diferencia de los estudios tradicionales centrados en las razones individuales para no tener hijos, abordó a la pareja como una familia, como un proyecto compartido entre dos personas que tienen experiencias personales, marcos socioculturales y decisiones previas, que influyen en el presente y futuro de esa pareja. 

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La elección se construye en conjunto dentro del vínculo, se dialoga y  se reafirma constantemente. En esta variedad de familias, se prioriza el cuidado mutuo y la vida compartida. Los objetivos de vida se definen a partir de este acuerdo y se materializan en proyectos mutuos. 

Ese proyecto se refleja en lo cotidiano. Según explicó Potes: “El trabajo, el hogar y el ocio organizan y configuran la vida cotidiana de estas parejas. Las parejas negocian tiempos, distribuyen tareas y también buscan la forma de poder sostener espacios en común e intereses individuales”.

¿Cómo se construye la decisión de no tener hijos?

La tesis recupera la advertencia del Fondo de Población de las Naciones Unidas: para entender esta decisión hay que considerar también las condiciones económicas, sociales y estructurales.

La investigación identificó distintos caminos hacia la decisión. En algunos casos, estuvo desde el inicio de la relación, como una condición de compatibilidad; en otros, las parejas expresaron que “se fue dando” con el tiempo. 

Entre los motivos que aparecieron con más fuerza hay dos. Uno es ético: cuestionarse “¿a qué mundo los traigo?” y el otro está vinculado al cuidado: reflexionar sobre la responsabilidad de ser madre o padre y sobre las posibilidades de ofrecer el tiempo, la disponibilidad y la presencia que los niños requieren. 

El pasado funciona como un marco desde el cual las parejas evalúan su decisión, pero no causa ni determina la elección. Algunos participantes tenían familiares sin hijos que permitieron ampliar la visión sobre cómo puede construirse un proyecto de vida. Otros atravesaron desde edades tempranas experiencias de cuidado de hermanos, sobrinos, padres o abuelos que, en algunos casos, implicaron la postergación de proyectos personales. Y varios observaron el sacrificio y desgaste en relación a la crianza en sus propias familias. Sin embargo, no todas las experiencias fueron iguales: algunos participantes provenían de trayectorias familiares caracterizadas por el afecto y la estabilidad. 

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La investigación de Potes también distingue entre deseo y decisión. Una persona puede tener el deseo de ser padre o madre y, aun así, decidir no serlo después de evaluar lo que implica la parentalidad y el contexto en el que se llevaría adelante. 

La decisión, además, no queda cerrada una vez tomada. Las parejas dialogan sobre esa elección frente al paso del tiempo, una crisis biográfica o la muerte de un familiar. Para las parejas estudiadas, la revisión no significa indecisión sino que funciona como una forma de actualizar y reafirmar el proyecto compartido. 

¿Cómo se afronta la mirada externa cuando no se tiene hijos?

La decisión de no tener hijos, aunque se inserte en un contexto de baja tasa de natalidad a nivel nacional y global, sigue siendo cuestionada por entornos familiares y sociales. 

Con las parejas más jóvenes, el entorno tiende a “infantilizar” la decisión, se asume que es una cuestión de la edad y que con el paso del tiempo se revertirá. A partir de los 35 años, en cambio, surge la justificación externa vinculada al “reloj biológico” de la mujer, que condiciona la forma en la que el entorno interpreta la decisión.

Según explicó Potes, persiste una expectativa social que sitúa a la parentalidad como eje de la vida adulta. Desde esa mirada, quienes deciden no tener hijos reciben cuestionamientos sobre sus elecciones, esfuerzos y logros. “La mujer que no tiene hijos es asociada con una mujer incompleta y al hombre se le cuestiona la continuidad del legado familiar”, afirmó. 

Los proyectos familiares sin hijos suelen asociarse con la carencia, el déficit y el conflicto, mientras que tener hijos se asocia con estatus y con ser reconocidos como adultos plenos. La investigación propone la desnaturalización de esa idea: la ausencia de hijos no implica falta de organización familiar, de cuidado o de proyecto.

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Los participantes explicaron que desarrollaron diversas estrategias para afrontar los cuestionamientos, como evitar ciertas conversaciones o responder de manera directa. Al mismo tiempo, algunos encontraron validación en sus decisiones por medio de comunidades digitales y debates sobre el género y la autonomía reproductiva. 

Mascotas, amistades y vejez: ¿cómo se organiza la vida sin hijos?

El estudio también analizó cómo se organiza el cuidado y los vínculos. Los sobrinos ocupan un lugar afectivo importante, aunque sin la responsabilidad que implica criar. También tiene un lugar significativo el vínculo con los animales: las mascotas son reconocidas como integrantes de la familia e influyen en la toma de decisiones respecto a la vivienda, las vacaciones y la organización de la rutina. Sin embargo, las parejas no consideran que las mascotas reemplacen a los hijos. 

Para estas familias, las redes de amistades también se transforman con el paso del tiempo. Cuando amigos cercanos tienen hijos, pueden aparecer diferencias en los tiempos disponibles, las prioridades y las conversaciones, lo que en algunos casos lleva a una reorganización hacia vínculos más afines. 

Otro de los ejes que suelen tener en cuenta, es el envejecimiento. Los participantes cuestionan la idea de que tener descendencia garantice cuidado o compañía durante la vejez. Para ello, cuentan con estrategias para organizar y planificar el futuro, como la planificación financiera, la preservación de la autonomía corporal y cognitiva, y la construcción de redes de confianza.

Los resultados de la investigación cuestionan así que familia y reproducción deban entenderse como conceptos ligados. Potes resaltó que la decisión de no tener hijos no implica necesariamente un rechazo a la familia, sino una redefinición de aquello que la familia puede llegar a ser.