LA DESOCUPACIÓN JUVENIL SUPERA EL 14% TANTO EN MUJERES COMO EN VARONES Y DUPLICA LOS NIVELES OBSERVADOS ENTRE LAS PERSONAS DE 30 A 64 AÑOS.
Durante los últimos años, el mercado laboral argentino presentó señales mixtas. Aunque algunos indicadores evidencian cierta estabilidad respecto de los niveles más críticos observados tras la recesión de 2024, otros continúan mostrando dificultades estructurales que afectan especialmente a determinados grupos de la población.
Y es que detrás de la tasa de desocupación del 7,8% registrada por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) durante el primer trimestre de 2026, persisten brechas significativas por edad y género que revelan que el acceso al empleo continúa siendo uno de los principales desafíos para quienes intentan insertarse en el mercado laboral.
Los datos publicados por el organismo estadístico indican que el desempleo experimentó una leve mejora frente al mismo período del año anterior, cuando se ubicaba en 7,9%, aunque registró un incremento respecto del cuarto trimestre de 2025, cuando había alcanzado el 7,5%. En términos absolutos, la cifra equivale a aproximadamente 1,7 millones de personas sin trabajo en todo el país, considerando las proyecciones realizadas sobre la población económicamente activa.
Sin embargo, el análisis de las estadísticas permite observar que la evolución del mercado laboral no se distribuye de manera homogénea entre los distintos grupos sociales. A diferencia de ello, algunos segmentos registran niveles de desocupación relativamente bajos, los jóvenes continúan enfrentando obstáculos considerablemente mayores para acceder a un puesto de trabajo.
La situación resulta particularmente visible entre las personas de 14 a 29 años. Durante el primer trimestre de este año, las mujeres jóvenes registraron una tasa de desempleo del 15,5% y los varones de la misma franja etaria alcanzaron el 14,6%. Ambos porcentajes prácticamente duplican los niveles observados entre los adultos de 30 a 64 años, donde la desocupación fue del 6,2% para las mujeres y del 5,2% para los hombres.
Aunque la comparación interanual evidencia cierta mejora, especialmente entre las mujeres jóvenes, cuyos niveles de desempleo habían alcanzado el 19,2% en el primer trimestre de 2025, la distancia respecto del resto de la población económicamente activa continúa siendo significativa. En el caso de los varones jóvenes, la reducción fue mucho más moderada, pasando de 15,1% a 14,6%.
La concentración del desempleo en este grupo etario queda de manifiesto en la composición de la población desocupada. Según surge de las estadísticas del Indec, el 20,6% de las personas que buscan trabajo sin conseguirlo corresponde a mujeres menores de 29 años, mientras que el 24,7% son varones de la misma edad. En conjunto, casi la mitad de los desocupados del país pertenece a este segmento, una proporción que evidencia que las mayores dificultades de inserción continúan afectando a quienes atraviesan las primeras etapas de su vida laboral.
A nivel general, el informe señala que la tasa de actividad alcanzó el 48,6% y la tasa de empleo se ubicó en 44,8%. Ambos indicadores dan cuenta de una participación laboral relativamente estable, aunque el comportamiento interno del mercado continúa mostrando transformaciones relevantes, una de ellas es el crecimiento de la informalidad.
Durante los tres primeros meses del año, el empleo no registrado alcanzó al 44,2% de los ocupados, lo que representa un incremento de 2,2 puntos porcentuales respecto del mismo período del año anterior. En paralelo, el empleo formal mostró un retroceso de más de 32.000 trabajadores registrados durante los últimos doce meses, en cambio el trabajo informal incorporó más de 400.000 personas.
Este fenómeno explica parte de la expansión del empleo observada en términos estadísticos. Si bien el número total de ocupados creció en comparación con el año pasado, una porción importante de esas nuevas incorporaciones se produjo bajo modalidades más precarias o con menores niveles de protección laboral.
La situación se vuelve aún más compleja al observar la evolución de la subocupación. El indicador, que contempla a quienes trabajan menos de 35 horas semanales de manera involuntaria y desean ampliar su jornada laboral, alcanzó el 11,1%, registrando una suba de 1,1 puntos porcentuales respecto del primer trimestre de 2025.
Cuando se suman las personas desocupadas, subocupadas y aquellas que, aun teniendo empleo, continúan buscando otra ocupación, la presión total sobre el mercado laboral llega al 29,6% de la población económicamente activa. Esto significa que prácticamente tres de cada diez personas mantienen algún tipo de dificultad vinculada a la calidad o estabilidad de su inserción laboral.
Los datos permiten advertir algunas características de quienes actualmente se encuentran desempleados. El nivel educativo predominante corresponde a personas con secundario completo, que representan el 2,8% de la población desocupada. A su vez, otro 2,1% posee estudios superiores o universitarios completos o incompletos, lo que evidencia que las dificultades para conseguir empleo atraviesan distintos niveles de formación.
En cuanto al tiempo de búsqueda, el 5,3% de las personas desempleadas lleva menos de un año intentando conseguir trabajo y el 2,5% permanece en esa situación desde hace más de 12 meses. Esta diferencia permite observar la coexistencia de problemáticas coyunturales y estructurales dentro del mercado laboral argentino.
Los sectores de actividad también ofrecen algunas pistas sobre dónde se concentran las mayores dificultades. Entre quienes perdieron su última ocupación, el comercio y la construcción aportaron un punto porcentual cada uno a la tasa total de desempleo. Les siguieron la industria manufacturera y el empleo doméstico, con 0,8 puntos porcentuales respectivamente.
Por otro lado, el sector privado concentró la mayor proporción de personas desocupadas, con una incidencia de 5,9 puntos porcentuales sobre la tasa general. El sector estatal representó apenas 0,2 puntos, mientras que el resto corresponde a actividades no especificadas.
En esa línea, las diferencias territoriales continúan siendo marcadas. El Gran Buenos Aires registró la tasa de desocupación más elevada entre las grandes regiones del país, alcanzando el 8,7%. Dentro de esa área, los Partidos del Gran Buenos Aires presentaron uno de los indicadores más altos del país, con 9,7%.
La región Pampeana ocupó el segundo lugar con una tasa de 8,2%. Allí sobresalen algunos aglomerados urbanos con niveles particularmente elevados, como San Nicolás-Villa Constitución, que lideró el ranking nacional con 10,4%, seguido por Bahía Blanca-Cerri con 10,1% y Mar del Plata con 9,3%. Gran Córdoba, además, se ubicó por encima del promedio nacional, con una tasa del 8,8%.
En contraste, otras regiones exhibieron niveles considerablemente menores. El Noroeste registró una tasa de desocupación del 4,9% y la Patagonia alcanzó el 5%. Entre los aglomerados con mejores resultados aparecen Santiago del Estero-La Banda, con apenas 0,7%, y Viedma-Carmen de Patagones, con 2,1%.
Más allá de las diferencias regionales, el escenario general pone de manifiesto que los períodos de búsqueda laboral suelen extenderse durante varios meses, generando impactos sobre la economía cotidiana de quienes atraviesan estas situaciones. En ese contexto, algunas personas recurren a distintas herramientas para reorganizar sus finanzas al tiempo que intentan reinsertarse laboralmente, entre ellas alternativas vinculadas a los préstamos personales, especialmente cuando necesitan afrontar gastos corrientes o cubrir compromisos económicos durante etapas de transición laboral.
Barreras para conseguir empleo
A pesar de que las estadísticas permiten dimensionar la magnitud del problema, los desafíos que enfrentan los jóvenes para acceder a un empleo no se explican únicamente por la cantidad de puestos disponibles. Diversos estudios privados señalan que existe una creciente distancia entre las competencias que demandan las empresas y las habilidades que presentan muchos postulantes.
Un relevamiento reciente realizado por Bumeran indica que el 68% de los especialistas en recursos humanos considera que las habilidades blandas son actualmente las más buscadas por las organizaciones y, al mismo tiempo, las más difíciles de encontrar entre los candidatos.
Las empresas valoran cada vez más competencias vinculadas con la forma en que una persona se desempeña dentro de un equipo de trabajo. La responsabilidad y la puntualidad encabezan la lista de habilidades más demandadas, mencionadas por el 47% de los especialistas consultados. A continuación, aparecen la empatía, con el 46%, y la comunicación, con el 42%.
A ellas se suman otras capacidades cada vez más valoradas, como la adaptabilidad frente a cambios organizacionales, la resolución de problemas, la iniciativa personal y la capacidad para trabajar en equipo. En muchos casos, estas competencias terminan siendo determinantes cuando varios postulantes poseen niveles similares de formación técnica o experiencia laboral.
El reporte deja ver que estas habilidades no siempre se identifican durante la entrevista laboral. De hecho, el 75% de los especialistas afirma que logra evaluarlas principalmente durante el período de prueba, cuando el trabajador ya se encuentra desempeñando tareas concretas dentro de la organización. Solo el 25% considera que pueden detectarse de manera suficiente durante el proceso de selección.
Esta situación ayuda a explicar algunas de las dificultades que enfrentan quienes buscan insertarse por primera vez en el mercado laboral. Para muchos jóvenes, demostrar capacidades vinculadas a la dinámica cotidiana de trabajo resulta más complejo cuando todavía cuentan con escasa experiencia previa.
A este escenario se suma otro fenómeno que preocupa a las empresas. Un estudio de ManpowerGroup sostiene que el 68% de los empleadores argentinos asegura tener dificultades para encontrar el talento que necesita para cubrir determinadas posiciones.
Las mayores complicaciones aparecen en áreas vinculadas con tecnología, ingeniería, logística y atención al cliente, sectores donde las organizaciones reportan una escasez persistente de perfiles adecuados. Esto pone de relieve que parte del problema laboral actual no se relaciona exclusivamente con la falta de empleo, sino también con el desajuste existente entre las capacidades requeridas por las empresas y las competencias disponibles entre quienes buscan trabajo.
En consecuencia, la situación de los jóvenes en el mercado laboral argentino combina múltiples factores. Por un lado, continúan siendo el grupo más afectado por la desocupación. Por otro, enfrentan un escenario donde las empresas exigen habilidades cada vez más específicas, tanto técnicas como interpersonales.
Los datos del primer trimestre de 2026 evidencian que el desafío ya no pasa únicamente por generar nuevas oportunidades laborales. Sumado a ello, resulta necesario mejorar las condiciones de inserción, fortalecer la formación de competencias demandadas por el mercado y facilitar trayectorias laborales que permitan a las nuevas generaciones construir experiencias sostenibles en un contexto económico que continúa presentando importantes desafíos.





