Innovación en talento: 3 de cada 10 empresas ya registran mejoras de productividad

LA INNOVACIÓN DEJÓ DE SER UN DIFERENCIAL PARA CONVERTIRSE EN UNA CONDICIÓN PARA COMPETIR. CON LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL, LOS MODELOS DE TRABAJO Y LAS EXPECTATIVAS DEL TALENTO CAMBIANDO A VELOCIDAD RÉCORD, LAS ORGANIZACIONES QUE ESPEREN A QUE EL CAMBIO SEA INEVITABLE CORREN EL RIESGO DE LLEGAR TARDE Y PERDER PRODUCTIVIDAD, CAPACIDAD DE RESPUESTA Y TALENTO.

Durante años, innovar fue un lujo que se daban algunas empresas para destacarse. Hoy es otra cosa: una condición para no quedarse afuera. Y el mayor riesgo para muchas organizaciones no es la falta de tecnología ni de presupuesto, sino algo mucho más difícil de detectar: seguir dando por sentado que lo que funcionó ayer va a seguir funcionando mañana.

La inteligencia artificial, los nuevos modelos de trabajo y los cambios en lo que el talento espera de una empresa están obligando a las compañías a revisar cómo se gestionan y qué tan rápido pueden reaccionar. En este contexto, adaptarse deja de ser una respuesta de emergencia para convertirse en una capacidad estratégica.

El informe “Más allá del cambio: una radiografía sobre innovación en la gestión del talento”, elaborado por Adecco Argentina a partir de un relevamiento a empresas de distintas industrias y regiones del país, confirma que la innovación ya no es un tema reservado a las grandes compañías tecnológicas ni a los centros urbanos: forma parte de la agenda empresarial argentina de punta a punta, desde los servicios y la logística hasta el agro.

Y los resultados empiezan a verse: el 30% de las empresas registra un aumento de productividad, el 22% una mejora en la experiencia de sus colaboradores, el 13% avances en la atracción de talento y el 10% una mayor retención. El desafío, ahora, es que esos resultados dejen de ser la excepción y se conviertan en la norma.

LEER  La tercerización de RR.HH: el modelo que eligen las empresas en expansión

El costo de esperar a que el cambio sea inevitable

En un contexto de transformación permanente, reaccionar cuando una tendencia ya se volvió obligatoria es, directamente, llegar tarde. Las organizaciones que esperan a que el mercado las obligue terminan tomando decisiones con urgencia, sin dirección y a un costo mucho más alto.

El problema es que muchas empresas siguen convencidas de que la productividad se resuelve cambiando herramientas viejas por nuevas. Sin embargo, el informe muestra que el éxito no depende solo de incorporar tecnología, sino de contar con el talento y los modelos de gestión necesarios para traducirla en productividad. Cuando la transformación digital, la experiencia del colaborador, el bienestar y la cultura avanzan por separado, el impacto se limita.

“Muchas organizaciones creen que van a ser más productivas solo por renovar sus herramientas, y eso es un error. Cuando los procesos no están claros, los equipos dudan, improvisan y se desgastan. Cuando hay claridad, las prioridades se ordenan, el esfuerzo se enfoca y hasta el estrés baja, porque la gente sabe hacia dónde va”, señala Carla Cantisani, Directora de Calidad, Servicio e Innovación de Adecco Argentina.

Del proyecto aislado a la capacidad organizacional

Seis de cada diez empresas ya reconocen algún nivel de relevancia a la innovación en talento. La verdadera brecha aparece entre las que lanzan iniciativas sueltas, sin métricas claras ni continuidad, y las que logran que la innovación se vuelva parte de su forma de funcionar.

Por eso, entre las prioridades que marcarán la agenda de innovación en talento, presentadas en el marco de los Adecco Innovation Awards 2026, aparecen dos que van directo a este punto: convertir la innovación en una práctica organizacional, y no en una suma de proyectos aislados, y medir su impacto vinculando la gestión de personas con resultados medibles del negocio.

LEER  Le dijeron que era imposible: así se construyó la IA con la que un economista improvisa música en vivo

“Una iniciativa sin un objetivo medible es solo una buena intención. Hay que definir desde el principio qué se quiere mejorar: si son tiempos, costos, la experiencia de las personas o la del cliente. Recién ahí la innovación deja de ser un discurso y empieza a mostrar resultados”, agrega Cantisani.

La innovación comienza así a dejar de ser una lista de proyectos para convertirse en una forma de trabajar: detectar oportunidades, decidir, implementar cambios y sostenerlos en el tiempo.