ESPECIALISTAS DE CENTRO HIRSCH ADVIERTEN QUE MUCHAS SITUACIONES DE ABUSO NO IMPLICAN VIOLENCIA FÍSICA, SINO LA PÉRDIDA DE AUTONOMÍA, DECISIONES TOMADAS SIN CONSULTA O PRÁCTICAS COTIDIANAS QUE AFECTAN LA DIGNIDAD Y LOS DERECHOS DE LAS PERSONAS MAYORES
Cada 15 de junio se conmemora el Día Mundial de Toma de Conciencia sobre el Abuso y Maltrato en la Vejez, una fecha impulsada por las Naciones Unidas para visibilizar una problemática que afecta a millones de personas mayores en todo el mundo y que muchas veces permanece oculta.
Las cifras reflejan la magnitud del problema. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), una de cada seis personas mayores de 60 años sufrió algún tipo de abuso en entornos comunitarios durante el último año. Además, en instituciones de cuidado de larga estadía, dos de cada tres trabajadores reconocieron haber incurrido en alguna forma de maltrato hacia personas mayores.
Sin embargo, los especialistas advierten que gran parte de estas situaciones no se manifiestan mediante agresiones físicas, sino a través de prácticas cotidianas que suelen pasar inadvertidas. Tomar decisiones sin consultar a la persona, infantilizarlas, ignorar sus preferencias, restringir su participación en actividades o no respetar sus tiempos y deseos son algunas de las formas más frecuentes de vulneración de derechos.
“El maltrato no siempre es intencional. Muchas veces aparece en acciones cotidianas que se encuentran naturalizadas y que terminan afectando la dignidad y la autonomía de las personas mayores. Decidir por ellas, hablarles como si fueran niños o excluirlas de decisiones que afectan su vida son ejemplos concretos de situaciones que debemos revisar como sociedad”, explica Gabriela Puerta, Licenciada en Trabajo Social, de Centro Hirsch.
Los especialistas señalan que existen factores que pueden aumentar la vulnerabilidad frente al maltrato, entre ellos el aislamiento social, la dependencia física, el deterioro cognitivo, la presencia de trastornos conductuales, la falta de redes de apoyo y la dependencia económica. A su vez, situaciones de estrés, agotamiento o sobrecarga de familiares y cuidadores pueden favorecer la aparición de conductas inadecuadas cuando no cuentan con herramientas ni acompañamiento suficiente.
Uno de los aspectos que más preocupa a los profesionales es el uso inadecuado de las llamadas sujeciones físicas o químicas. Aunque durante muchos años fueron utilizadas con el objetivo de prevenir caídas o controlar determinadas conductas, hoy se sabe que estas medidas pueden tener consecuencias negativas sobre la salud física y emocional de las personas mayores.
Las sujeciones pueden generar mayor agitación, pérdida de autonomía, deterioro funcional, inestabilidad e incluso aumentar el riesgo de caídas y otras complicaciones. Por este motivo, los modelos de atención actuales promueven alternativas que priorizan la seguridad sin restringir innecesariamente la libertad de movimiento de las personas.
“La prevención del maltrato comienza con un cambio de mirada. Necesitamos reconocer a las personas mayores como sujetos de derecho, con capacidad de decidir, participar y continuar construyendo proyectos de vida. Promover su protagonismo y escuchar activamente sus deseos son acciones fundamentales para garantizar el buen trato”, señala Carolina Díaz, directora médica de Centro Hirsch.
Desde la institución destacan que el buen trato implica respetar la individualidad, los tiempos, las preferencias y la historia de vida de cada persona. En este sentido, los modelos de atención centrados en la persona buscan fortalecer la autonomía, favorecer la participación en las decisiones cotidianas y promover una mejor calidad de vida.
En el marco de esta fecha, Centro Hirsch invita a reflexionar sobre las formas en que familias, cuidadores, instituciones y la comunidad en general se relacionan con las personas mayores, promoviendo una cultura basada en el respeto, la escucha activa y la defensa de sus derechos.







