Día Internacional de la Juventud: ¿qué significa sentirse joven después de los 60?

CADA 12 DE AGOSTO SE CELEBRA EL DÍA INTERNACIONAL DE LA JUVENTUD, UNA FECHA PROMOVIDA POR LAS NACIONES UNIDAS PARA RECONOCER EL PAPEL DE LAS PERSONAS JÓVENES Y PONER EN AGENDA LOS DESAFÍOS Y OPORTUNIDADES QUE ATRAVIESAN. DE ACUERDO CON LA DEFINICIÓN UTILIZADA POR LA ONU PARA SUS ESTADÍSTICAS GLOBALES, LA JUVENTUD COMPRENDE EL PERÍODO ENTRE LOS 15 Y LOS 24 AÑOS. PERO ¿QUÉ SUCEDE CUANDO DEJA DE PENSARSE ÚNICAMENTE COMO UNA ETAPA DE LA VIDA Y SE LA MIRA TAMBIÉN DESDE LA MANERA EN QUE CADA UNO SE VINCULA CON SUS DESEOS, PROYECTOS Y DECISIONES?

Desde la gerontología, esta perspectiva permite preguntarse qué significa sentirse joven después de los 60. “Los profesionales del área solemos pensar la palabra juventud como una actitud frente a la vida”, explica Graciela Spinelli, Lic. en Gerontología del Centro Los Pinos, quien señala que, más allá de las edades, pueden observarse “jóvenes/viejos y viejos/jóvenes”, en función de cómo cada uno enfrenta su vida y sus actividades cotidianas.

Más allá de la edad cronológica

Incluso la propia palabra “juventud” abre la puerta a una reflexión. Proviene del latín iuventus, derivado de iuvenis (“joven”), raíz de términos como “juvenil” o “rejuvenecer”. Para Spinelli, pensar en este último concepto permite hablar de un proceso elegido de manera consciente: “rejuvenecer implica volver a un estado de juventud de manera renovada, con conciencia de ello”.

Así, quien ya transitó la juventud puede proponerse rejuvenecer a través de determinadas actividades y decisiones, con un propósito. La idea cobra especial relevancia frente a una sociedad en la que las etapas de la vida están cambiando: las edades se corren y ya no resulta sencillo establecer un corte marcado entre juventud, adultez y vejez.

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Cuando los 60 abren una nueva etapa

A los 60 años, todavía hay mucho por dar, aprender y hacer. “Hoy una persona de 60 años se siente joven para abandonar su vida laboral, para dejar su lugar de trabajo, siente que aún tiene mucho para dar, y además ganas de aprender o de realizar actividades postergadas, de comenzar a disfrutar una nueva etapa despojada de responsabilidades”, señala la especialista.

Sin embargo, la sociedad muchas veces impone a determinada edad el retiro de algunas actividades, como sucede con la vida laboral. “En algunos casos es una imposición que no contempla el deseo de la persona y se ve obligada a pasar a la extinguida clase pasiva”.

La expresión resulta cada vez menos representativa de la realidad. Hoy, la vejez puede ser una de las etapas de mayor movimiento y actividad, tanto en lo físico como en lo mental y social. Puede ser, incluso, el momento para hacer todo aquello que antes no fue posible.

Si se tiene en cuenta que por primera vez en la historia de la humanidad habrá más mayores de 60 años que menores de 15 y que, además, después de jubilarse se tienen por delante, en promedio, 20 o 30 años más de vida, surge una pregunta inevitable: ¿qué hará con ellos? Es aquí donde rejuvenecer es una opción posible y cada vez más elegida.

Dos etapas con más similitudes de las que parecen

La juventud y los primeros momentos de la vejez pueden compartir mucho más de lo que habitualmente se piensa. Ambas son etapas atravesadas por cambios, momentos de tomar decisiones y elecciones sobre “hacia dónde quiero ir”. También implican evaluar intereses, hacer nuevos vínculos y planificar los próximos años.

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“Es un momento de desafíos y de una gran cuota de incertidumbre”, explica la gerontóloga, quien considera que reconocer estas similitudes podría favorecer un mayor intercambio entre generaciones. En este sentido, el vínculo intergeneracional puede convertirse en una oportunidad para compartir experiencias, preguntas y aprendizajes.

Tomar decisiones no es sencillo en ninguna etapa de la vida. Decidir implica asumir riesgos, animarse a caminar nuevos senderos y abrirse a nuevas relaciones. En definitiva, supone ejercer la autonomía moral, entendida como ese derecho a decidir sobre la propia vida.

En ese punto, las preguntas que atraviesan a jóvenes y mayores pueden encontrarse. Para los primeros, puede ser necesario hacer un viaje hacia el interior para preguntarse “¿qué es lo que realmente quiero yo?”. Y esa misma pregunta vuelve a aparecer al entrar en la vejez, especialmente al momento de sortear prejuicios, romper mandatos y animarse a ser libre de decidir.

Una edad que no se mide en números

Sentirse joven, entonces, no implica negar el paso del tiempo, sino vivirlo desde un lugar diferente. Tal como señala el poema de José Saramago, ¿Qué cuántos años tengo?: “¡Tengo la edad que quiero y siento!”. En definitiva, este Día Internacional de la Juventud puede ser también una oportunidad para ampliar la conversación y preguntarse si la juventud tiene realmente una edad determinada o si, en parte, es una forma de transitar la vida que puede acompañar a la persona a cualquier edad.