El 85% de los turistas prefiere prácticas sustentables y más de 200 hoteles en la región están preparados para recibirlos

EN UN MOMENTO DONDE ABUNDAN LAS ETIQUETAS “ECO-FRIENDLY”, EL SECTOR HOTELERO OFRECE PROPUESTAS DE TRIPLE IMPACTO: AMBIENTAL, SOCIAL Y ECONÓMICO. EL CONCEPTO TRADICIONAL DE ECOTURISMO, ASOCIADO A DESTINOS DE NATURALEZA, MUTÓ HACIA UNA DEMANDA TRANSVERSAL DE TURISMO RESPONSABLE QUE ABARCA DESDE HOTELES BOUTIQUE URBANOS HASTA GRANDES CADENAS DE LUJO Y COMPLEJOS CORPORATIVOS.

Actualmente, más de 200 alojamientos cuentan con la certificación Hoteles más Verdes en Argentina, Uruguay y Paraguay, entre otros sellos y certificaciones de sustentabilidad. En un contexto donde la línea que separa la sustentabilidad del greenwashing es muy delgada, el sector no puede considerarla como una opción de posicionamiento, debe incorporarla como una forma más eficiente de gestionar el negocio.

De acuerdo con un informe global de Booking.com sobre turismo sustentable, el 85% de los turistas afirma que prefiere viajes más sostenibles. Mientras que los jóvenes expresan intenciones más firmes en materia de sostenibilidad, las generaciones mayores dicen tener más compromiso a través de acciones y comportamientos concretos.

¿Cómo se preparan los hospedajes para recibirlos? La verdadera sustentabilidad hotelera comienza cuando el establecimiento deja de actuar como una isla y se convierte en un actor social clave con su entorno. Sobre este punto, Daniela Finocchiaro, Gerente de Sustentabilidad de la Asociación de Hoteles de Turismo de la República Argentina (AHT), organizadora de Hotelga 2026, sostiene: “Un hotel contrata personas de la comunidad, compra alimentos y servicios, recibe proveedores, interactúa con instituciones y organizaciones y, en muchos destinos, es uno de los actores económicos más relevantes. Por eso, la sustentabilidad también implica preguntarse qué genera la actividad y qué vínculos construye con su comunidad”.

Bajo estas premisas se seleccionaron a los finalistas del Concurso de Hotelería Sustentable, que integran prácticas sostenibles dentro de su gestión. La Gran Final del Concurso será en Hotelga 2026. Por Argentina, el finalista es Hilton Buenos Aires, que cuenta con prácticas medibles de triple impacto, que son parte del día a día del equipo de trabajo. Junto con la Fundación Cultura del Trabajo, formaron a más de 60 mujeres en plomería y electricidad, lo que facilitó su inserción laboral en oficios históricamente masculinizados. Además, a partir de iniciativas de economía circular junto a cooperativas, fortaleció la correcta separación de residuos. Esto se tradujo en una reducción del 60% de los desechos que se envían a deposición final.

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Por su parte, el finalista de Uruguay, Aguasol Hotel Termal, genera energía con 180 paneles solares, no agrega productos químicos al agua termal y la aprovecha para riego, enfriándola antes de devolverla al río; mitiga la huella de carbono plantando árboles nativos y recicla y composta sus residuos. En cuanto al aspecto social, una de las acciones que lleva adelante es el trabajo junto a la ONG Aldeas Infantiles SOS: los niños que residen en Aldeas, realizan videos de divulgación junto a un educador sobre temas de sustentabilidad. Por el futuro de esos mismos niños, el hotel firmó un convenio para que al cumplir 18 años puedan tener su primera experiencia laboral en hotelería.

El desafío de integrar prácticas visibles e invisibles
Las expectativas de los huéspedes plantean un desafío para los hoteleros. Valoran una propuesta gastronómica basada en productos locales porque representa una experiencia tangible, pero exigen que detrás de ese plato exista un compromiso real que incluya compras responsables, eficiencia energética, gestión de residuos y condiciones laborales justas para el personal.

“El desafío para la hotelería es justamente integrar ambas dimensiones: que lo que el huésped ve y disfruta sea la expresión de una gestión sustentable. La sustentabilidad no debería definir un tipo particular de hotel o de viaje, sino una manera de gestionar cualquier actividad turística”, detalla Finocchiaro.

Siguiendo estas tendencias, el finalista del Concurso por Chile, Mandarin Oriental Santiago, señala que el 80% de los eventos corporativos que reciben solicita previamente certificaciones de sustentabilidad y reportes de huella de carbono para elegirlos como sede. Para brindar esta información, utilizan la plataforma Greenview, que les permitió medir y constatar una reducción del 26% de su huella de carbono y un 20,4% en el consumo de agua en los últimos 7 meses comparado con el mismo periodo del año pasado. Además, el 100% de la energía que utilizan proviene de fuentes renovables no convencionales, y lograron eliminar los plásticos de un solo uso. “En el hotel la sustentabilidad también se vive promoviendo el patrimonio cultural y su cuidado con los huéspedes; contamos con una política seria de responsabilidad social empresarial, manejo de residuos y su reciclaje. Además, brindamos apoyo a los productores locales y artesanos, y capacitaciones a colegas y colaboradores”, señalaron
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En tanto, el finalista de Paraguay, Divina Tower Hotel implementa domótica e inteligencia artificial (IA) para automatizar servicios y permitir el apagado remoto de climatización e iluminación tras el check-out. Cuentan con dispositivos de medición conectados a la caja principal eléctrica para cruzar el consumo exacto en kilovatios con la facturación de la administración pública de electricidad.

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“Estos casos sirven de ejemplo del buen uso de la tecnología, que no reemplaza la gestión, sino que es una herramienta para mejorar la toma de decisiones. Cuando un hotel puede conocer en tiempo real o con mayor frecuencia cuánto consume, detectar desvíos y comparar períodos, la conversación deja de ser solamente ambiental y pasa a ser también económica”, explica Finocchiaro.

Si bien la capacidad operativa suele ser una de las barreras de los hoteles, las certificaciones como es el caso de Hoteles más Verdes pueden servir de puente entre la intención y la gestión. Estos permiten ordenar procesos, establecer responsables, documentar procedimientos, definir indicadores, medir consumos e impactos y establecer objetivos de mejora. Tener buenas prácticas aisladas es positivo, pero no necesariamente significa que contar con una política de sustentabilidad.