ESPECIALISTAS DEL CENTRO LOS PINOS EXPLICAN CUÁNDO UN OLVIDO PUEDE SER UNA SEÑAL DE ALERTA, QUÉ CAMBIA DESPUÉS DE UN DIAGNÓSTICO Y CÓMO PRESERVAR LA AUTONOMÍA, LOS VÍNCULOS Y LA IDENTIDAD DE LAS PERSONAS CON DETERIORO COGNITIVO.
Cada 21 de septiembre se conmemora el Día Mundial del Alzheimer, una fecha que busca generar conciencia sobre esta enfermedad y sobre el impacto que las demencias tienen no solo en quienes las atraviesan, sino también en sus familias y redes de apoyo.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de 57 millones de personas viven con demencia en el mundo y cada año se registran casi 10 millones de nuevos casos. El Alzheimer es la forma más común de demencia y representa entre el 60% y el 70% de los casos. La OMS también señala que la demencia no es una consecuencia inevitable del envejecimiento.
En este contexto, desde el Centro Los Pinos proponen poner el foco no solamente en detectar los primeros signos, sino también en saber qué hacer cuando aparecen, cómo acompañar a la persona y de qué manera sostener su autonomía, sus vínculos y su identidad a lo largo del proceso.
No todo olvido es una señal de alarma
Durante el envejecimiento se producen modificaciones en las capacidades cognitivas que son naturales y esperables. La Lic. en Psicología Carolina Alejo (MP 190.291) explica que pueden aparecer olvidos “benignos”, como necesitar más tiempo para recordar un nombre, tener una palabra “en la punta de la lengua” u olvidar ocasionalmente dónde se guardó un objeto.
La diferencia está en el impacto que tienen en la vida cotidiana. “Este tipo de olvidos no van a afectar la capacidad de las personas para desenvolverse de forma independiente y autónoma en su vida cotidiana”, señala la especialista del Centro Los Pinos. En cambio, recomienda consultar cuando una persona se pierde repetidamente en lugares conocidos, tiene dificultades para manejar dinero, utilizar el transporte público o cocinar, u olvida conversaciones.
Hay que tener en cuenta que la persona no suele tener un registro consciente de estas dificultades (lo que también es consecuencia del deterioro cognitivo). En muchos casos, son los allegados quienes primero registran estos cambios.
Ante una sospecha de deterioro cognitivo, Alejo destaca la importancia de una evaluación integral e interdisciplinaria, que incluya estudios clínicos, evaluación neurológica y neuropsicológica y valoración funcional. “El diagnóstico temprano es fundamental para poner en marcha estrategias que contribuyan a enlentecer el avance del deterioro cognitivo, aprovechando las capacidades que aún conserva la persona para que pueda mantener el mayor tiempo posible su independencia y autonomía; brindar orientación y guía tanto a la persona como a sus familiares y/o red de apoyo y, especialmente, poder planificar un acompañamiento en función de los deseos y necesidades de la persona mientras aún puede tomar decisiones sobre su propia vida. “
El diagnóstico no cambia quién es la persona
Después de un diagnóstico, la primera reacción de muchas familias puede ser el miedo o la incertidumbre. Para la Lic. en Gerontología Graciela Spinelli (MP 271294), lo primero es mantener la calma y buscar información de buena fuente, teniendo en cuenta que cada caso es único y que una misma patología puede desarrollarse de distintas formas y tiempos.
Acompañar implica también observar qué tareas de la vida diaria presentan mayores dificultades y ofrecer apoyos concretos, pero sin reemplazar aquello que la persona todavía puede hacer. “Una persona mayor con enfermedad de Alzheimer no debe cambiar su rol en la estructura familiar: es papá, mamá o abuelo atravesando el proceso de una enfermedad pero no pasan a ser hijos”.
En la misma línea, la Lic. en Psicología Érika Robertone (MP 190.705), también del Centro Los Pinos, plantea que acompañar el deterioro cognitivo “no significa hacer todo por la persona, sino encontrar nuevas maneras de que pueda seguir participando, eligiendo, vinculándose y siendo reconocida en su historia.”
Corregir constantemente puede generar frustración, vergüenza o retraimiento; hacer por la persona aquello que todavía puede realizar puede favorecer una dependencia mayor; e insistir para que recuerde puede convertir el encuentro en una evaluación de sus capacidades. Por eso propone preguntarse: “¿qué puede seguir haciendo?, ¿qué puede elegir?, ¿cómo puede seguir participando?”.
Cuando las palabras fallan, el vínculo permanece
El deterioro cognitivo puede modificar la manera de comunicarse, pero no elimina la necesidad de expresarse ni de encontrarse con otros.
“Quizás no puede llamarnos o decirnos quiénes somos, pero sí sabe que soy importante para ella”, explica Spinelli. Una sonrisa, una mirada o un gesto que brinde confianza pueden ser formas de comunicación aun cuando las palabras ya no alcancen.
Robertone agrega que “cuando las palabras empiezan a fallar, la comunicación no desaparece, puede cambiar de forma. Una canción conocida, una broma compartida o una rutina cotidiana pueden convertirse en formas importantes de comunicación y brindar familiaridad y seguridad. Cuando las palabras cambian, seguimos teniendo mucho para decirnos”, resume.
La internación: una decisión que requiere evaluar cada situación
La decisión de ingresar a una institución especializada no debería estar determinada únicamente por el diagnóstico. Para Spinelli, es necesario considerar la situación de quienes cuidan. El agotamiento de los familiares es un aspecto central y muchas veces ocurre “en silencio y de manera invisible”. Por eso, recomienda realizar un análisis situacional y pedir asesoramiento profesional antes de tomar una decisión.
Robertone coincide en que no existe una respuesta única ni un momento determinado por el diagnóstico: la decisión debe construirse a partir de las necesidades de la persona, los apoyos disponibles y las posibilidades reales de sostener el cuidado.
En definitiva, acompañar a una persona con Alzheimer implica mirar más allá del diagnóstico y de aquello que se pierde. Como plantea Robertone: “La pregunta no debería ser solamente ¿puede seguir viviendo en su casa?, sino ¿qué necesita para vivir de la manera más segura, digna y significativa posible?”





