EN ARGENTINA, LAS DESIGUALDADES EN EL MERCADO LABORAL COMIENZAN TEMPRANO. SEGÚN DATOS DE LA ORGANIZACIÓN INTERNACIONAL DEL TRABAJO (OIT), EXISTE UNA DIFERENCIA DE MÁS DE 20 PUNTOS PORCENTUALES EN LA TASA DE PARTICIPACIÓN LABORAL ENTRE VARONES (75%) Y MUJERES (53%). A SU VEZ, LAS MUJERES JÓVENES PRESENTAN MAYORES NIVELES DE INFORMALIDAD Y UNA CONCENTRACIÓN MÁS ALTA EN SECTORES DE MENOR REMUNERACIÓN.
Especialistas en empleo y género describen parte de esta dinámica bajo el concepto de “pisos pegajosos”: condiciones que mantienen a muchas mujeres en trabajos informales o de baja calidad desde el inicio de su trayectoria laboral, dificultando su movilidad posterior.
El primer empleo aparece, en este contexto, como un punto crítico. Cuando el ingreso al mercado laboral se produce sin registro, sin cobertura de salud ni aportes previsionales, las posibilidades de estabilidad y desarrollo tienden a reducirse en el mediano plazo.
Frente a este escenario, distintas iniciativas buscan intervenir en la transición hacia el empleo formal. La Fundación EMPUJAR —Empresas Unidas para Jóvenes de Argentina— articula desde 2013 con más de 600 empresas para facilitar inserciones laborales registradas de jóvenes de entre 18 y 24 años provenientes de contextos vulnerables. Su modelo combina formación en habilidades para el trabajo, intermediación con el sector privado y acompañamiento durante el primer año de empleo, con el objetivo de sostener la continuidad laboral.
Según datos de la Fundación, el acceso temprano a un empleo formal incrementa las posibilidades de permanencia y construcción de experiencia registrada, un requisito cada vez más frecuente en procesos de selección de las empresas, pero no determinantes. La historia de Nayla Coronel, de 21 años, refleja cómo ese acompañamiento puede incidir en el punto de partida de una trayectoria laboral.
Antes de acceder a su primer empleo registrado, trabajaba en una panadería de barrio de manera informal. “Fue mi primer trabajo. Era franquera: me llamaban cuando faltaba alguien y salía corriendo. Estaba a la deriva, dependía de que me llamaran. Arrancábamos a las 7 de la mañana y nos quedábamos hasta las 10 de la noche, incluso feriados y fines de semana”, recuerda.
La inestabilidad impactaba también en su formación profesional. Estudia Bioingeniería en la Universidad Nacional Arturo Jauretche y, mientras enviaba currículums, enfrentaba inseguridades. “Mandaba mi CV y tenía muchos nervios por no saber qué decir en una entrevista. En muchos lugares piden requisitos y conocimientos que con la secundaria no alcanzan. Las ganas siempre están, pero la situación muchas veces no ayuda”, señala.
En 2025 participó del programa “Tu Empleo”. “La Fundación EMPUJAR me formó. Antes tenía muchísimo miedo. Pienso en mi primera entrevista y me da vergüenza porque no sabía nada. Me llevo aprendizaje, pero también algo muy humano. Éramos todos jóvenes y todos teníamos el hambre de conseguir esa primera oportunidad”, afirma.
Tras la capacitación y a través de la red de la Fundación, pudo acceder a una beca de formación en KPMG y luego obtuvo una posición en KelSoft, donde hoy se desempeña como analista de e-commerce bajo modalidad home office.
El cambio, describe, fue profundo. “Ahora tengo mis tiempos. Los fines de semana puedo estar con mi familia y, además, estudiar. Te dan el espacio para capacitarte, para ir al médico si lo necesitás. Me siento valorada”.
En el marco del Día Internacional de la Mujer, el acceso al primer empleo formal vuelve a posicionarse como un eje central dentro del debate sobre igualdad de oportunidades.

