Y SI, EN PRIMER LUGAR Y PARA ENTENDER DE DONDE PROVIENEN LOS OSCARS Y SOBRE LA BASE DE EN QUE ESTÁN CONSTRUIDOS LOS PREMIOS, HAY QUE REMONTARSE A 1929 CUANDO OCURRIÓ LA PRIMERA GALA DE ENTREGAS EN UNA BREVE CENA PRIVADA CON INVITADOS EXCLUSIVOS, QUE TUVO LUGAR COMO UNA INICIATIVA DE ALGUNOS EJECUTIVOS PARA LIMPIAR LA IMAGEN DE LA INDUSTRIA EN MEDIO DE ESCÁNDALOS INTERNOS EN LAS PRODUCCIONES Y DISTRAER AL PERSONAL DE ORGANIZARSE PARA HACER EXIGENCIAS SOBRES SUS PROPIOS DERECHOS DENTRO LA FILMACIÓN DE ESTAS PELÍCULAS.
Así que, lo que comenzó siendo en definitiva una estrategia turbia de tapar todo aquello detrás del espectáculo que significan unos premios, otorgados aparentemente al mérito(Que de hecho antes de llamarse ‘Oscars’, tenían como nombre ‘Academy Award of Merit’) terminó representando con el tiempo la consolidación de una academia cuyo fin es sí, en primer lugar importante y en segundo lugar, también una forma de venderse como algo al talento mientras se permiten justificarse a sí mismos en sus narrativas, agendas, criterios, etc. La pregunta es ahora, ¿Y por qué no ?.
Veamos esto, si yo fuera Hollywood, y organizará y pagará con dinero de mi propia industria unos premios, mientras todos los demás solo están viendo y esperando a que se les vote o levantando la mano para que se le reconozca, puedo también al menos en tal sentido celebrarme y eso implica mirar más hacia las películas que yo hago. No significa que no pueda mirar también un poco a veces hacia afuera, si lo vemos desde un sentido de justicia hacia los otros, pero realmente la apertura hacia ese cine más global sería la excepción a la regla(con una razón real que explicaré más adelante) y no el común de unos premios cuya función es proyectarse desde una lógica interna y dar más peso a eso, sin duda.
Ojo, y se que quizás desde fuera podría cuestionarse no solo desde esa lógica, sino de éticamente cual es la función de que hoy existan, su relevancia e importancia, o de por qué responder como audiencia a algo que parece ajeno. Es que podríamos no darles demasiada atención, la verdad. Lo que sucede en ese caso, es que reprocharle a los Oscars de que se crean dueños del cine que no les pertenece, no funciona como queja, es un sin sentido.
Basar el argumento de que no nos importan los premios porque su relevancia se basa en perpetuar su visión del mundo como lo mejor del cine, es tan cierto como que también es cierto que fueron creados para eso y ya lo sabíamos. Así como eso si, sabemos también que el cine no solo no les pertenece sino que tampoco hacen el mejor cine, aunque decidan premiar a lo que sí creen mejor entre el cine que sí hacen, con todo derecho además.
Sin embargo, acá lo que yo más si considero inevitable e importante desde un punto de vista ético reconocer y analizar es que detrás de todo el criterio con el que se valora a una película como mejor que otra o por encima de otra, ha habido siempre detrás toda un maquinaría tan interesante y eficaz como feroz en precisamente lograr resultados para llamar la atención del mayor número de votantes posibles en la academia y que voten finalmente tu película. ¿Entonces que se premia sino es el talento en base al criterio cinematográfico? ¿Lobby? ¿Dinero? ¿Publicidad?.
Definitivamente todo esto y también al talento. No hay nadie no talentoso siendo nominado y premiado, por eso nos importan los Oscars, porque nos importa ser reconocido o ver el reconocimiento en el otro proyectados, pero claro, la competencia es injusta a veces porque se manejan campañas tan feroces, repito, de promoción que pueden terminar un valor sumando más que el talento propio o del otro.
Al final, eso es así, pero lo complicado de esto y en donde esta el problema, es que también definir lo que es talento o que es mejor en el arte, es un escenario de debate que está abierto a un espacio tan relativo donde hay mil maneras en las que un votante puede definir su criterio para ejercer el poder de ese voto. Nunca nadie va a estar complacido realmente y por eso la gente frunce el ceño y prefieren decir es que ¿saben que? no me importan los premios, los Oscars o cual sea, es que nadie es mejor que nadie. Estoy de acuerdo, aunque sea una mentira que no te importen.
Les importa aún a muchas otras audiencias en el mundo que han pedido tener mayor representación para ser parte de una cuota más internacional dentro de la academia, forzada a abrirse bajo la necesidad de poder mantenerse. Razón, lo digo ahora si, bajo ese interés, por la que miran un poco más hacia el cine de fuera en los últimos años intentando captar audiencias donde antes no era necesario buscar. Hay más, prensa especializada que dedica tiempo de trabajo periodístico al mercado del cine relacionado con la temporada de premios. Interesa a los artistas que se someten a campañas tremendas para llamar la atención de sus perfiles y aprovechan toda esa publicidad personal. Le importa también a otros países o grandes o pequeños que ven posibilidad en proyectar su cine a través del reconocimiento de películas que son enviadas año a año para competir y ser nominadas y que, con lo cual no enviarían nunca nadie ninguna película si no fuera importante aún insistir. La presencia entonces de todo este mediano pero sólido nicho muy ostentoso, que proviene a su vez de una de las industrias más multimillonarias del mundo, capaz de mantenerse así misma y de mantener la dinámica que marca cada edición con todos los recursos que eso genera, son básicamente la respuesta a porqué los premios se sostienen en el siglo que vivimos a pesar de la falta de otros números.
Importan aunque, voy con esto, tienen que admitir quienes organizan estas premiaciones, que los números de personas que acuden cada año a conectarse son menos debido a la realidad en los nuevos formatos en que se busca contenido y al tratarse de un tipo de espectáculo anticuado que está lejos de parecerse a lo que si demanda este espacio generacional del presente, por más que se hayan hecho aparentes esfuerzos en sostenerse dentro de esa nueva modernidad, no son suficientes estos esfuerzos para equipararse con el nivel de consumo masivo que los premios tenían en el pasado. Hoy los Oscars parecen ser solo para gente específica y la academia lo sabe, por eso no hace demasiados cambios realmente en su forma. Y eso está bien, creo.
Por lo tanto, el análisis entre todos estos puntos da al final para varias conclusiones y es que tanto el medio artístico como el público en general puede hacer a su vez varias cosas frente a los Oscars y su supuesta irrelevancia. Radicalizarse en el desprecio por unos premios cuyo origen y precedente no es el de precisamente responder al ‘criterio cinematográfico’ y porque es en definitiva un negocio, nos quedamos con el juicio y valoramos a las películas de la lista por lo que son más que por lo que representan en el contexto de una premiación, lo cual creo que es la forma adecuada de valorarlas, o nos quedamos con el espectáculo y lo que eso nos atrae sin más. O tal vez, ninguna de las anteriores.
De cualquier modo, los Oscars cada año vienen a ser parte de una realidad que se evidencia en el fenómeno cinematográfico que representa para quienes son parte. No es ni siquiera importante en determinar qué película es relevante más allá de la premiación, o al menos no ahora, pero dan prestigio. Porque la discusión acá no es sobre cine. Llámese cine comercial, de autor, etc. Donde sea que vivas, sin importar el país de donde venga tu película. La forma en cómo cada persona reacciona a una mención, la forma en cómo cada quien quiere ser parte, la forma en como todos quieren ser reconocidos, aunque no se admita, permiten al final una etiqueta de prestigio que es frustrante en silencio para quien no lo recibe, y celebrado en redes y agradecimientos públicos cuando sucede.
by Carlos D’Urso

