Palabras vivas

EN LA ESCENA CONTEMPORÁNEA, CIERTAS PROPUESTAS ELIGEN APARTARSE DE LA VELOCIDAD DOMINANTE PARA CONCENTRARSE EN AQUELLO QUE PERMANECE. “TRÓPICO DE VIDRIOS” SE INSCRIBE EN ESA LÍNEA Y CONSTRUYE UNA EXPERIENCIA ESCÉNICA ATRAVESADA POR LA POESÍA, LA REFLEXIÓN Y LA INTENSIDAD DE LA PALABRA DICHA EN VIVO. LA OBRA, PROTAGONIZADA POR HERNÁN SCHIFANO, CON DIRECCIÓN Y DRAMATURGIA DE MARIO MOSCOSO Y MÚSICA EN VIVO DE ELSA CECILIA GONZÁLEZ BOLIA, PROPONE UN RECORRIDO SENSIBLE POR LOS GRANDES TEMAS QUE HAN ACOMPAÑADO A LA HUMANIDAD A LO LARGO DEL TIEMPO.

La pieza reúne fragmentos de autores fundamentales de la literatura universal, entre ellos William Shakespeare, Federico García Lorca, Pedro Calderón de la Barca, Miguel de Cervantes, Antonio Machado, Miguel Hernández y Francisco de Quevedo. A través de esa selección, el espectáculo despliega un entramado de voces que dialogan entre sí y que, lejos de quedar atrapadas en su contexto de origen, encuentran resonancia en el presente. Cada texto funciona como una puerta de entrada hacia preguntas esenciales que atraviesan generaciones.

El eje central se sostiene en una inquietud que atraviesa toda la propuesta: cuánto puede sostener una persona aquello que ocurre en su interior. Esa pregunta actúa como motor dramático y también como puente entre escena y espectador. La obra propone un espacio de encuentro con emociones profundas, con conflictos internos y con esa dimensión íntima que muchas veces queda relegada en la vida cotidiana.

La construcción escénica se apoya en la potencia expresiva del cuerpo y la voz. Hernán Schifano transita cada texto con una intensidad que combina musicalidad, gesto y pensamiento. La palabra adquiere peso, ritmo y dirección, transformándose en materia viva. La interpretación se despliega con un trabajo minucioso que busca transmitir la urgencia de comunicar, de hacer visible aquello que atraviesa la experiencia humana.

La dramaturgia articula los textos clásicos en una estructura que permite recorrer distintos estados emocionales. Amor, muerte, ambición, deseo, paso del tiempo, soledad, juventud y vejez aparecen como ejes que organizan el viaje escénico. Cada uno de estos temas se presenta desde múltiples perspectivas, generando un diálogo constante entre pasado y presente. La obra construye así un territorio común en el que las preguntas antiguas encuentran nuevas formas de manifestarse.

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El trabajo de Mario Moscoso se destaca por una mirada que combina respeto por el material original con una búsqueda contemporánea. La puesta evita la rigidez y apuesta por una interpretación que acerque los textos al espectador actual. Su trayectoria en el teatro clásico y su experiencia como actor y director se reflejan en una propuesta que privilegia la profundidad sin perder dinamismo. La escena se convierte en un espacio de investigación sobre la palabra y sus posibilidades.

La música en vivo cumple un rol fundamental en la construcción del clima. El piano y el violín acompañan el recorrido dramático, aportando capas emocionales que amplifican el impacto de cada fragmento. La presencia de Elsa Cecilia González Bolia en escena genera un diálogo constante entre sonido y palabra, creando una atmósfera que envuelve al espectador y potencia la experiencia sensorial.

El universo visual se articula en torno a una estética que acompaña el tono poético de la obra. La propuesta escénica busca un equilibrio entre lo simbólico y lo concreto, generando imágenes que refuerzan el sentido de los textos. Cada elemento está pensado para sostener la centralidad de la palabra sin perder riqueza visual. La escena se presenta como un espacio de contemplación y de escucha activa.

“Trópico de Vidrios” se posiciona también como una reflexión sobre el presente. En un contexto atravesado por dinámicas de aislamiento, consumo acelerado y vínculos fragmentados, la obra recupera el valor de la poesía como herramienta de pensamiento y de conexión. La palabra se convierte en un acto de resistencia frente a la superficialidad, una forma de detener el tiempo y de volver a mirar hacia adentro.

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La experiencia propone un tipo de espectador activo, dispuesto a dejarse atravesar por las emociones y las ideas que emergen en escena. Cada función se transforma en un espacio de encuentro íntimo, en el que las palabras resuenan de manera diferente según quien las escuche. La obra abre preguntas más que ofrecer respuestas, generando un territorio de reflexión compartida.

La trayectoria de sus creadores aporta una base sólida al proyecto. Mario Moscoso, con una extensa carrera en teatro, cine y televisión, ha desarrollado un enfoque particular en el trabajo con textos clásicos. Su experiencia en escenarios nacionales e internacionales se traduce en una dirección que combina precisión técnica y sensibilidad artística. Hernán Schifano, por su parte, aporta una interpretación versátil que integra formación y experiencia en distintos lenguajes escénicos.

El resultado es una pieza que trasciende la idea de espectáculo para convertirse en una experiencia. Cada función propone una pausa, un momento de conexión con aquello que define la condición humana. La escena se vuelve un espejo que refleja emociones, tensiones y deseos, invitando a mirar con mayor profundidad.

“Trópico de Vidrios” encuentra su fuerza en la simplicidad de su propuesta y en la complejidad de los temas que aborda. La palabra, el cuerpo y la música se entrelazan para construir un espacio donde el tiempo parece expandirse. En ese cruce entre tradición y contemporaneidad, la obra ofrece una experiencia que invita a escuchar, sentir y pensar desde otro lugar.

Por Flavia Tomaello, https://flaviatomaello.blog/, Instagram @flavia.tomaello