UNA PETICIÓN CIUDADANA IMPULSADA POR FUNDACIÓN PRO TEJER A TRAVÉS DE CHANGE.ORG EXIGE LA RESTAURACIÓN INMEDIATA DE LA PROHIBICIÓN A LA IMPORTACIÓN DE ROPA USADA EN LA ARGENTINA, Y ADVIERTE SOBRE EL GRAVE IMPACTO AMBIENTAL, SANITARIO Y ECONÓMICO QUE GENERA EL INGRESO MASIVO DE ESTAS PRENDAS AL PAÍS.
La iniciativa, titulada “NO a la importación de ropa usada”, alerta que Argentina corre el riesgo de convertirse en el basurero textil del mundo, reproduciendo escenarios ya visibles en otros países de la región, como los basurales a cielo abierto del Desierto de Atacama en Chile.
La importación de ropa usada ha estado históricamente restringida en Argentina por razones de salud pública, higiene, seguridad de productos y protección de la industria nacional.
- En 2010, el Decreto 2112/2010 estableció la prohibición de importar indumentaria usada.
- En 2017, dicha restricción fue ratificada y extendida por cinco años mediante el Decreto 333/2017, vigente hasta el 12 de mayo de 2022.
- Al vencerse ese plazo, la prohibición no fue renovada, lo que habilitó nuevamente el ingreso de ropa usada al país.
Si bien durante 2022 y 2023 las importaciones se mantuvieron en niveles marginales, a partir de 2024 —y especialmente en 2025— se registró un crecimiento exponencial. En diciembre de 2024 se incorporó el requisito de certificado de desinfección como condición para importar ropa usada.
Desde la petición advierten que esta exigencia resulta claramente insuficiente, ya que:
- No controla ni detecta químicos peligrosos presentes en las prendas.
- No verifica su composición.
- No garantiza trazabilidad (origen, uso previo, condiciones de acopio y circulación).
En consecuencia, solo cubre riesgos sanitarios básicos y no aborda los impactos ambientales, comerciales ni de protección al consumidor asociados a este tipo de mercadería.
En 2025, las importaciones de ropa usada alcanzaron un récord histórico de más de 4,6 millones de kilos, lo que implica un aumento interanual superior al 19.000%. Este volumen equivale a aproximadamente 180 camiones de carga completa o entre 10 y 15 millones de prendas, muchas de ellas de baja calidad y sin vida útil real.
La mayor parte de estas prendas está compuesta por fibras sintéticas, que no pueden reciclarse, tardan décadas en degradarse y liberan microplásticos y contaminantes en suelos y cursos de agua. Argentina no cuenta con infraestructura adecuada para gestionar este volumen de residuos textiles, lo que implica basurales, contaminación persistente y altos costos ambientales a largo plazo.
Desde Fundación Pro Tejer, entidad que elaboró la petición, advirtieron: “La importación masiva de ropa usada no es una política de economía circular ni de acceso al consumo: es un mecanismo de descarte de los excedentes del fast fashion de los países desarrollados. Lo que ingresa a Argentina como ‘ropa usada’ es, en gran medida, residuo textil que el mercado local no puede absorber y que termina generando contaminación, costos públicos y pérdida de empleo. Restituir la prohibición no es una medida proteccionista, sino una decisión responsable para cuidar el ambiente, la salud de la población y una cadena productiva que genera más de 500.000 puestos de trabajo en el país”.
La ropa usada puede portar hongos, bacterias, ácaros, parásitos y residuos químicos, sin cumplir estándares sanitarios básicos, exponiendo a la población a riesgos evitables, especialmente a niños y sectores vulnerables.
La petición remarca que no se trata solo de una discusión comercial, sino de una decisión que compromete ambiente, salud y trabajo. Por este motivo, la mayoría de los países del mundo prohíben la importación de ropa usada. Argentina no debe ser el destino final de los desechos textiles del mundo.
La petición puede leerse y firmarse en change.org/NoEsRopaEsBasura

