SEGÚN ESTIMACIONES DE LA GESTORA MERRILL LYNCH, DE ACÁ A 2048 SE TRANSFERIRÁN HASTA US$100 BILLONES DESDE LOS BABY BOOMERS HACIA MILLENNIALS Y GEN Z. ESTE FENÓMENO IMPLICA ALGO MÁS QUE UN TRASPASO DE ACTIVOS: ES UN TRASPASO DE LÓGICA FINANCIERA. A MEDIDA QUE ESE CAPITAL CAMBIA DE MANOS, TAMBIÉN CAMBIAN LAS DECISIONES SOBRE CÓMO SE INVIERTE, DÓNDE SE GUARDA Y QUÉ HERRAMIENTAS SE UTILIZAN.
Mientras los Baby Boomers crecieron bajo un esquema donde el banco era el centro de la vida financiera, los centennials (Gen Z) se mueven con una lógica completamente distinta: más digital, más autónoma y menos dependiente de intermediarios.
Para los Boomers, el dinero está asociado a la seguridad, la estabilidad y la delegación. Cuentas bancarias, plazos fijos y asesoramiento tradicional forman parte de un modelo donde la confianza en instituciones es clave. En cambio, los centennials operan con una mentalidad mucho más activa: usan billeteras digitales, diversifican entre distintas plataformas y están más abiertos a explorar alternativas como criptoactivos o esquemas de autocustodia.
“Este va a ser uno de los mayores reordenamientos de capital que vamos a ver en nuestra generación. Pero lo interesante no es solo la magnitud, sino lo que representa: un cambio completo en cómo las personas se relacionan con el dinero. Los Boomers dejaban su plata en el banco y delegaban todo en instituciones tradicionales. Las nuevas generaciones buscan tener control directo, transparencia y opciones que antes no existían. Lo estamos viendo en tiempo real: en Argentina, el 31% de las compras online ya se pagan con billeteras digitales. Brasil armó toda una infraestructura nueva con Pix que dejó a los bancos tradicionales corriendo de atrás. El sistema financiero tradicional tiene que adaptarse rápido o va a perder relevancia”, señala Sebastián Siseles, CEO de Vesseo.
En esa línea, empieza a consolidarse una tendencia difícil de ignorar y es que una porción cada vez más relevante del capital migra hacia instrumentos digitales, activos que pueden moverse de forma global sin depender de la intermediación de la banca tradicional. Los datos acompañan este cambio: cerca del 60% de los usuarios de billeteras digitales a nivel mundial ya priorizan soluciones que les permitan tener control directo sobre sus fondos. Lo que hasta hace poco parecía una práctica de nicho hoy se vuelve cada vez más habitual, sobre todo en economías atravesadas por altos niveles de inflación, donde la búsqueda de autonomía y resguardo de valor gana protagonismo.
En medio de este fenómeno, el concepto de autocustodia se instala con fuerza. Si bien es probable que el mercado masivo siga usando soluciones tradicionales por comodidad y familiaridad, hay segmentos específicos donde la autocustodia ya es casi un estándar. Las apps tradicionales son simples pero no permiten que el usuario controle nada.
Impulsada por tecnologías basadas en blockchain y por la expansión de los llamados “dólares digitales”, esta lógica propone un cambio más profundo: que las personas no solo utilicen herramientas digitales, sino que recuperen el control directo sobre sus activos.
La diferencia es estructural. Mientras en los sistemas tradicionales el acceso al dinero depende de intermediarios, en esquemas de autocustodia el usuario es el único responsable de resguardar y gestionar sus fondos. Esto redefine el vínculo con el dinero, trasladando tanto el poder como la responsabilidad desde las instituciones hacia el individuo.
“Las billeteras técnicas te dan control pero son difíciles de usar y lo que se busca es que haya control real con experiencia simple. Eso requiere diseño cuidadoso en cada capa: por fuera tiene que sentirse familiar y fácil y por dentro, la arquitectura tiene que garantizar que el usuario sea el único dueño. No es fácil, por eso la mayoría elige un extremo u otro. El que logre esa combinación se queda con el segmento más valioso: gente que entiende el valor del control pero no quiere renunciar a la comodidad”, agregaron desde Vesseo.
Los segmentos que están liderando este fenómeno de adopción digital son freelancers internacionales, personas que cobran en el exterior, ahorristas que pasaron por bloqueos o corralitos. En todos los casos, lo que está cambiando es que la tecnología está madurando con barreras técnicas que de a poco están cayendo. Se trata de que sean soluciones fáciles de usar pero manteniendo el control que es el valor diferencial.
La transferencia de US$100 billones no es solo plata cambiando de manos. Es un cambio generacional sobre quién controla el dinero y cómo se usa. Lejos de ser una moda, se trata de un cambio estructural. Las herramientas que sirvan a esa nueva generación no van a ser las mismas que usaron sus padres sino que van a ser más directas, más globales y más centradas en el usuario.

