Jubilarse en Argentina: ¡Qué incertidumbre!

EL RETIRO EN ARGENTINA DEBERÍA SER EL CIERRE DIGNO DE UNA VIDA DE TRABAJO. SIN EMBARGO, PARA QUIENES ENFRENTAN EL ABISMO DEL RETIRO, YA SEA POR EDAD O POR DECISIÓN EMPRESARIAL A PARTIR DE LOS TEMPRANOS 60 AÑOS, ESTE EVENTO SE CONVIERTE EN UNA ETAPA MARCADA POR LA PREOCUPACIÓN Y LA INCERTIDUMBRE.

El sistema previsional argentino es obsoleto y está quebrado desde hace varias décadas. Ningún gobierno se ha ocupado seriamente de mejorarlo de manera sostenida.

La tasa de sustitución es muy baja si la comparamos con la de nuestros países vecinos, Chile y Uruguay. Es decir, el primer pago jubilatorio suele ser muy inferior al último salario en actividad, y la inflación, aun después del plan de estabilización del presente gobierno, erosiona rápidamente cualquier ingreso jubilatorio.

Lo que debería ser un ingreso estable y suficiente se transforma en un cálculo constante de supervivencia: ajustar gastos, mudarse a viviendas más chicas en barrios más accesibles, recurrir a los pocos ahorros en dólares o alquilar alguna propiedad, en aquellos escasos casos en que pudieron y decidieron ahorrar o invertir en ladrillos. O incluso seguir trabajando en forma independiente son soluciones alternativas frente al estructural desmanejo del sistema previsional por parte de los diferentes gobiernos y a la imprevisión o indisciplina del ahorro-inversión de los trabajadores.

En el vacío del retiro, los ex trabajadores se encuentran con muchos desafíos por delante, no solo en lo financiero ni en la degradación de los servicios de la obra social, sino también, en la mayoría de los casos, con la exclusión social producto de una cultura edadista que perfora las esperanzas de mantener el nivel de vida prejubilatorio.

LEER  Seguridad como estrategia del negocio: una respuesta inteligente ante un entorno cada vez más desafiante

Pero el retiro no es solo económico, también es identitario. Tras décadas de trabajo, muchos argentinos sienten que pierden parte de su rol social al dejar la empresa o la profesión.

En definitiva, la pregunta de fondo es si, como sociedad, gobierno, corporaciones e individuos, estamos dispuestos a ignorar el abismo del retiro o si podemos construir un sistema previsional sustentable, apoyado en sus tres pilares básicos: ingreso universal, planes corporativos de retiro y programas de inversión individual a largo plazo, que devuelvan a los próximos jubilados lo que realmente merecen: seguridad económica y calidad de vida.

La avidez fiscal ha sido tan significativa que ningún gobierno, en lo que va de este siglo, siquiera propuso exenciones fiscales para los últimos dos pilares, que son los que hacen la diferencia a la hora de saltar al retiro.

Porque jubilarse no debería ser un salto al vacío, sino el inicio de una etapa de plenitud.

Fuente: Carlos Curi, economista especializado en bienestar financiero.