LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL ESTÁ GENERANDO UNA FUERTE DIVISIÓN DENTRO DE LAS AULAS: MIENTRAS ALGUNAS INSTITUCIONES RESTRINGEN O PROHÍBEN SU USO, OTROS DOCENTES EMPIEZAN A INCORPORARLA ACTIVAMENTE EN CLASES Y EVALUACIONES.
La inteligencia artificial generativa no solo está transformando la forma en que estudian los alumnos: también está profundizando una nueva división dentro del mundo educativo. Así lo plantea el nuevo “Educator Guide: Redefining Formative Assessment in a Generative AI Era”, elaborado por Pearson, que analiza cómo reaccionan los docentes frente al avance de herramientas como ChatGPT dentro de las aulas.
Según Pearson, hoy conviven al menos cuatro perfiles distintos de educadores frente a la IA, en un contexto donde apenas el 54% de las escuelas y el 60% de las universidades cuentan con políticas formales sobre su uso.
El documento identifica cuatro grandes perfiles de educadores frente a la IA:
- Tradicionalistas: docentes completamente resistentes al uso de inteligencia artificial, que consideran que estas tecnologías representan una amenaza directa para el aprendizaje y el pensamiento crítico.
- Escépticos protectores: educadores preocupados por el impacto de la IA sobre la capacidad de razonamiento, la autonomía y el desarrollo de habilidades de los estudiantes.
- Exploradores cautelosos: docentes abiertos a experimentar con estas herramientas, aunque todavía con dudas sobre sus límites, riesgos y aplicaciones concretas.
- Innovadores proactivos: profesores que ya integran activamente IA en actividades, evaluaciones y dinámicas de clase, entendiéndola como una herramienta que puede complementar el aprendizaje y desarrollar habilidades necesarias para el futuro laboral.
“La inteligencia artificial funciona mejor en el aula cuando genera fricción y no cuando elimina el esfuerzo. Las actividades más valiosas son aquellas donde el trabajo cognitivo está en comparar, justificar, evaluar y reflexionar”, sostienen desde Pearson.
Según el informe, el principal desafío ya no pasa por decidir si la IA debe estar presente o no en educación, sino por evitar que los estudiantes deleguen completamente el proceso de pensar. El concepto central del documento es el de “learning integrity”, una idea que apunta a garantizar que los alumnos sigan desarrollando comprensión, razonamiento y pensamiento crítico aun cuando utilicen herramientas de IA.
En ese contexto, Pearson sostiene que intentar prohibir o excluir completamente estas tecnologías del aula resulta cada vez menos realista. De hecho, la guía propone distintos modelos de integración gradual de IA en evaluaciones y trabajos escolares, incluyendo esquemas donde su uso está permitido, supervisado o incluso promovido de manera explícita.
El objetivo no es reemplazar el pensamiento humano, sino proteger la autoría y expandir las posibilidades creativas. La tecnología debe funcionar como un andamiaje que acompañe el aprendizaje y no como un atajo.
La guía también plantea que las evaluaciones tradicionales —como ensayos escritos, tareas para el hogar y ejercicios repetitivos— son hoy las más vulnerables al uso automático de IA.
Frente a esto, Pearson propone avanzar hacia formatos más colaborativos, multimodales y centrados en procesos: debates, presentaciones orales, trabajos grupales, análisis críticos y ejercicios donde los estudiantes deban explicar cómo utilizaron IA y qué decisiones tomaron.
Otro de los cambios que impulsa el documento es la enseñanza explícita de habilidades vinculadas al uso responsable de IA. Entre ellas aparecen la redacción de prompts, la validación de información, la comparación de respuestas generadas por distintos modelos y la identificación de errores o “alucinaciones” de la inteligencia artificial.
El informe además advierte que la falta de políticas claras sigue siendo uno de los principales problemas dentro de las instituciones educativas. En muchos casos, los docentes deben tomar decisiones sobre IA sin lineamientos oficiales ni capacitación específica.
Para la compañía, la transformación educativa impulsada por IA recién comienza y obligará a redefinir no solo las evaluaciones, sino también el rol del docente y las habilidades que las escuelas consideran fundamentales para el futuro.
Más allá del análisis sobre el impacto de la inteligencia artificial en las aulas, Pearson ya viene incorporando estas tecnologías en sus propias soluciones de aprendizaje. La compañía desarrolla herramientas de IA para la enseñanza de inglés que permiten generar lecciones y contenidos personalizados alineados con la Global Scale of English (GSE), su estándar internacional para medir el progreso lingüístico. Estas aplicaciones fueron diseñadas bajo estrictos criterios de privacidad de datos, transparencia y uso seguro de la inteligencia artificial, con el objetivo de complementar el trabajo docente y mejorar la experiencia de aprendizaje.





