Gianfranco Pecchinenda: “‘Un tal Maradona’ es un acto de amor literario”

HACE YA ALGUNOS DÍAS QUE SU NOVELA TITULADA UN TAL MARADONA SE ENCUENTRA EN LAS LIBRERÍAS ESPAÑOLAS Y MUY PRONTO ESTARÁ EN LOS ANAQUELES LATINOAMERICANOS. SIN EMBARGO, AUNQUE EL TÍTULO HAGA EVIDENTEMENTE REFERENCIA AL CAMPEÓN ARGENTINO, YA DESDE LAS PRIMERAS LÍNEAS DE LA PRESENTACIÓN, SU OBRA NO PARECE SER SOLAMENTE UN HOMENAJE AL GRAN CAMPEÓN ARGENTINO, NI UNA CRÓNICA BIOGRÁFICA NI TAMPOCO UN ANÁLISIS PERIODÍSTICO O SOCIOLÓGICO, SINO MÁS BIEN UN AUTÉNTICO RELATO DE FICCIÓN.

— ¿Puede decirnos usted, como autor, de qué tipo de producto literario se trata?
— Más que un homenaje, lo definiría, al menos en mis intenciones, como un verdadero acto de amor. Un acto de amor, ante todo, literario. Evidentemente, no se trata de una historia que aspire a la verdad, sino a la verosimilitud. Quise intentar contar una historia que pudiera hacer plausible una versión de la existencia de Maradona en la que yo, mi yo más profundo, el que escribe, quiere creer.

— ¿Es decir, si entiendo bien la trama, ¿usted cree, o por lo menos su hipótesis literaria es que realmente existieron dos Maradona? O sea, ¿dos personas que llevaban el mismo nombre y que intercambiaban sus roles según la situación en la que se encontraban? ¿Es decir que Maradona, en realidad, no fue uno solo, sino que existió realmente un doble?

— Bueno, una de las cosas para las que tal vez sirve la literatura es para poner en discusión los criterios de realidad que generalmente damos por sentados. Proponer realidades alternativas, “jugar” con la realidad, es la oportunidad más extraordinaria que nos permiten las artes. Dicho esto, podría ser verosímil que la muerte de la que nos informaron los medios hace algunos años fuera, en realidad, una fake news. También podría ser verosímil que “el muerto”, aquel a quien le hicieron el funeral, fuera otro, un impostor. Una persona que se hacía pasar por Maradona. Al fin y al cabo, como decía antes, la literatura es como un “juego”, y ¿quién mejor que Maradona podía encarnar el papel de protagonista en el juego de un relato sobre la mímesis, el engaño y el sentimiento de impostura…?

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— Sin embargo, después de leer su libro, permanece una cierta sensación de inquietud. Una duda irresuelta sobre quién es verdaderamente Maradona y quién, entre los otros protagonistas de la historia (Ricardo Montero u Omar Amalfitano), es el verdadero doble o impostor.

— De una sola cosa podemos estar seguros, aparte de mi relato: Maradona es un héroe y las narraciones de sus hazañas pueden entrar plenamente en la categoría del mito. En cuanto a la “duda” a la que usted se refiere, podríamos decir que concierne a la vida cotidiana de quien era identificado con el jugador. Pero ¿estamos seguros de que se trataba de la misma persona? ¿Estamos realmente seguros de que el individuo que jugaba al fútbol de manera tan maravillosa era el mismo que, por las noches, según las crónicas de la época, frecuentaba prostitutas y delincuentes, atiborrado de alcohol y drogas?

— Al parecer sí…

— Ese es justamente el punto central desde el que empecé a imaginar mi relato: yo, personalmente, no puedo estar completamente seguro. Nunca conocí a “tal” Maradona (al fin y al cabo, nuestro sentido de la realidad siempre parte de nuestras interacciones directas). Sí vi al Maradona que jugaba en las canchas de fútbol, eso es seguro. Sobre la existencia real de ese futbolista, ni yo ni nadie puede tener dudas.

Pero, en cuanto a todo lo demás, como decía, yo (como la inmensa mayoría de las personas) conozco y he conocido a Maradona solo a través de las historias que alguien me contó sobre él. Se trata de relatos basados en informaciones en las que debo “confiar”, pero que perfectamente podrían resultar “poco fiables” porque fueron manipuladas, cuando no completamente inventadas.

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Si lo pensamos bien, sobre todo desde el día de su presunta muerte, a lo largo de estos últimos años, se lo ha “visto” un poco por todas partes a través de los medios. Justamente en estos días estoy siguiendo la enésima e irreverente serie de televisión dedicada a su vida; además están los documentales, los reportajes periodísticos, los escándalos sentimentales, eróticos, judiciales y deportivos que nos vuelven a proponer continuamente.

También por eso quise proponer una historia que, como decía antes, pudiera hacer verosímil “otra” versión relativa a su existencia; no la mitológico-futbolística (sagrada e intocable), sino la relacionada con el “otro”.

Una versión que, además, permite imaginar que nuestro Maradona, el verdadero, el que más amamos, siga todavía vivo en la realidad, aquí entre nosotros. La muerte, al fin y al cabo, no toca a los héroes, sino solo a los “otros”, aquellos que, como “nosotros”, son simplemente mortales.

— Los impostores, precisamente…

— Cualquiera, tarde o temprano, se encuentra en la condición del “impostor”, es decir, de aquel que no se siente completamente cómodo en la posición o en el papel que está obligado a interpretar. Cada uno de nosotros ha vivido, al menos por algún momento, la experiencia de sentirse desenfocado, en esa distancia entre la propia autopercepción y la que nos devuelven los demás, lo que nos provoca una extraña sensación de inadecuación, como si estuviéramos en un lugar que no nos corresponde, el lugar de un “otro”.

Les sucede a los empleados bancarios, así como a los profesores, a los estudiantes, a los maridos, a las esposas, a los hijos, a los suegros… a los políticos. Y sucede sobre todo a los niños o a los “futbolistas de domingo”, aquellos que van a jugar con amigos, por pura diversión, vistiendo la camiseta de su ídolo.

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Así como les sucede a todos aquellos que, en la vida cotidiana, se esfuerzan por identificarse con una figura ejemplar para ellos, con un modelo, con un ídolo, colocándose por unos momentos al margen de la realidad cotidiana, desafiando y “jugando” con el sentido común de las cosas.

— Así como les sucede también a los escritores y a algunos de sus personajes, como en el caso de Ricardo Montero o de Omar Amalfitano en su libro.

— Sí, exactamente. Todos potenciales “impostores” que han vivido la experiencia de enriquecer sus grises existencias identificándose, aunque sea por unos breves momentos, con las hazañas de su héroe, participando en las historias de su mito, compartiendo la existencia de su Maradona.

Y bien, sobre todo los napolitanos y los argentinos de mi generación pueden comprender perfectamente, más allá de cualquier posible versión sobre el personaje de Maradona, qué significa compartir la experiencia de pertenecer a esa extravagante y muy literaria comunidad de los maradonianos.

SEMBLANZA
Gianfranco Pecchinenda
es un escritor y ensayista, (Italia/Venezuela), profesor de Sociología y Neurociencias Sociales en la Universidad Federico II de Nápoles.

Su obra literaria, que dialoga con la tradición de Pirandello y Unamuno, aborda temas como la identidad, el doble, la autoficción y la transformación de la conciencia en la era digital. Entre sus títulos más destacados se encuentran ‘Ser Ricardo Montero’, ‘La Pampa vertical’, ‘Kafka, Kafta’ y ‘El perfil de los otros’.

Pecchinenda ha publicado novelas y cuentos en español e italiano, con traducciones al francés, inglés y portugués. Su estilo literario se caracteriza por la autoficción y la exploración de la identidad, lo que lo convierte en un autor único y relevante en la literatura contemporánea.

UN TAL MARADONA
Autor: Gianfranco Pecchinenda. Páginas: 118. Sello editorial: Carola Mía Ediciones. Género: Ficción contemporánea. Publicación: abril de 2026