En la antesala del Mundial, la radiografía socioeconómica de los clubes

EN LA PREVIA DEL MUNDIAL, LOS CLUBES DE BARRIO, CUNA DE GRAN PARTE DE LOS JUGADORES QUE LLEGAN A LA SELECCIÓN, ESTÁN ENFRENTANDO UN ESCENARIO ECONÓMICO ADVERSO. ENTRE CUOTAS DIFÍCILES DE SOSTENER, ESTRUCTURAS PRECARIAS Y LA NECESIDAD DE MODERNIZAR SU GESTIÓN, ESTAS INSTITUCIONES CLAVE PARA EL TEJIDO SOCIAL BUSCAN SOBREVIVIR SIN PERDER SU ROL FORMADOR.

De las canchas de tierra y los vestuarios modestos de los clubes de barrio surgieron muchos de los futbolistas que hoy brillan en la Selección Nacional. Sin embargo, mientras el foco mundial se posa sobre la élite, esas mismas instituciones que funcionan como semillero atraviesan una realidad compleja: ingresos inestables, aumento de costos y familias que ya no siempre pueden afrontar la cuota.

En ese contexto, sostener la actividad diaria se vuelve cada vez más difícil, incluso para aquellos espacios que históricamente fueron el primer paso en la carrera de los campeones.

Según estimaciones del Observatorio del Deporte Metropolitano (UMET), en el AMBA existen más de 3.100 clubes, de los cuales el 68,2% no está afiliado a ninguna federación deportiva.

Esto implica que casi siete de cada diez funcionan por fuera del sistema formal: no compiten en ligas oficiales, no reciben acompañamiento técnico ni forman parte de una planificación deportiva estructurada. En muchos casos, tampoco están plenamente registrados ante el Estado.

Esta falta de integración tiene consecuencias directas. Sin información clara ni formalización, a los clubes se les dificulta regularizar su personería jurídica, acceder a herramientas financieras básicas o incluso sostener el pago de servicios.

En este contexto, el principal problema no es la falta de socios, sino la incapacidad de cobrar de manera eficiente. Durante años, muchos clubes dependieron del cobrador puerta a puerta o de pagos manuales en secretaría, un esquema que hoy quedó desfasado frente a una sociedad que ya opera de forma digital.

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Mientras Argentina lidera la adopción de pagos electrónicos en la región, gran parte de estas organizaciones sigue sin herramientas de gestión ni canales de cobro acordes a ese cambio.

Los datos son contundentes: según el Banco Central, las extracciones por cajero bajaron 43,5% interanual, mientras que las transferencias inmediatas crecieron más del 24% y los pagos con QR 44%. Esto significa que 3 de cada 4 transferencias involucran billeteras virtuales y el 60% de los argentinos prefiere pagar digitalmente.

Cuando un club solo acepta efectivo o transferencias manuales, puede perder entre un 30% y un 50% de sus oportunidades de cobro y cuantas más fricciones enfrenta el socio para pagar, mayores son las chances de que postergue o abandone.

“Durante 2025, el 65% de los pagos hechos  a nuestros clientes, se ejecutaron desde billeteras digitales, lo que evidencia que las personas reemplazaron el efectivo por dinero en cuenta y eso permitió aumentar la recaudación en las organizaciones que utilizan nuestro sistema”, señalan desde la plataforma CuotaQ.

El impacto de contar con medios de pago obsoletos se traduce en una morosidad elevada —en algunos casos cercana al 45%— y en una administración que no logra proyectar.

A esto se suma otro dato crítico: cerca del 90% de las organizaciones sin fines de lucro, como los clubes de barrio, no están digitalizadas y solo una de cada tres cuenta con una estrategia en ese sentido, lo que complica incluso la posibilidad de revalidar su inscripción.

“La mayoría de los clubes no cuentan con sistemas eficientes de organización de sus socios. La falta de financiación y eficiencia en la gestión es consecuencia directa de sistemas de cobro tradicionales que son obsoletos. Además, se trata de un sector un poco olvidado, porque al ser sin fines de lucro todos suponen que ahí no hay dinero”, explicó Danilo Luján.

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Casos como el de Sacachispas Fútbol Club reflejan esta fragilidad. Las cuotas suelen ser simbólicas y no alcanzan para cubrir los gastos, pero aumentarlas implica el riesgo de perder socios en un contexto donde a muchas familias ya les cuesta sostener el pago mensual. Los clubes cumplen un rol social irremplazable pero sostener ese rol es cada vez más difícil.

Las entidades barriales cobran una cuota “simbólica” que no alcanza para solventar los gastos que deben afrontar mes a mes. A su vez, deben mantener un precio bajo para no perder masa societaria. El panorama es complejo por donde se lo mire.

Un relevamiento realizado en 2025 por el Observatorio del Deporte de la Universidad Nacional de Rosario, que analizó la realidad de 30 clubes de distintos barrios y tamaños. señala que el 52% de los clubes relevados sostuvo su funcionamiento principalmente con la cuota societaria, que representó al menos la mitad de sus ingresos.

Sin embargo, desde la Red de Clubes de Rosario aseguran que  actualmente, a las familias se les hace cada vez más difícil sostener el abono mensual para que sus hijos hagan deportes.

La contracara la muestran algunas experiencias de digitalización. El Club Bella Vista de Bahía Blanca, por ejemplo, logró duplicar su recaudación en pocos meses al incorporar pagos digitales, mientras que una asociación de bomberos voluntarios incrementó un 55% la puntualidad en los pagos tras implementar débito automático.

A nivel operativo, la ausencia de métricas también juega en contra. Sin indicadores básicos como el DSO (tiempo promedio de cobro), la tasa de recuperación o el porcentaje de morosos, la gestión se vuelve reactiva. Los clubes terminan resolviendo urgencias en lugar de anticipar problemas de liquidez.

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El cambio en los medios de pago no es una tendencia pasajera, sino una transformación estructural. En un entorno donde las transferencias instantáneas, los QR interoperables y las billeteras digitales ya forman parte de la vida cotidiana, no adaptarse implica quedar fuera de juego. Para muchos clubes, la diferencia entre sostenerse o desaparecer empieza, cada vez más, por cómo cobran.

A la vez, estos sistemas no solo permiten ordenar y anticipar el cobro de cuotas, sino también abrir nuevas vías de financiamiento: facilitan la gestión de donaciones, campañas solidarias, cobros extraordinarios y actividades comunitarias. Con herramientas digitales, los clubes pueden centralizar ingresos, transparentar sus cuentas y generar confianza, un factor clave para atraer apoyo de socios, vecinos y organizaciones.