MIRO A TODAS MUJERES Y VEO SOLO UNA.
PARECE QUE SUS NOMBRES SEAN MARÍA.
FIJO LOS OJOS Y NO ESTÁ LA MÍA.
BUSCO AQUELLA QUE ES COMO NINGUNA.
No escucho claros resonar los pasos
de aquella única diosa de mi vida
que arrastrando voy triste y envilecida,
los miembros desechos y nervios laxos.
Llegar la miro a mi todas las noches.
Siento su mano liviana y dulce
y un resplandor en sus ojos yo veo.
Si estoy despierto o duermo, una beldad,
que no logro describir, está ante mi
y como un ebrio cansado me quedo.
Autora: Palma Papa
Rita Ana D’Alessandro
Traductora Pública
Idioma Italiano

