Desafíos y oportunidades laborales en la industria vitivinícola argentina

LA INDUSTRIA VITIVINÍCOLA ATRAVIESA UN ESCENARIO DE RETRACCIÓN DEL CONSUMO A NIVEL GLOBAL Y SOBRESTOCK DE VINO, LO QUE GENERA TENSIONES EN EL MERCADO INTERNO. SIN EMBARGO, SIGUE SIENDO MOTOR DE EMPLEO EN PROVINCIAS CLAVE COMO MENDOZA, SAN JUAN, SALTA Y RÍO NEGRO, CON FUERTE ESTACIONALIDAD Y CRECIENTE DEMANDA DE PERFILES ESPECIALIZADOS.


El sector vitivinícola, uno de los más representativos de la Argentina y fundamental para las economías regionales, enfrenta actualmente un panorama desafiante. A los factores externos como la caída del consumo mundial de vino y la menor competitividad para el turismo, se suman dificultades propias del mercado local. Pese a ello, la actividad continúa sosteniendo un alto volumen de trabajo intensivo en zonas como Luján de Cuyo, Valle de Uco, Zona Este de Mendoza, San Juan, Salta y los desarrollos en expansión de Río Negro.

Mano de obra intensiva, estacionalidad y perfiles en falta

La vitivinicultura requiere gran cantidad de trabajadores en cada ciclo productivo, lo que la convierte en una fuente clave de empleo estacional. Los perfiles más demandados son operarios de finca y de bodega, mientras que los más difíciles de cubrir son los especializados en poda, desbrote y procesos específicos de bodega, además de técnicos en mecánica y electromecánica.

Uno de los grandes desafíos del sector es la informalidad laboral, que sigue presente y debilita las condiciones de contratación. A ello se suma la falta de recursos y de renovación generacional de perfiles aptos para el rubro, lo que complejiza la calificación de la mano de obra.

Para revertir esta situación, Adecco impulsa programas de formación como la Escuela Adecco, que entrena in situ en empresas del sector, con foco en recuperar trabajadores calificados y preparar nuevas generaciones.

Brechas estructurales y expectativas de crecimiento

El sector enfrenta dos grandes brechas: la educativa, por la limitada formación de muchos trabajadores, y la salarial, ya que los sueldos se ubican entre los más bajos de las industrias rurales. Estos factores dificultan la retención de talento, pese a los beneficios no monetarios que algunas bodegas ofrecen, como vivienda, movilidad o alimentación en zonas alejadas.

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En términos de inclusión, crece la participación femenina en múltiples puestos de bodega, equiparando progresivamente la contratación con la de los hombres. En cambio, la inserción de los jóvenes aún es baja, y persisten estigmas en torno a la percepción del sector como empleador, aunque cada vez más empresas buscan revertir esa imagen.

Si bien las maquinarias de última generación comienzan a incorporarse, el trabajo manual sigue predominando. A futuro, el ritmo de actividad se sostendría gracias al ciclo productivo y al desarrollo de nuevas regiones vitivinícolas, siempre condicionado por la competitividad internacional y la capacidad de posicionar al vino argentino como insignia en el mundo.

“La vitivinicultura combina tradición, identidad regional y gran capacidad de generación de empleo. El desafío está en profesionalizar el sector, reducir la informalidad y crear condiciones más atractivas para los trabajadores, garantizando así su proyección sostenida en el tiempo”, señala Alfredo Nicolás Spampinato, Gerente División Vitivinícola.