De los filtros a la consulta: ¿qué buscan las pacientes de la generación Z en la cirugía plástica?

LAS PACIENTES DE MENOS DE 30 AÑOS LLEGAN AL CONSULTORIO CON MÁS INFORMACIÓN, IMÁGENES DE REFERENCIA Y NUEVAS EXPECTATIVAS SOBRE LOS RESULTADOS. QUÉ PAPEL JUEGAN LAS REDES SOCIALES Y LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL Y POR QUÉ LA EVALUACIÓN DEL ESPECIALISTA ES CLAVE ANTES DE DECIDIR UNA INTERVENCIÓN.

Una paciente llega al consultorio y muestra una fotografía en su teléfono. Puede ser la nariz de una influencer, el resultado de una cirugía mamaria que encontró en Instagram o una versión digital de su propio rostro modificada con inteligencia artificial. La imagen sirve para explicar qué le gustaría cambiar, pero también plantea una pregunta cada vez más presente en la consulta: ¿hasta dónde ese resultado que aparece en una pantalla puede trasladarse a un cuerpo real?

La escena refleja un cambio en la relación entre las nuevas generaciones y la cirugía plástica. Quienes hoy tienen menos de 30 años crecieron rodeados de fotografías, videos, filtros y redes sociales. La percepción de la propia imagen ya no se construye solamente frente al espejo: también está atravesada por aquello que aparece todos los días en una pantalla.

La consulta, por eso, empieza muchas veces antes de pedir un turno. Hay quienes llegan después de haber investigado procedimientos, comparado profesionales, visto resultados y guardado imágenes para mostrarle al cirujano.

Los datos disponibles en Estados Unidos muestran que este grupo tiene una participación concreta en la demanda de procedimientos estéticos. La American Society of Plastic Surgeons identificó al grupo de 20 a 29 años como una franja de la Generación Z con interés en procedimientos estéticos. En 2024, el aumento mamario fue la cirugía estética más frecuente en ese rango etario, con 49.277 intervenciones registradas.

Las pacientes jóvenes llegan mucho más informadas que antes. Conocen los procedimientos, investigan, comparan resultados y muchas veces traen imágenes para mostrar qué les gustaría conseguir. Eso hace que la consulta sea más concreta, pero también obliga a diferenciar entre una expectativa y una realidad posible.

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Naturalidad y resultados personalizados
En muchas consultas aparece el pedido de modificar un rasgo concreto sin perder la identidad del rostro o del cuerpo.
La búsqueda de naturalidad no significa necesariamente no querer un cambio. Puede implicar que la intervención sea perceptible para quien la realiza, pero no transforme por completo sus características.

Ahí aparece una de las diferencias entre una fotografía de referencia y una indicación médica. La anatomía, las proporciones, la calidad de los tejidos y la evolución de una cirugía varían de una persona a otra. Un resultado que funciona en una paciente no necesariamente es adecuado para otra.

La Sociedad de Cirugía Plástica de Buenos Aires pone el foco justamente en ese criterio individual. En su sitio institucional utiliza una frase concreta: “Su cuerpo es único”, y recomienda informarse y consultar con un especialista en cirugía plástica.

Cuando la imagen de referencia la crea una inteligencia artificial
Si los filtros ya habían cambiado la manera de mirar la propia imagen, la inteligencia artificial llevó esa posibilidad un paso más lejos.

Hoy se puede modificar digitalmente la forma de una nariz, proyectar los pómulos, marcar una mandíbula o alterar las proporciones del rostro. Para algunas pacientes, llevar esa imagen al consultorio es una manera de explicar qué tienen en mente.

Pero una representación digital no contempla la estructura ósea, la calidad de la piel, los tejidos ni la forma en que una persona va a cicatrizar. Tampoco permite anticipar cómo evolucionará un resultado con el paso del tiempo.

La literatura científica ya comenzó a estudiar esta nueva relación entre tecnología y percepción corporal. Una revisión reciente analiza cómo las redes sociales y las tecnologías emergentes, incluida la inteligencia artificial, pueden influir sobre las preocupaciones vinculadas con la apariencia y destaca la importancia de una evaluación adecuada antes de una intervención estética.

Cuando una paciente trae una imagen modificada con inteligencia artificial, me interesa saber qué está tratando de mostrarme. Puede ser una buena forma de expresar una inquietud, pero después hay que volver a la persona: qué le molesta, desde cuándo, qué espera modificar y qué resultado sería razonable para su anatomía.

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Qué dicen los estudios sobre las redes
La relación entre redes sociales e imagen corporal es más compleja que una simple asociación entre “usar redes” y “querer operarse”.

Un análisis publicado en Body Image en 2025 reunió 20 estudios experimentales con 3.603 mujeres jóvenes. Los investigadores encontraron que la exposición a contenidos que presentan ideales corporales redujo la satisfacción corporal, mientras que los contenidos body positive tuvieron el efecto contrario. El efecto negativo fue mayor cuando el contenido idealizado se presentaba en formato de video, como ocurre en plataformas como TikTok.

Otro estudio publicado en 2026 analizó específicamente la relación entre el uso de la mencionada red social, la imagen corporal y las actitudes hacia la cirugía estética en mujeres de 18 a 30 años.

También hay evidencia sobre los filtros. Una investigación publicada en 2026 comparó la exposición a videos de TikTok idealizados con y sin filtros en mujeres adultas y analizó, entre otras variables, la satisfacción facial y el interés por la cirugía estética.

Los resultados no permiten afirmar que las redes sociales sean la causa directa de una decisión quirúrgica. Sí muestran que el tipo de contenido al que una persona está expuesta puede influir en la manera en que percibe su cuerpo y en las comparaciones que establece con otras personas.

El valor de una consulta que también sabe poner límites
Una paciente puede llegar con una idea bastante definida del procedimiento que quiere realizarse. Pero la indicación no depende solamente de que técnicamente sea posible.

La entrevista permite conocer qué la lleva a consultar, desde cuándo existe esa preocupación y qué espera modificar. También permite hablar de los límites del procedimiento, de sus riesgos y de la evolución esperable.

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La investigación sobre cirugía estética también presta atención a los problemas de imagen corporal. Una revisión reciente destaca la importancia de reconocer posibles señales de preocupación persistente por la apariencia antes de indicar una intervención. Esto no significa asumir que una paciente joven tiene un trastorno por querer modificar una parte de su cuerpo, sino evaluar cada situación de manera individual.

Una persona puede tomar una decisión estética a los 25 o 28 años de manera informada, con una motivación sostenida y expectativas razonables. La edad, por sí sola, no determina la conveniencia de una cirugía.

Una cirugía que se decide en un contexto diferente
La principal diferencia con generaciones anteriores quizás no esté solamente en los procedimientos que despiertan interés, sino en todo lo que sucede antes de la consulta.

Para el cirujano, ese punto de partida requiere escuchar tanto como explicar. La información disponible puede ayudar a que una persona participe más activamente de su decisión, pero también puede hacer que un resultado editado o excepcional parezca algo habitual.

La tarea del especialista es poner esa expectativa en contexto y traducirla a las posibilidades concretas de cada cuerpo.

En un escenario donde una aplicación puede modificar un rostro en segundos, la consulta médica recupera una función que ninguna fotografía puede reemplazar: mirar a la persona que está detrás de la imagen y evaluar qué cambio puede hacerla sentir mejor sin perder de vista quién es. La cirugía plástica de las nuevas generaciones no necesariamente busca transformaciones más grandes. En muchos casos, busca cambios más precisos, naturales y personalizados. Y esa conversación, hoy, empieza bastante antes de entrar al consultorio: empieza en la pantalla.

Por Dr. Juan Manuel Serén (MN 107.174), cirujano plástico, próximo presidente de la Sociedad de Cirugía Plástica de Buenos Aires y creador del protocolo ERABAS de Rápida Recuperación en cirugía mamaria.