Comunicar para transformar: de los datos a la acción circular

SIN TRAZABILIDAD, INFRAESTRUCTURA NI REGLAS CLARAS, LA ECONOMÍA CIRCULAR CORRE EL RIESGO DE SER UN RELATO VACÍO. LA IMPORTANCIA DE PASAR DEL DIAGNÓSTICO A LA EJECUCIÓN.

En la actualidad, el verdadero desafío de la economía circular no se encuentra solo en conocer los números, sino en convertirlos en decisiones, políticas e infraestructura que hagan posible su implementación. Para Ecoplas, una organización técnica que desde hace más de 20 años promueve el desarrollo sostenible de los plásticos, comunicar con evidencia es apenas el primer paso. Lo que sigue es hacer con los datos.

Vivimos en un ecosistema saturado de eslóganes ambientales, promesas vagas y mitos sin sustento. En ese escenario, la información confiable y con trazabilidad es esencial, pero también lo es el diseño de soluciones reales que incluyan a todos los actores: gobiernos, industria, consumidores y sistema educativo.

“La economía circular no puede reducirse a una narrativa aspiracional. Requiere infraestructura, logística, innovación regulatoria y articulación público-privada. No es un ideal, es una hoja de ruta que necesita ser aplicada con coherencia y visión sistémica”, sostiene Verónica Ramos, Directora Ejecutiva de Ecoplas.

De hecho, un reciente informe de Kantar, basado en 15.000 consumidores en América Latina, confirma que la confusión es un obstáculo creciente. La transparencia ya no es un valor agregado, sino una exigencia estructural. El consumidor no solo quiere saber qué es reciclable, sino cómo se recicla, quién lo garantiza y qué pasa después. Para eso, hacen falta políticas públicas claras, trazabilidad técnica y una comunicación rigurosa.

Certificaciones con validez global: confianza que se construye
Un punto clave para fortalecer la credibilidad del sistema es avanzar en certificaciones ambientales con validez internacional. En esa línea, Ecoplas impulsa junto al INTI la primera certificación argentina que garantiza el contenido de plástico reciclado con trazabilidad verificada. Pensada para acompañar a las empresas que buscan adaptarse a las regulaciones ambientales globales, esta herramienta representa una oportunidad concreta de desarrollo productivo, mejora de la competitividad y acceso a mercados más exigentes.

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Estas certificaciones no solo ayudan a combatir el greenwashing, sino que permiten distinguir entre un compromiso ambiental genuino y una estrategia de marketing. Para consolidarse como estándares de referencia, requieren homologación internacional, articulación con organismos reguladores y reconocimiento por parte de los sistemas de gestión ambiental globales.

Del diagnóstico a la infraestructura
Los datos del Índice de Reciclado de Plásticos —desarrollado por Ecoplas y CAIRPLAS— son un insumo crítico para la planificación. En 2024 se superaron las 4.000.000 de toneladas recicladas desde 2003, cifra que representa más de 5,7 millones de toneladas de CO₂ evitadas. Sin embargo, esos avances solo serán sostenibles si se acompaña con inversión en plantas, transporte, normativas y estándares. La economía circular no ocurre sola: necesita condiciones materiales.

También es clave superar barreras sistémicas como la informalidad, la fragmentación normativa y la falta de incentivos a la innovación. Por eso Ecoplas promueve proyectos de ley como la Responsabilidad Extendida del Productor (REP), participa en el Pacto Global de Plásticos de la ONU, y colabora con cámaras y sindicatos para articular soluciones de largo plazo.

Educar con impacto, actuar con coherencia
En el campo educativo hay Programas que marcan el rumbo, como Escuelas Verdes del Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires que desde hace años enseña y premia desde la escuela el eje residuos, el consumo responsable, la separación en origen, el reciclado y la economía circular. A nivel regional , la plataforma Movimiento Circular da herramientas para el aprendizaje, y la guía “Los plásticos en la economía circular” es un recurso para docentes, alumnos y todo el público que desee conocer sobre la temática.

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Ampliar y articular el horizonte educativo es posible con planificación, tecnología, formación técnica, acuerdos sectoriales y marcos regulatorios con respaldo científico.

“La información mejora el sistema solo si se traduce en acción. “De lograrlo, la economía circular puede dejar de ser solo un concepto y convertirse en una verdadera oportunidad de transformación productiva y ambiental”, concluye Ramos.