Antropología argentina, cinco referentes que cambiaron la manera de mirar el pasado y el presente

CLAUDIA BRIONES, MARÍA CONSTANZA CERUTI, RAFAEL GOÑI, CARLOS SOMIGLIANA Y GUILLERMO WILDE TRASCENDIERON LOS LÍMITES ACADÉMICOS Y ABRIERON NUEVAS PERSPECTIVAS SOBRE LA SOCIEDAD, LA HISTORIA Y LA CULTURA.

La antropología dejó hace tiempo de circunscribirse al estudio de sociedades y culturas. Hoy sus herramientas permiten reconstruir mundos desaparecidos, comprender conflictos contemporáneos, analizar la relación entre las comunidades y sus territorios, recuperar identidades y aportar evidencia científica frente a algunos de los episodios más sensibles de nuestra historia.

En la Argentina, esta evolución fue impulsada por especialistas capaces de tender puentes con la arqueología, la historia, el ambiente, el patrimonio, la política y los derechos humanos. Sus aportes no sólo enriquecieron el conocimiento académico, sino que también abrieron nuevas preguntas y formas de interpretar fenómenos históricos y sociales que mantienen plena vigencia.

En reconocimiento a esa contribución, la Fundación Konex otorgó el Diploma al Mérito en Ciencias Antropológicas a Claudia Briones, María Constanza Ceruti, Rafael Goñi, Carlos Somigliana y Guillermo Wilde. Cinco referentes con recorridos muy diferentes que expresan la diversidad y el alcance que adquirió este campo del conocimiento en la Argentina.

Sus trabajos atraviesan geografías, épocas y problemáticas muy distintas: las identidades indígenas contemporáneas, los rituales incas realizados a más de seis mil metros de altura, la adaptación de las poblaciones de la Patagonia, la restitución de nombres a personas desaparecidas y el papel de las comunidades guaraníes en las fronteras coloniales.

Claudia Briones es una de las principales referentes en el estudio de los pueblos indígenas, la diversidad cultural y las formas de pertenencia. Con especial foco en las comunidades originarias de la Patagonia, analizó cómo se construyen históricamente las categorías de diferencia y de qué manera inciden en las relaciones entre los pueblos indígenas, los Estados y las sociedades nacionales.

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Su aporte permitió superar concepciones estáticas de la cultura e incorporar una dimensión histórica y política al análisis de estos fenómenos. Desde esa perspectiva, contribuyó a enriquecer debates sobre interculturalidad, reconocimiento, derechos colectivos y ciudadanía, instalando nuevas miradas sobre la diversidad en la Argentina contemporánea.

María Constanza Ceruti abrió caminos en la arqueología de alta montaña y en el estudio de las montañas sagradas. Investigadora del CONICET, participó de los trabajos realizados en el volcán Llullaillaco, uno de los sitios más extraordinarios de la arqueología andina, donde fueron hallados los cuerpos naturalmente preservados de tres niños incas junto con un excepcional conjunto de ofrendas.

Sus expediciones y estudios permitieron profundizar el conocimiento sobre las prácticas rituales, las creencias religiosas y el vínculo simbólico que las sociedades andinas establecieron con las cumbres. Su labor fue decisiva, además, para consolidar un área que articula arqueología, patrimonio, paisaje, religión y cultura, y que posicionó a la Argentina como un ámbito de referencia internacional.

La Patagonia es también el territorio central en la obra de Rafael Goñi, quien realizó aportes fundamentales para comprender cómo vivieron, se desplazaron y se adaptaron las poblaciones cazadoras-recolectoras a lo largo de miles de años.

Su enfoque incorporó especialmente las transformaciones ambientales y climáticas para interpretar las estrategias de movilidad, asentamiento y ocupación territorial. De este modo, permitió comprender a aquellas sociedades como grupos dinámicos, capaces de responder y adaptarse a escenarios en permanente cambio.

En 2026 recibió el Binford Family Award for Teaching Scientific Reasoning in Archaeology, otorgado por la Society for American Archaeology, y se convirtió en el primer arqueólogo no estadounidense en obtener esta distinción. El reconocimiento destaca tanto su producción científica como su compromiso con la formación de nuevas generaciones y la enseñanza del razonamiento científico en arqueología.

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En la labor de Carlos Somigliana, el conocimiento antropológico adquiere una dimensión directamente vinculada con la historia reciente, la justicia y los derechos humanos. Como integrante del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), participó en tareas destinadas a identificar personas desaparecidas durante la última dictadura militar y a producir evidencia para causas judiciales vinculadas con graves violaciones a los derechos humanos.

También intervino en los procesos de identificación de soldados argentinos fallecidos durante la Guerra de Malvinas, una tarea que permitió devolver nombres e historias a restos que permanecieron sin identificar durante décadas.

Su recorrido muestra hasta qué punto la ciencia puede trascender el ámbito académico: una identificación puede significar una respuesta para una familia, una prueba para la Justicia y una contribución decisiva a la memoria colectiva.

Guillermo Wilde, por su parte, desarrolló una destacada línea de trabajo sobre los pueblos indígenas de América Latina, las sociedades guaraníes, las misiones jesuíticas y las fronteras coloniales. Desde una mirada que articula antropología e historia, revisó interpretaciones tradicionales sobre el mundo misional y colocó en primer plano el papel de las propias comunidades.

Sus estudios permitieron recuperar sus estrategias, negociaciones, conflictos y transformaciones, y comprender con mayor complejidad las relaciones entre los pueblos originarios, los poderes coloniales y las estructuras religiosas. Así, contribuyó a renovar la lectura de las experiencias misionales y de la historia social y cultural de la región.

Los cinco especialistas representan maneras diferentes de producir conocimiento sobre grandes preguntas humanas. Briones indaga en la diversidad, los derechos y las formas de pertenencia; Ceruti, cuyos descubrimientos impulsaron la creación del Museo de Arqueología de Alta Montaña de Salta, aporta un trabajo único a la arqueología argentina a partir del estudio de los tres niños incas, excepcionalmente conservados; Goñi reconstruye la adaptación de las sociedades patagónicas; Somigliana convierte la ciencia en una herramienta para restituir identidades y aportar a la Justicia; y Wilde recupera el protagonismo indígena en los procesos coloniales.

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En conjunto, sus aportes muestran la capacidad de la antropología para intervenir en discusiones que exceden ampliamente el ámbito académico y atraviesan cuestiones centrales de la sociedad contemporánea: la memoria, el patrimonio, los derechos humanos, el territorio, la diversidad y las formas en que construimos nuestra historia colectiva.