LA PREGUNTA PUEDE RESULTAR PROVOCADORA, INCLUSO INCÓMODA. ¿FUE LA PLATA UNA CREACIÓN BRITÁNICA? NO EXISTE EVIDENCIA DOCUMENTAL QUE PERMITA AFIRMAR QUE LONDRES HAYA DISEÑADO U ORDENADO LA FUNDACIÓN DE LA CIUDAD COMO PARTE DE UNA ESTRATEGIA PARA DEBILITAR O “LICUAR” EL PODER DE LA PROVINCIA DE BUENOS AYRES. PERO DESCARTAR ESA HIPÓTESIS NO SIGNIFICA IGNORAR ALGO HISTÓRICAMENTE COMPROBABLE: LA FUNDACIÓN DE LA PLATA OCURRIÓ DENTRO DE UN ORDEN POLÍTICO, ECONÓMICO Y GEOPOLÍTICO EN EL QUE GRAN BRETAÑA TENÍA UNA INFLUENCIA EXTRAORDINARIA SOBRE EL RÍO DE LA PLATA.
La cuestión merece ser observada desde esa perspectiva. En 1880 la provincia perdió su antigua capital cuando la ciudad de Buen Ayres fue federalizada. Dos años después, Dardo Rocha fundó La Plata para darle una capital a la provincia. Pero la nueva capital no fue instalada en el interior del territorio bonaerense, sino en las cercanías de la nueva Capital Federal, dentro de su área de gravitación económica, política y cultural. La provincia recuperó una capital, pero el puerto de Buen Ayre siguió siendo el gran centro de poder alrededor del cual continuó orbitando.
Cuando Rocha eligió las Lomas de Ensenada no partió de un territorio vacío. Ya existían allí infraestructura ferroviaria, puerto y conexiones comerciales vinculadas a capitales británicos. El Ferrocarril de Buenos Aires al Puerto de la Ensenada había sido inaugurado en 1872. La nueva capital, por lo tanto, se asentó sobre una estructura logística preexistente y fue concebida, además, con un puerto propio y conexiones ferroviarias que responden a la lógica económica dominante de la época.
Ese modelo no era neutral. La Argentina de fines del S. XIX se incorporaba aceleradamente al mercado mundial como gran productora y exportadora de materias primas. Ferrocarriles, puertos, crédito, inversiones y comercio exterior requerían enormes cantidades de capital, y Gran Bretaña ocupaba una posición central en ese entramado. La élite dirigente argentina, incluidos muchos de los protagonistas de la fundación de La Plata, no necesariamente veía esa presencia como una amenaza: para buena parte de ella, era parte del camino hacia el progreso, la modernización y la inserción internacional.
La masonería constituye otro elemento que merece ser estudiado sin simplificaciones. Dardo Rocha y Pedro Benoit fueron masones, y diversos integrantes de la dirigencia vinculada a la fundación de La Plata también pertenecieron a logias relacionadas y reconocidas por la Gran Logia Unida de Inglaterra. Estudios académicos han señalado incluso posibles correspondencias entre determinados elementos del trazado urbano y la simbología masónica. Esto no demuestra que La Plata haya sido considerada como “capital de la masonería”, pero sí permite advertir que aquella ciudad fue expresión de una determinada decisión política con una fuerte apertura hacia los circuitos internacionales de capital y conocimiento.
El problema aparece cuando observamos las consecuencias de largo plazo. Mientras el capital británico consolidaba su presencia en ferrocarriles, finanzas y comercio, la provincia asumió enormes compromisos para construir su nueva capital y su infraestructura. La crisis fiscal posterior y las operaciones de transferencia de activos vinculadas a la crisis de 1890 muestran que aquella modernización tuvo también un costo económico y una relación de dependencia que no puede ser ignorada.
¿Significa esto que Londres impulsó La Plata para sostener el esquema extractivista en la provincia de Buenos Ayres? Tal vez, aunque semejante afirmación necesitaría pruebas que no tenemos. No fue un diseño británico, pero sí una ciudad promovida bajo su sombra. Pero existe una pregunta mucho más interesante: ¿el esquema político que produjo La Plata fortaleció realmente la autonomía de la provincia frente al poder porteñista, o terminó manteniéndola dentro de su órbita?
Porque aquí aparece una paradoja histórica. La federalización de 1880 le quitó a la provincia su ciudad más poderosa. La Plata soluciona el vacío institucional, pero su proximidad a la Capital Federal permitió que el nuevo centro provincial continuará sometido a la enorme gravitación metropolitana. No es casual que buena parte de los gobernadores bonaerenses hayan salido de Capital Federal.
Quizás, entonces, la discusión contemporánea no deba ser si La Plata fue una “creación británica”. La verdadera pregunta es si aquella capital, concebida para una provincia extractivista de fines del S. XIX, continúa siendo la mejor arquitectura política para la Buenos Ayres del S. XXI.
Cambiar la capital no significa negar la historia de La Plata. Significa reconocer que las capitales también responden a proyectos de provincia. Si en 1882 fue necesario crear una ciudad capital que respondiera a una estrategia económica y política determinada, hoy podemos preguntarnos si necesitamos otra transformación: una capital que mire hacia el conjunto de la provincia, hacia sus municipios, su interior productivo y sus nuevas realidades.
La Plata fue expresión de un determinado proyecto de país y no de provincia. Quizás haya llegado el momento de discutir si Junín puede ser la expresión de un verdadero proyecto bonaerense.
Luis Gotte
Mar del Plata
luisgotte@gmail.com
Coautor de Buenos Ayres Humana I: la hora de tu comunidad (Ed. Fabro, 2022); Buenos Ayres Humana II: la hora de tus intendentes (Ed. Fabro, 2024); Buenos Ayres Humana III: Junín, capital de los bonaerenses (Ed. Dunken, 2026) y en preparación: Buenos Ayres Humana IV: La Revolución Bonaerense del Siglo XXI, las Cartas Orgánicas municipales; y Buenos Ayres Humana V: Buenos Ayres, comunidad de comunidades. Una propuesta bioeconómica para repoblar 600 pueblos bonaerenses.





