MIENTRAS CRECE EL CONOCIMIENTO SOBRE LOS SIGNOS DE ALARMA, ESPECIALISTAS ADVIERTEN QUE LA PRINCIPAL DEUDA DEL SISTEMA DE SALUD ESTÁ EN ASEGURAR QUE TODOS LOS PACIENTES PUEDAN RECIBIR TRATAMIENTOS QUE CAMBIAN EL PRONÓSTICO, SIN IMPORTAR DÓNDE VIVAN O QUÉ COBERTURA TENGAN.
Durante años, la principal estrategia frente al accidente cerebrovascular (ACV) estuvo puesta en que la población aprendiera a reconocer los síntomas y consultara de inmediato. Ese objetivo sigue siendo clave, pero hoy el mayor desafío es otro: lograr que quienes llegan a tiempo efectivamente puedan acceder al tratamiento adecuado. En el marco del Día Mundial del Cerebro, especialistas advierten que la prioridad debe pasar por reducir las brechas del sistema de salud, fortalecer la capacitación de los equipos de emergencia y consolidar redes de atención apoyadas en la telemedicina.
En Argentina, entre el 70% y el 80% de los ACV son de origen isquémico. Sin embargo, el acceso a las terapias de reperfusión —que pueden reducir significativamente las secuelas e incluso salvar vidas cuando se aplican dentro de la ventana terapéutica— continúa siendo bajo y muy desigual entre regiones y prestadores.
“Una buena red de ACV requiere campañas permanentes de educación, capacitación de los equipos prehospitalarios, comunicación anticipada con el hospital receptor, y un mapa actualizado de los centros según su capacidad real”, afirma el Dr. Matías Quaglia, Neurocirujano y Neurointervencionista del Hospital Italiano de Córdoba [M.N. 146580]. “No todos los hospitales tienen que ofrecer todos los tratamientos, pero todos deben saber reconocer al paciente, iniciar su evaluación y derivarlo rápidamente al centro adecuado”.
Los datos reflejan esa brecha. Una encuesta nacional mostró que, incluso entre los centros que monitorean sus indicadores de calidad, la mediana de pacientes que recibe trombólisis alcanza apenas el 12%, mientras que la trombectomía llega al 3%. Detrás de esas cifras persisten obstáculos estructurales: la falta de identificación clara de los centros preparados para tratar un ACV, demoras en los traslados y procesos administrativos que siguen interfiriendo en una emergencia donde cada minuto puede marcar la diferencia.
Medir para mejorar: la clave está en los tiempos
Uno de los indicadores más preocupantes es la baja proporción de pacientes que acceden a un tratamiento de reperfusión, y la enorme variabilidad según la región, la cobertura y el hospital.
“No alcanza con saber cuántas trombectomías se realizan. Debemos medir el tiempo desde el inicio de los síntomas hasta el llamado a emergencias, el tiempo hasta la primera tomografía, el intervalo hasta la trombólisis y la demora en las derivaciones”, subraya el Dr. Quaglia.
En este sentido, la reciente creación del Programa Nacional para el Diagnóstico y Tratamiento del ACV en mayo de 2026 es vista como una oportunidad fundamental para estandarizar protocolos, acreditar centros y crear una red federal, medible y sostenida.
Y concluye con una poderosa reflexión: “En el ACV, el tiempo no debe depender del código postal, de la edad ni de la cobertura sanitaria”.




