Creó un “Tinder” pero cara a cara

ARRANCÓ COMO UNA IDEA ENTRE DIVORCIADOS Y TERMINÓ EN UNA DE LAS COMUNIDADES SOCIALES MÁS GRANDES DEL PAÍS.

Después de una separación, Alejandro Labrone abrió un grupo de Facebook casi como una distracción. Más de una década después, reúne a 36.000 personas que participan en fiestas, viajes, caminatas y encuentros grupales pensados para volver a socializar fuera de las aplicaciones de citas.

Alejandro Labrone es camarógrafo y acababa de separarse cuando tuvo la idea de crear un grupo para solos y solas. En un asado con amigos divorciados apareció la propuesta casi como un chiste y ese mismo día de 2012 abrió un grupo de Facebook y le puso un nombre simple: Mientras Tanto.

Trece años después, aquella ocurrencia improvisada se transformó en una de las comunidades de solos y solas más grandes de la Argentina.

El grupo, conocido entre sus miembros como MT, ya supera los 36.000 integrantes y funciona como un espacio donde la gente se junta a hacer cosas bastante concretas: salir, viajar, caminar, jugar al truco, ir a un bar o simplemente conocer personas nuevas sin depender de una aplicación de citas.

Labrone, asegura que la propuesta surgió más como una necesidad emocional que como un proyecto. Y quizá por eso terminó funcionando. Porque MT no gira solamente alrededor de buscar pareja. De hecho, muchos entran para hacer amistades o recuperar vida social después de una separación, una viudez o años de aislamiento.

“Acá lo importante es el grupo”, suele resumir él cuando le preguntan en qué se diferencia de Tinder.

El grupo es cerrado, tiene reglas de convivencia y una red de administradores que moderan las publicaciones y organizan actividades. No se permiten discusiones políticas, religiosas ni agresiones personales. La idea es mantener un clima relajado donde cualquiera pueda sumarse sin sentirse incómodo.

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Con el tiempo, MT fue creciendo mucho más allá de Facebook. Hoy organizan fiestas, salidas culturales, encuentros deportivos y viajes. También tienen grupos específicos de caminatas, arte, ciclismo y actividades solidarias. Hay núcleos en distintos puntos del país y gran parte de la organización cotidiana se mueve por WhatsApp.

El perfil de quienes participan suele repetirse. La mayoría tiene más de 40 años y llega buscando algo bastante básico que muchas veces escasea en la vida adulta: gente con quien compartir tiempo.

En MT no hay matches ni algoritmos sofisticados. La gente se conoce en una mesa compartida, en un viaje grupal o en una fiesta donde nadie tiene que inventar una excusa para hablar con otro. A veces nacen parejas. Otras veces, amistades que siguen años después.

Lo que empezó como una salida improvisada para atravesar una separación terminó convirtiéndose, casi sin planearlo, en una enorme red social fuera de la pantalla.