La experiencia, clave para asesorar en franquicias

LA EXPERIENCIA REAL Y LA FORMACIÓN MARCAN LA DIFERENCIA CUANDO ALGUIEN DECIDE FRANQUICIAR O INVERTIR EN UNA FRANQUICIA.

En los últimos años, el sistema de franquicias ganó protagonismo como alternativa de expansión para muchas empresas y como vehículo de inversión para quienes buscan negocios más previsibles. Sin embargo, mientras crece el interés por el modelo, también aumenta la cantidad de supuestos especialistas que prometen resultados inmediatos, fórmulas mágicas y soluciones universales.

Ahí aparece una pregunta clave: ¿quién asesora realmente a las marcas y a los inversores?

Porque no alcanza con hablar fuerte frente a una cámara, publicar frases motivacionales o repetir conceptos vacíos aprendidos en redes sociales. Un consultor de franquicias serio necesita mucho más que presencia digital. Requiere formación académica, experiencia corporativa y, sobre todo, trayectoria comprobable acompañando empresas reales.

La diferencia entre un profesional y un improvisado suele verse rápidamente. Un verdadero especialista analiza números, costos, márgenes y estructura operativa antes de recomendar cualquier paso. Estudia la curva ABC del negocio, revisa categorías de ingresos y detecta oportunidades concretas de mejora. No trabaja sobre slogans; trabaja sobre información.

Muchas veces escucho empresarios fascinados con jóvenes que aseguran haber descubierto “la fórmula definitiva” para hacer crecer cualquier compañía. La realidad es bastante menos mágica. No existe un libro secreto escondido ni un método infalible aplicable a todos los casos.

El único camino sólido combina estudio, experiencia y años de trabajo en distintos escenarios empresariales. Un consultor valioso suele haber ocupado posiciones de liderazgo, administrado presupuestos, coordinado equipos y enfrentado crisis reales. Esa experiencia permite entender problemas complejos y encontrar soluciones posibles.

Por eso también comenzó a producirse una revalorización del especialista con oficio. El mercado volvió a darle importancia al profesional experimentado, al que acumuló aprendizajes concretos y atravesó distintos ciclos económicos. La edad, lejos de representar una limitación, muchas veces aporta criterio y capacidad de análisis.

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La comparación puede parecer extrema, pero ayuda a entender el punto. ¿Alguien se dejaría operar del corazón por un cirujano sin experiencia práctica? Probablemente no. Entonces, ¿por qué algunas empresas entregan decisiones estratégicas a personas que jamás lideraron un negocio, administraron personal o gestionaron operaciones complejas?

Franquiciar una marca implica mucho más que vender licencias. Requiere construir un modelo replicable, rentable y sostenible. También exige detectar riesgos antes de expandirse. Un mal diagnóstico puede provocar conflictos internos, cierres prematuros o pérdidas económicas importantes para todas las partes involucradas.

En ese contexto, el rol del consultor se vuelve fundamental. Un buen asesor ayuda a definir si la empresa realmente está preparada para transformarse en franquicia. Evalúa procesos, estructura financiera, posicionamiento comercial y capacidad operativa. Además, ordena información estratégica que muchas compañías nunca analizaron en profundidad.

Del otro lado, los inversores también necesitan orientación profesional para tomar decisiones inteligentes. No todas las franquicias ofrecen las mismas oportunidades ni todos los modelos funcionan igual en cualquier contexto económico. Analizar indicadores, estudiar antecedentes y comprender la lógica del negocio resulta indispensable antes de invertir capital.

Otro aspecto central tiene que ver con la honestidad profesional. Un consultor responsable no promete resultados imposibles ni garantiza éxitos automáticos. Explica riesgos, plantea escenarios y trabaja sobre objetivos alcanzables. La transparencia genera relaciones duraderas y protege tanto a las marcas como a los futuros franquiciados.

También resulta importante entender que las franquicias no funcionan únicamente gracias a un buen producto. Existen empresas con propuestas excelentes que fracasan por problemas de gestión, falta de planificación o errores operativos. Ahí nuevamente aparece el valor de un especialista con mirada integral.

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La experiencia permite anticipar dificultades que otros directamente no ven. Quien pasó años trabajando con empresas de distintos tamaños y rubros desarrolla herramientas concretas para resolver conflictos cotidianos. Ese conocimiento práctico no se aprende mirando videos motivacionales ni repitiendo frases prefabricadas.

Hoy, más que nunca, el mercado necesita profesionalismo genuino. Las marcas requieren asesores capaces de construir negocios sostenibles y los inversores buscan respaldo técnico para minimizar riesgos. En ambos casos, la improvisación suele salir cara.

El franchising seguirá creciendo porque representa una herramienta poderosa de expansión y desarrollo económico. Pero ese crecimiento necesita apoyarse en profesionales preparados, con conocimientos sólidos y experiencia comprobable. Lo demás, tarde o temprano, termina siendo humo.

Por Pablo Cappa
Director Comercial de Lepus Consultora en Franquicias