Unas horas más

CUANDO ESTABA JOVEN DESEABA ENFERMAR PARA DESCANSAR UNAS HORAS MÁS, AHÍ EN ESA CAMA PERDÍA EL TIEMPO, MIENTRAS MIL COSAS POR HACER ESTABAN ESPERANDO POR MÍ.

Los niños lloraban y se peleaban, la casa patas arriba, todo se volvía un caos.
Con todo el malestar en mi cuerpo me tenía que llenar de coraje levantarme.
Deseaba estar sola, enloquecer, gritar y jalar mis cabellos hasta arrancarlos.
Correr, correr alejándome del mundo del bullicio, volver a empezar porque una parte de mi se consume.
Según mi sentir la otra anda en gran locura, tan desvalida me marche a un lugar desconocido sin burlas, ni bulla, sin gritos…
Pero verá tarde ya tenía niños, supuestamente un hogar.
Dónde yo era el todo, dónde aquellos niños tomarán el rol de adultos: proveer cuidar dejar la infancia atrás niños más afortunados.
Pensaba yo ser más desafortunada por ser madre, lo que no sabía es que tenía más de lo que deseaba una familia humilde, pero buenos pensamientos.
Ahora solo pido tener salud para seguir mi rumbo, mirando lo bello de este universo.
A menudo todo dolía hasta la existencia, ver cómo en esta casa todo era opaco, tanto mi vida como la de los niños, se sufría, se lloraba, se reía, se era un poco infelices y luchamos contra la adversidad, el tiempo pasó, los hijos crecieron, en sus caras las nostalgias se reflejan en preguntas amarga y un reproche me atormenta… siento vergüenza al verlos aún en su lucha por ser alguien…

Yo me pregunto cada noche, ¿Por qué fui tan débil, porque la cobardía me doblegó no pude detener una infancia robada.
Maldita sea la debilidad y el miedo a ser fuerte, dar seguridad, amor y bienestar a una familia.
Ahora me doy golpes de pecho, maldiciendo, renegando y deseando devolver el tiempo.
Preguntándome ¿Qué tantas cosas mis hijos guardan en secreto?
Deseo descubrir el dolor de ellos, creo deberían ser míos.

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A si descubriendo todo su pensamiento, que la pena moral me consumiera, cómo un látigo rompiendo la piel en cada golpe.
Saber ellos fueran libres, sus conciencias limpias, tanta tristeza, vuelvan a ser felices como niños.
Ver en sus ojos la alegría brillar en ellos como luceros.

Margarita Restrepo Jaramillo
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