MIENTRAS GRAN PARTE DEL SISTEMA EDUCATIVO SIGUE DEBATIENDO CÓMO INCORPORAR INTELIGENCIA ARTIFICIAL, UNA STARTUP ARGENTINA YA LA ESTÁ IMPLEMENTANDO EN EL AULA Y, MÁS IMPORTANTE AÚN, MIDIENDO SU IMPACTO EN TIEMPO REAL.
Se trata de Alkemy, que desarrolló un modelo de tutoría conversacional basado en IA para estudiantes de primaria. A diferencia de los enfoques tradicionales, la propuesta no se centra en enseñar sobre inteligencia artificial, sino en utilizarla directamente como interfaz de aprendizaje.
Los primeros datos de implementación muestran niveles de adopción poco habituales en el sistema educativo. El modelo registró 152 sesiones, con una tasa de finalización del 76,9% y un 81% de satisfacción general. Además, el 80% de los estudiantes destacó la utilidad de los contenidos y el 77% valoró la naturalidad de la interacción con la IA. En un solo día, se alcanzaron 50 sesiones, lo que evidencia recurrencia y no solo uso exploratorio.
“Lo que estamos viendo es que, cuando la IA se integra bien, deja de ser percibida como tecnología y pasa a ser parte natural del proceso de aprendizaje. Los estudiantes no la usan porque es nueva, la usan porque les resulta útil para entender mejor”, explica Jean Pierre Saint-Hubert, Cofundador y CMO de Alkemy.
El modelo funciona como un tutor conversacional que guía a los estudiantes a través de preguntas, dinámicas y explicaciones adaptadas a su nivel. A diferencia de una plataforma estática, la interacción es continua y personalizada, lo que permite sostener la atención y mejorar la comprensión.
Pero el cambio más relevante no está solo en la experiencia del estudiante, sino en la información que genera el sistema. Cada interacción deja trazabilidad sobre cómo aprende cada usuario: qué temas le resultan más complejos, en qué momentos abandona y qué tipo de acompañamiento necesita.
“Por primera vez, el aprendizaje deja de ser una caja negra. Podemos ver el proceso completo, no solo el resultado final. Eso le da a docentes y directivos una capacidad de intervención mucho más precisa”, agrega.
En las primeras implementaciones, los estudiantes eligieron trabajar sobre contenidos curriculares concretos. Temas como Pueblos Originarios concentraron más del 50% de las interacciones, seguidos por ejes vinculados a historia y territorio. Esto refuerza una hipótesis clave: la inteligencia artificial no reemplaza los contenidos, sino que mejora la forma en que se accede a ellos.
El modelo ya fue implementado en el sistema educativo de Tierra del Fuego * Antártida e Islas del Atlántico Sur dentro del Plan de Transformación educativa q se viene impulsando. Articulaciones como estas, sector público y privado, permiten concretar hitos de una verdadera transformación. De esta manera, desde la Agencia de Innovación, se desplegó el programa EstudIA con Malvina dentro de los Polos Creativos de Ushuaia, Tolhuin y Río Grande, permitiendo una democratización tecnológica real. Allí se registraron 152 sesiones iniciadas y 117 completadas, con niveles de satisfacción y uso que validan la adopción del sistema
“El error es pensar la IA como una materia nueva. No es contenido, es infraestructura. Es una capa que cambia cómo se aprende, cómo se enseña y cómo se mide el progreso”, sostiene Jean Pierre.
El avance de este tipo de soluciones se da en paralelo a una transformación más amplia del mercado laboral, donde las habilidades vinculadas al uso de inteligencia artificial empiezan a ser demandadas incluso en roles no técnicos. En ese contexto, la educación deja de ser solo un espacio de formación y pasa a ser un factor clave en la competitividad futura.
La experiencia de Alkemy pone sobre la mesa una discusión más incómoda para el sistema educativo: no si la inteligencia artificial va a formar parte del aula, sino quiénes van a aprender a usarla primero y con qué profundidad.
“En poco tiempo, no saber usar inteligencia artificial va a ser equivalente a no saber usar internet hace veinte años. La diferencia es que esta transición está pasando mucho más rápido, y los sistemas educativos tienen menos margen para adaptarse”, concluye.
En ese escenario, los modelos que ya están en marcha empiezan a marcar el ritmo. No desde la teoría, sino desde la implementación.
Y ahí es donde la conversación cambia. Porque deja de ser sobre el futuro de la educación y pasa a ser sobre quién está llegando primero.





