URBAN HIVE MADRID NO LE HABLA DE LA MISMA MANERA A TODO EL MUNDO, Y ESA ES, PROBABLEMENTE, LA CLAVE DE SU PROPUESTA. EL HOTEL OCUPA EL EDIFICIO HISTÓRICO DE LA VIEJA TELEFÓNICA, CONSTRUIDO EN 1954 EN PLENA PLAZA DE SANTO DOMINGO, CON UN DISEÑO INTERIOR A CARGO DEL ESTUDIO FRANCÉS MAISON MALAPERT QUE REINTERPRETA LA ESTÉTICA DE LOS AÑOS CINCUENTA SIN QUEDARSE ANCLADO EN EL PASADO. PERO MÁS ALLÁ DE LA ARQUITECTURA, LO INTERESANTE ES CÓMO CAMBIA LA EXPERIENCIA SEGÚN QUIÉN CRUCE LA PUERTA.
Si sos de los que viajan por trabajo, el lobby es probablemente el espacio que más vas a usar. Es abierto, luminoso y flexible, capaz de sostener una reunión informal con café de por medio o una jornada entera con la notebook abierta, sin la rigidez de una sala de negocios tradicional. Y si necesitás algo más formal, el hotel suma cuatro salas de eventos modulables, bautizadas Olmo, Madroño, Jara y Retama en homenaje al paisaje natural de la región, equipadas con tecnología audiovisual avanzada y Wi-Fi de alta velocidad, pensadas tanto para reuniones profesionales como para presentaciones más grandes.
Si en cambio viajás en pareja y lo que buscás es desconectar un rato de la rutina, el patio interior con jardines verticales es el rincón indicado. Aparece casi de sorpresa en el centro del edificio, con luz filtrada por la vegetación y el ruido de la ciudad completamente afuera, un lugar pensado para quedarse charlando sin ningún apuro por levantarse. Y para el cierre del día, la piscina infinity de la séptima planta, bautizada GINA Oasis, ofrece una de las mejores postales de Madrid, con vistas que van desde el Palacio Real hasta la Sierra de Guadarrama, ideal para un aperitivo al atardecer que se estira más de lo planeado.
Si sos vecino del barrio y nunca pensaste en un hotel como parte de tu rutina, Urban Hive Madrid apuesta justamente a cambiarte esa idea. La programación incluye sesiones de vermut, DJ sets, showcookings y encuentros vecinales pensados para mezclar huéspedes y madrileños en el mismo espacio, además de una selección de obras de artistas locales, todas mujeres, que conviven con la arquitectura del edificio en distintos rincones. La idea de fondo, según resumió la directora general del hotel, Beatriz del Río, es borrar la frontera entre el huésped internacional y el cliente de siempre, algo que se nota apenas te sentás en el lobby un sábado a la tarde.
Si lo tuyo es la comida, ahí está GINA Madrid, el proyecto liderado por el chef Matteo Sciacovelli, que trabaja la tradición italiana desde una mirada mediterránea y española. GINA se despliega en tres espacios, GINA Restaurant, donde manda el fuego y el producto de temporada con platos pensados para compartir, GINA Bar, y GINA Oasis, la versión más ligera y cosmopolita de la misma cocina, con influencias japonesas que aparecen tanto en los platos como en la coctelería, siempre con algún guiño a la flora madrileña en ingredientes y aromas.
Si venís por varios días y necesitás una base cómoda más que una experiencia social, las 144 habitaciones del hotel cumplen esa función sin perder identidad, con una estética contemporánea, materiales cuidados y una atmósfera pensada para transmitir bienestar desde el primer momento. Las categorías especiales, las suites Violeta y Clavel, toman su nombre de dos flores representativas de Madrid, un detalle que conecta incluso la habitación más íntima con la ciudad de afuera.
Y si tu plan es organizar algo grande, un cumpleaños, un lanzamiento, una celebración con muchos invitados, el hotel tiene espacio de sobra entre sus salas de eventos y la propia azotea, capaz de recibir encuentros que arrancan formales y terminan mucho más relajados, acompañando el atardecer sobre el skyline.
Detrás de esta variedad de experiencias está Hively Hospitality, grupo francés fundado en 1988 que ya suma más de ochenta hoteles y centros de bienestar repartidos por Europa, y que replica en Madrid el modelo que antes funcionó en Urban Hive Milano, con la vista puesta en la próxima apertura de Urban Hive París. Cada proyecto de la marca comparte la misma lógica, construir hoteles conectados con la identidad de cada ciudad, y en Madrid esa lógica encontró, en un viejo edificio de telecomunicaciones, un punto de partida bastante simbólico.
Así que no importa demasiado con qué motivo llegues a la Plaza de Santo Domingo, porque este hotel, de una manera u otra, va a encontrar la forma de hablarte en tu propio idioma.
Por Flavia Tomaello, https://flaviatomaello.blog/, Instagram @flavia.tomaello






