Un cambio que no viene en ninguna “app”: el agro se digitalizó, pero la diferencia la siguen haciendo las personas

LA DIGITALIZACIÓN DEJÓ DE SER UNA PROMESA Y ABRE UNA “NUEVA CARRERA” EN EL AGRO, EN LA QUE YA NO BASTA CON ACCEDER A LA TECNOLOGÍA Y LA DIFERENCIA LA HACE QUIEN SABE IMPLEMENTARLA. LOS NUEVOS ROLES, PROCESOS Y DECISIONES QUE ABRE ESTA NUEVA ERA EN EL SECTOR PRODUCTIVO.

Más que herramientas aisladas, las tecnologías digitales -y en especial la inteligencia artificial-son el nuevo tablero donde se juegan los negocios. No es un nuevo asistente virtual, ni una nueva forma de registro, ni una “app”, es todo eso al mismo tiempo, porque es una forma de hacer las cosas.

La digitalización del agro en Argentina es un proceso que avanzó con fuerza durante la última década y dejó de ser una promesa para convertirse en un modo de trabajo. Pero tiene una particularidad: su éxito no depende tanto de la tecnología en sí como de las personas que la implementan.

En una nueva edición del Día del Inversor organizado por ADBlick, empresa que desarrolla y gestiona proyectos de inversión en el agro argentino, especialistas del sector hicieron un repaso por el costado político y económico de la transformación digital, una descripción del “nuevo mapa de poder” que se configura en las organizaciones y compartieron casos específicos de una multinacional y una startup.

El desafío no es tenerla

“Como líderes de empresas del agro tenemos que pensarnos dentro de esta transformación digital, y ver cómo hacer el trabajo más eficiente y más efectivo, que es lo que está pidiendo el mundo”, expresó José Demicheli, CEO de ADBlick.

Con una oferta creciente de herramientas digitales disponibles para el sector, el desafío ya no pasa únicamente por acceder a ellas sino por saber seleccionarlas e implementarlas. Y en cada empresa, sobre todo en el agro, eso adquiere pinceladas propias, revaloriza el rol de los líderes y establece “nuevos protagonistas”.

En ese sentido, Kevin Canova, co-fundador y CTO de Bold, una startup dedicada a impulsar la inclusión financiera de las pymes, enfatizó en ese rol “marco” que tiene hoy la tecnología.

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“Tenemos que pensar a la inteligencia artificial más allá de la superficie, más que una simple herramienta. Es la nueva infraestructura sobre la que hacemos negocios, pero para eso tenemos que animarnos a reimaginar lo posible”, evaluó el emprendedor.

Es tecnología, pero además economía y política

La lectura de esta nueva infraestructura digital es inseparable del contexto en el que se inscribe. Y, particularmente en el agro argentino, su adopción tiene un estrecho vínculo con las decisiones político-económicas.

“Veníamos muy rezagados en el desarrollo de tecnologías hasta el 2016, cuando bajaron las retenciones. De golpe, en 2 años se crearon más de 60 startups para digitalizar el agro, en su gran mayoría fundadas por personas vinculadas al sector y fondeadas por productores”, explicó, por su parte, Ivan Ordóñez, economista especializado en agronegocios y director del Posgrado en AgTechs de UCEMA.

La quita de derechos de exportación, o la implementación de regímenes de incentivo a las inversiones -como el RIGI o el RIMI- le dan previsibilidad a los agronegocios para perseguir una mayor productividad. Y en este escenario inaugurado hace ya una década, aseguró el economista, la productividad es sinónimo de digitalización de la agricultura.

“La digitalización de la agricultura permite un perfeccionamiento en el uso de los insumos y el capital”, afirmó el especialista, que considera que ello es “crítico” en esta particular coyuntura económica, donde se conjuga un “plan de estabilización con apreciación cambiaria y con inflación en dólares”.

Se trata, entonces, de usar la tecnología con doble rol: defensivo -para proteger las inversiones- pero a la vez ofensivo, es decir, para dar saltos de productividad, ganar competitividad en el mercado y, sobre todo, generar retornos inmediatos.

Los “nuevos protagonistas”

La digitalización de la agricultura tiene también un efecto concreto sobre la estructura empresarial, ya que trastoca las jerarquías y establece un nuevo “mapa de poder”, donde el personal agtech es protagonista.

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“Es como la figura de los emprendedores corporativos o ´entrepreneurs´, que tienen que ir muchas veces a contracorriente, evangelizando para que las compañías cambien. Es el que tiene que romper para transformar”, evaluó José Demicheli.

Desde la experiencia propia, la ingeniera agrónoma y doctora en biotecnología Josefina Demicheli explicó qué ejes aborda esa tarea, que ella misma lleva adelante como líder de Sustentabilidad y Transformación Digital en ADBlick Granos.

“No se trata de una tecnología en particular, sino de cambiar la manera en que trabajamos. El área de transformación digital atraviesa a todos los demás pilares y procesos que hacen a una empresa, y nuestro rol es lograr que cada área sea eficiente”, explicó la especialista, que reconoce ciertas “etapas” que son comunes a todas las empresas, sin importar su escala o modelo de negocios.

La clave está en las primeras instancias del proceso: el diagnóstico y la selección del problema prioritario. “Hay que entender el problema antes que la herramienta”, señaló Josefina, que asegura que por eso el rol del personal agtech es fundamental: será el que asegure que la solución diseñada tenga éxito.

Pero ello no implica trabajar en solitario. “Cuando la implementación la pensamos juntos, la adopción es el paso lógico que sigue”, explicó la especialista, respecto a la importancia del acompañamiento de cada área tanto en las etapas de planificación como de la puesta en marcha de las herramientas.

El caso Syngenta

Si el desafío es identificar problemas antes que herramientas, para las grandes compañías del agro la cuestión se dirime en encontrar el punto exacto donde la digitalización puede generar valor.

Desde Syngenta, Virginia Passaniti -Digital Solutions Manager de Latam- explicó que esa búsqueda derivó en Cropwise, la plataforma de agricultura digital de la multinacional que integra diversas herramientas para acompañar el trabajo en el lote. En su mayoría, vinculadas al monitoreo, la planificación y trazabilidad.

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Pero, más allá de la herramienta, que incluso incorpora su propio motor de inteligencia artificial, Passaniti coincidió en que el rol central sigue siendo el de las personas, pues detrás de la digitalización sigue estando el productor y el agrónomo.

“Más allá de cómo avance la tecnología, nuestra propuesta de valor sigue siendo el acompañamiento a campo. Eso no se negocia. Nuestro trabajo es identificar qué es lo que más le ´duele´ a ese productor, qué necesita y cómo podemos ayudarlo”, aseguró.

Datos sobre datos

Desde la mirada emprendedora, Kevin Canova se detuvo en el caso de Bold, la startup que cofundó en 2019 para “democratizar el acceso a financiamiento” en el agro.

“Buscábamos conocer al productor sin preguntarle nada. Y en esa búsqueda descubrimos que hay datos por todos lados, pero lo que se necesita es condensarlos”, recordó. Eso fue lo que

derivó en la creación de su propio sistema operativo que, entre muchas de sus funciones, permite gestionar líneas de crédito.

Es uno de los casos concretos en que se piensa a la digitalización como “infraestructura” más que como una herramienta. “Las nuevas tecnologías nos permiten crear datos sobre los datos. Bold es audaz, porque no trabaja con un problema, sino con un deseo de la industria”, aseguró el emprendedor.

Los mismos desafíos

A modo de cierre, José Demicheli también reparó en la importancia del trabajo humano detrás de la digitalización, un aspecto que en la compañía que fundó y hoy dirige también se expresa con claridad.

“ADBlick es una empresa de desarrollo de negocios en el agro que trabaja con más de 1500 inversores y 3 fondos de oferta pública, pero el desafío más importante sigue siendo trabajar en equipo, tanto internamente como entre los clústers”, concluyó.