Ser reales y la fortaleza de ser uno mismo

EL SER UNO MISMO INVITA A MIRAR HACIA ADENTRO, ALLÍ DONDE MUCHAS VECES SE ESCONDE LO QUE REALMENTE SOMOS; PORQUE, EL MOSTRAR LA VERDAD DEL ALMA, REQUIERE VALOR. PERO TAMBIÉN EN ESA APARENTE DEBILIDAD, QUE TANTO TEMEMOS, HABITA LA MÁS PURA DE LAS FORTALEZAS.

Ser uno mismo no es un acto de fragilidad, sino de coraje. Quien se atreve a hablar con el corazón abierto, a mostrarse sin máscaras y a caminar por la vida sin miedo al juicio ajeno, demuestra una valentía que pocos poseen. No hay mayor fuerza que la de aquel que se permite sentir, llorar, equivocarse, pedir perdón y volver a intentarlo.

Vivimos en un mundo que enseña a ocultar, a disimular, a sostener apariencias. Sin embargo, cuando elegimos ser auténticos, estamos dando un paso hacia la libertad. La autenticidad no se trata de ser perfectos, sino de ser verdaderos; de aceptar que somos luz y sombra, risa y dolor, éxito y caída.

Por eso, la debilidad no es lo opuesto a la fortaleza. La debilidad asumida con humildad es la raíz de toda fuerza interior. Porque solo quien se reconoce vulnerable puede aprender, sanar y amar con plenitud.

Ojalá sigamos recordando que la vida no nos pide ser fuertes todo el tiempo, sino ser reales… Y es en esa verdad, por más simple o desnuda que parezca, habita el milagro de ser plenamente humanos.

Por Paola Seibert (Misiones)


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