Nuestras miradas y corazones se eligieron y nos hicimos uno

DESDE QUE TENGO MEMORIA, NUESTRAS MIRADAS SE RECONOCIERON EN UN LENGUAJE SIN PALABRAS. COMO SI NUESTRAS ALMAS SE HUBIERAN ELEGIDO MUCHO ANTES DE ESTE TIEMPO, MUCHO ANTES DE ESTE MUNDO. ASÍ, SIN ESFUERZO, NOS HICIMOS UNO: PADRE E HIJA, PERO MÁS QUE ESO, COMPAÑEROS INCONDICIONALES DE LA VIDA.

Mi papá, el hombre de mi vida, es esa presencia firme y amorosa que no necesitó deberes legales ni lazos obligatorios para estar. Porque él eligió estar. Y esa elección cotidiana, silenciosa y constante, es la mayor prueba de amor que puede existir. Como dice Remo Bodei (2003), “el amor no es un mandato, es un acto libre que se renueva todos los días”, y mi papá lo renueva desde siempre, sin pedir nada a cambio.

Él fue quien estuvo en cada uno de mis caminos, en cada paso incierto, en cada conquista y también en cada caída. Siempre ahí, con una mirada que contenía al mundo y una mano que jamás dejó de sostenerme. Su amor no necesitó condiciones ni contratos, porque estaba arraigado en la decisión más pura: la de amar sin reservas.

A veces, la vida no da explicaciones. Solo regala milagros en forma de personas. Y mi papá es eso para mí: un milagro cotidiano, un sostén eterno, mi raíz y mi norte. Como escribe Jorge Bucay (2010), “el verdadero padre no es quien engendra, sino quien elige serlo, quien decide amar y cuidar, sin esperar recompensa”.

Gracias, papá, por ser el ser humano más generoso que conozco. Por enseñarme con el ejemplo que el amor verdadero no tiene forma ni fórmula, pero sí tiene rostro: el tuyo. Porque nuestras miradas se eligieron, y nuestros corazones también. Y ese pacto silencioso que hicimos —más fuerte que cualquier ley— nos une por siempre.

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Con todo mi amor; tu hija
Marcela

Por Marcela Augier (Buenos Aires)

Referencias
Bodei, R. (2003). Las lógicas del delirio. Barcelona: Paidós.
Bucay, J. (2010). Cuentos para pensar. Buenos Aires: Editorial Sudamericana.