ERA UNA ISLA MUY LEJANA CASI PERDIDA EN EL MAR, DE AQUELLOS LUGARES CASI OLVIDADOS POR DIOS Y LA OPULENCIA HUMANA.
Allí vivía Klaus en una rústica pero hermosa casa hecha de troncos de árboles.
En su hogar abundaba el amor, su esposa era la esperanza que alentaba al gran leñador a construir todos los días muchos juguetes de madera, movido por el sueño de tener hijos y alegrar las sonrisas de los pequeños con aquellas creaciones.
También en el pueblo vivían gentes malas; la disputa era entre dos familias que se odiaban y mantenían a su alrededor malas vibras que intoxicaban hasta el agua de beber.
Jasper era un chico rico y malcriado que su padre quería llevar a correctivos y en tal desesperación lo envió a esa isla lejana, con el fin de encontrar cordura y aventuras que cambiaran la conducta y el carácter del muchacho.
Entre tanto la esposa del leñador enferma gravemente y muere, Klaus decide romper con el mundo y el dolor lo encierra tras una personalidad áspera y dura.
Jasper llega al pueblo enviado como cartero; tenía una meta de enviar 6000 cartas, algo que era imposible en aquel lugar malvado por naturaleza, pero si no lo hacía perdía sus lujos y dinero.
Así de simple y con las tragedias e infortunios de la vida, comienzan a ocurrir cosas buenas que evidencian que la esencia divina está cargada de abundantes acciones lindas de admirar.
Y cuentan que Jasper preocupado cuando llegó a la isla por lo difícil que le sería enviar 6000 cartas se dispuso a visitar a cada habitante.
Conoció cada familia y la amargura que encerraban en sus casas.
Los niños eran su principal preocupación porque no jugaban, no iban a la escuela y la pobre maestra soñaba con escapar de aquella pesadilla.
Ya cuando no le quedaba más que hacer, Jasper ve en lo más profundo del bosque una colina que tenía una imponente casa de troncos de árboles, era el hogar de Klaus.
Al llegar toca la puerta y no había nadie; entró y se sorprendió al ver la cantidad de juguetes que había en la vivienda.
Jasper andaba con la única carta que había conseguido la del hijo del cazador que le había dado un dibujo de un juguete y su nombre.
En ese momento llega Klaus con su imponente traje de leñador y las grandes botas que combinaban con su sombrero y su blanca barba.
Jasper se asustó tanto que salió corriendo olvidando la carta del niño.
Al otro día, el niño que escribió la carta andaba contento con un juguete y les contó a sus amigos que le había entregado al cartero la carta donde dibujó el juguete de sus sueños y que al despertar junto a él estaba el juguete.
Entonces todos los niños del pueblo comenzaron a escribir cartas pidiendo el juguete de sus sueños y se las enviaban al cartero para ver si la magia le traía su juguete.
Entonces Jasper volvió a ir a la casa del leñador enfrentando sus miedos y logró convencer a Klaus de cumplir con los sueños de los niños; y así se pusieron manos a la obra todas las noches en un carretón tirado por renos iban casa por pasa dejando juguetes a los niños.
Y así la maestra volvió a sonreír, ya que los niños que no habían escrito sus cartas querían aprender a escribir para recibir su regalo y las aulas se llenaron de niños motivados por el saber y la enseñanza.
Klaus logró sentir el amor de su esposa a través de los niños que, complacidos, usaron los juguetes que él construyó. Y Jasper logró enviar 6000 cartas, o sea conservó sus riquezas. Pero cuenta la leyenda que nunca se fue de la isla, se casó con la maestra y fueron muy felices, tanto que la noticia sobrepasó las barreras geográficas y, dicen, que todavía andan Klaus y Jasper repartiendo regalos los días 25 de diciembre, a todos los niños buenos que piden un juguete.
La más grande enseñanza de este cuento es que cada ser humano puede sacar de los golpes y situaciones frustrante de la vida, la parte positiva y, con esa hacer, la diferencia construyendo sonrisas de amor y paz, obrando por todo el mundo a seres que lo necesitan, por el solo hecho de cambiar el enojo por una sonrisa, es suficiente.
Marcos Antonio Carnero Cruz
(Cuba)


