La ciencia cambió el foco: el cáncer de ovario podría originarse en las trompas de Falopio

EN LOS ÚLTIMOS AÑOS, LA INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA PERMITIÓ AVANZAR SIGNIFICATIVAMENTE TANTO EN EL CONOCIMIENTO DE LA ENFERMEDAD COMO EN SUS TRATAMIENTOS. LA HIPÓTESIS ACTUAL ES QUE EL CÁNCER DE OVARIO SE ORIGINA EN REALIDAD EN LAS TROMPAS DE FALOPIO, LO QUE MODIFICÓ ESTRATEGIAS PREVENTIVAS Y QUIRÚRGICAS

El Cáncer de Ovario es una enfermedad que se encuentra en tercer lugar dentro de los tumores ginecológicos, por detrás del cáncer de cuello uterino y endometrio. A pesar de esto, continúa siendo una de las principales causas de muerte por cáncer ginecológico en el mundo. El gran desafío sigue siendo el mismo: la mayoría de los casos se detectan en etapas avanzadas, cuando el tumor ya se ha expandido fuera de los ovarios y las posibilidades de tratamiento curativo disminuyen considerablemente. Según la American Cancer Society, los síntomas iniciales suelen ser poco específicos y fácilmente confundibles con otros trastornos digestivos o urinarios, lo que dificulta el diagnóstico temprano.

En Argentina, el cáncer de ovario continúa representando una problemática sanitaria relevante. De acuerdo con el Observatorio Global del Cáncer (GLOBOCAN, por sus siglas en inglés Global Cancer Observatory), desarrollado por la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC, International Agency for Research on Cancer), perteneciente a la Organización Mundial de la Salud (OMS), Argentina registró más de 130.000 nuevos casos de cáncer en 2020 considerando ambos sexos, posicionándose entre los países latinoamericanos con incidencia media-alta de cáncer. En el caso específico del cáncer de ovario, distintas estimaciones epidemiológicas utilizadas por el Instituto Nacional del Cáncer y publicaciones científicas regionales indican que en el país se diagnostican alrededor de 2.200 casos nuevos por año. Además, la base Cancer Today de IARC-GLOBOCAN actualizó en 2024 sus estimaciones mundiales utilizando datos de 2022 para incidencia y mortalidad por cáncer en 185 países.

Uno de los mayores obstáculos es que sus síntomas suelen ser inespecíficos y confundirse con trastornos digestivos, urinarios o cambios hormonales cotidianos. Distensión abdominal persistente, sensación de hinchazón, dolor pélvico o abdominal, necesidad frecuente de orinar, pérdida de apetito o sensación de saciedad rápida son algunos de los signos más comunes. Sin embargo, cuando estos síntomas aparecen de forma repetida, progresiva y durante varias semanas, los especialistas recomiendan realizar una consulta médica. La American Cancer Society y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, Centers for Disease Control and Prevention) remarcan que la persistencia de estos síntomas es una de las principales señales de alerta.

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El cáncer de ovario puede afectar a mujeres de distintas edades, aunque el riesgo aumenta significativamente con el paso de los años teniendo su mayor incidencia (fuera de causas genéticas) entre 60-65 años. Existen además factores predisponentes claramente identificados: antecedentes familiares de cáncer de ovario o mama, mutaciones genéticas hereditarias como BRCA1 y BRCA2 (genes vinculados a la reparación del ADN y asociados también al cáncer de mama), síndrome de Lynch, obesidad, endometriosis y ciertos antecedentes reproductivos, como no haber tenido embarazos. La evidencia científica también demuestra que las mujeres portadoras de mutaciones BRCA presentan un riesgo considerablemente mayor de desarrollar este tumor a lo largo de la vida.

En los últimos años, la investigación científica permitió avanzar significativamente tanto en el conocimiento de la enfermedad como en sus tratamientos. La hipótesis actual es que el cáncer de ovario se origina en realidad en las trompas de Falopio, lo que modificó estrategias preventivas y quirúrgicas. Además de la cirugía y la quimioterapia, que continúan siendo pilares terapéuticos, se incorporaron terapias dirigidas que cambiaron el pronóstico de muchas pacientes. Entre ellas se destacan los inhibidores PARP (Poly ADP-ribose Polymerase, un grupo de proteínas involucradas en

la reparación del ADN celular), medicamentos diseñados especialmente para tumores con alteraciones genéticas específicas, que lograron prolongar la sobrevida y mejorar el control de la enfermedad en numerosos casos, terapéuticas como el hipec en escenarios muy específicos.

Otro cambio importante es la creciente incorporación de estudios genéticos y asesoramiento oncológico familiar. Actualmente, múltiples guías internacionales recomiendan evaluar mutaciones hereditarias en pacientes con cáncer de ovario epitelial, no solo para orientar tratamientos personalizados sino también para identificar familiares con riesgo aumentado y establecer medidas preventivas tempranas. Organismos como el Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos remarcan que la medicina personalizada ya forma parte central del abordaje terapéutico de esta enfermedad.

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A diferencia de otros tumores, todavía no existe un método de screening efectivo para la población general que permita detectar el cáncer de ovario de manera temprana. Por eso, la prevención se enfoca especialmente en reconocer factores de riesgo, mantener controles ginecológicos periódicos y promover la consulta temprana ante síntomas persistentes. Algunas medidas, como el uso prolongado de anticonceptivos orales en determinados contextos, el embarazo o la lactancia, se asociaron a una reducción del riesgo, aunque siempre deben evaluarse de forma individual junto al médico tratante

La información, la consulta temprana y el acceso a diagnósticos y tratamientos adecuados siguen siendo herramientas fundamentales para enfrentar una enfermedad que todavía necesita más conciencia social, más investigación y más detección oportuna.

Federico Bianchi (MN 134936)
Jefe del Servicio de Ginecología y Mastología
Hospital Alemán