EN EL IMAGINARIO COLECTIVO EMPRESARIAL, LA PALABRA OCIO CARGÓ HISTÓRICAMENTE CON UNA CONNOTACIÓN NEGATIVA, CASI COMO UN SINÓNIMO DE PÉRDIDA DE TIEMPO O FALTA DE PRODUCTIVIDAD. SIN EMBARGO, LA MIRADA PROFESIONAL SOBRE EL JUEGO DE MESA MODERNO PROPONE UNA REDEFINICIÓN ABSOLUTA DE ESTE CONCEPTO.
Sandra Vissani, especialista en recreación y fundadora de Homo Ludens, sostiene que el juego no es una pausa en el trabajo, sino un espacio de “incertidumbre controlada” donde emergen los comportamientos más auténticos de un profesional. Según Vissani, uno juega como es y, en el tablero, resulta imposible sostener una ficción. Allí emergen conductas que no se detectan en una entrevista tradicional o en una charla técnica: la capacidad de pedir ayuda, la gestión del error propio, el aislamiento o la habilidad para priorizar el objetivo común por sobre el ego individual.
“Estamos rompiendo el mito de que jugar en la oficina es perder el tiempo. Hoy, las empresas líderes buscan ‘engagement’ y autenticidad; el tablero de juego es el único lugar donde la jerarquía se horizontaliza y aparece el talento natural”, asegura Juan Del Compare, Marketing Manager de Devir Argentina. La introducción de editoriales de juegos modernos como Devir en el ámbito de los Recursos Humanos responde a una necesidad crítica de las organizaciones actuales: convertir las habilidades blandas o soft skills en conductas observables, entrenables y medibles. En una sala de selección de personal o en una jornada de team building, un tablero de estrategia funciona como un laboratorio social. “No se trata simplemente de pasar un momento ameno, sino de generar una transferencia directa entre lo que sucede en la mesa y lo que ocurre en el día a día de la oficina”, asegura Vissani, que agrega: “Cuando un equipo se enfrenta a una mecánica de juego, se ve obligado a acordar prioridades, a comunicarse bajo fricción y a ejercer un pensamiento estratégico en tiempo real”.
La efectividad de esta metodología fue probada incluso en los sectores más rígidos y técnicos de la industria. Vissani relata experiencias en pozos petroleros de Neuquén o en parques eólicos, donde el juego sirvió para integrar a líderes formados en el oficio con nuevos profesionales de perfil académico internacional. “La herramienta lúdica logra romper las barreras jerárquicas y generacionales, permitiendo que un operario y un gerente de planta compartan un objetivo común bajo reglas equitativas”, destaca la especialista. La transferencia es tan real que se ve reflejada en la mejora de indicadores concretos, como la reducción de errores en exámenes de seguridad o la optimización de los procesos de venta tras una sesión de juego. Como afirma la especialista, cualquier contenido que se pase por el cuerpo y se viva a través de la experiencia lúdica es mucho más potente que cualquier presentación estática.
Herramientas lúdicas para el desarrollo de competencias críticas
Para entender cómo implementar esta tendencia, es fundamental identificar los juegos que funcionan como catalizadores de habilidades específicas. Un referente ineludible es el Carcassonne, un juego de colocación de losetas que simula la construcción de un territorio medieval. En términos corporativos, este juego es un máster en toma de decisiones y gestión de recursos escasos. Cada jugador debe decidir si arriesga sus seguidores para obtener beneficios inmediatos o si colabora en la construcción de una estructura mayor que beneficie al conjunto. “Carcassonne es flujo, es la capacidad de tomar decisiones y entender que, si me equivoco, la responsabilidad es mía“, explica Vissani. Este juego permite trabajar la visión sistémica y el planeamiento a largo plazo, obligando a los líderes a ver el mapa completo antes de ejecutar un movimiento.
Otro pilar en las capacitaciones de alto rendimiento es Código Secreto, un juego de comunicación y deducción que desafía la capacidad de síntesis y la escucha activa. En este tablero, un guía debe dar pistas de una sola palabra para que su equipo identifique objetivos específicos, evitando malentendidos que podrían ser fatales para la partida. Es una herramienta extraordinaria para trabajar la “comunicación ecológica” y detectar brechas en el lenguaje interno de una organización. “A menudo, el juego revela que lo que un líder cree estar comunicando con claridad es interpretado de forma totalmente distinta por sus colaboradores”, añade la especialista. En entornos profesionales, donde un mensaje mal interpretado puede derivar en un retrabajo o en una pérdida financiera, Código Secreto funciona como un entrenamiento preventivo invaluable.
Cuando el objetivo es trabajar la resiliencia y la tolerancia a la frustración, las experiencias de la serie Exit resultan determinantes. Estos juegos de estilo escape room de tablero sumergen a los participantes en situaciones de presión temporal y acertijos complejos que requieren de una cooperación absoluta. En empresas donde el trabajo bajo presión es la norma, como en el sector logístico o energético, los juegos de Exit permiten observar quién toma el liderazgo de forma impulsiva y quién logra mantener la calma para analizar los datos nuevos. La frustración es parte del proceso lúdico y aprender a gestionarla en el tablero prepara al profesional para enfrentar las urgencias reales con una mentalidad más flexible y menos reactiva.
Para abordar conflictos de integración o fusiones de empresas, los juegos cooperativos de gestión de crisis son los más demandados: eliminan la competencia interna y enfocan toda la energía del grupo hacia una amenaza externa o un objetivo superior, instalando la lógica de que el éxito de uno depende necesariamente del desempeño del otro.
Finalmente, juegos de ritmo rápido y reglas sencillas son esenciales para romper el hielo en entornos donde el idioma o la cultura pueden ser una barrera inicial. Juegos que requieren explicaciones de menos de tres minutos permiten que líderes de diferentes países se mezclen con el personal operativo de forma distendida. “Estos momentos de risa o incluso de pequeños exabruptos competitivos son fantásticos para humanizar la jerarquía”, sostiene Vissani.
“En un mundo corporativo cada vez más mediado por pantallas y algoritmos, el tablero propone un reencuentro analógico indispensable. Mirarse a los ojos, interpretar el lenguaje no verbal del otro y construir algo juntos sobre la mesa genera un tipo de vínculo y confianza que ninguna plataforma puede reemplazar”, destaca Del Compare. En definitiva, el juego moderno no es una moda, sino un lenguaje universal que permite leer a las personas en su estado más puro. Como concluye Vissani, el tablero es un espacio donde se deja de actuar y se empieza a ser, proporcionando a las empresas el “oro” de convertir el potencial humano en conductas medibles y transformadoras.

