EN EL DÍA DE NUESTRA BODA
¡Te quiero porque siempre serás mi inmensidad!
¡Te quiero porque ostento tu fina lealtad!
Tu frente detectora, tu rostro humedecido,
el ritmo de tus labios abiertos al antojo;
tu boca cuando dice el rezo bendecido
y acoge los fulgores del crítico sonrojo!
¡Te adoro porque en ti florea la azucena!
¡Te adoro porque en ti la sílaba resuena!
El eco de la brisa, tu aliento sacudido
por trémulas caricias de amparo en el deseo;
de vaho y de silencio, de grito interrumpido,
de beso prolongado después del devaneo!
Surgiste, flor divina, el día portentoso
que el cielo justiciero, azul y luminoso,
surtiera a tu cobijo almíbar de cariño;
y vívida esperanza al fruto que viniere,
que, tierno en tu regazo, amable te impartiere
la gloria, por ser madre; y el llanto, por ser niño.
Mario Ordóñez Moreno, poeta y escritor

