ELLA SE SENTÓ AL BORDE DEL ABISMO,
JUNTO A MÍ CUERPO YERTO,
EN MI ENORME CAMA,
PARA MÍ, EL MÁS DESOLADO DESIERTO.
Miré hacia el costado,
ellos mis peludos hijos después de lamer mi rostro se alejaron.
Los vi temblando,
ahí supe que ella era quien no nombramos.
Su rostro tapado bajo una ceda negra,
le pregunté ¿por mí has venido?
ni se te ocurra llevarte a ninguno de ellos.
Me respondió
entre llanto y susurrando
estoy perdida aquí he caído.
Soy, soy lo contrario de la paz,
por eso una y otra vez vuelvo, cumplo un pacto solo llevo si ya está muerto.
No sé cuantas maldades he hecho,
años tras años de siglos enteros,
por eso este trabajo es el que me merezco.
El peso en mi espalda y también en el pecho,
de ver el miedo, el dolor y el sufrimiento que causo cuándo llego.
Déjame descansar unos minutos
y como humo quedó echa un bollo en el suelo.
Por la madrugada en su lugar escrito con llanto,
apenas pude leerlo,
no he cumplido mi misión,
vuelvo a mi aposento.
Sandra Franco (Tanti)
Córdoba, Argentina

