Expulsada del paraíso

LLEVABA MESES, SIN ESCRIBIR, ABSOLUTAMENTE ANESTESIADA, DOLIDA Y AVERGONZADA POR SITUACIONES QUE ALGUNOS CONOCEN Y QUE TIENEN QUE VER CON LA VIOLACIÓN DE DERECHOS DE AUTOR DE MI LIBRO, RETRATO DE UN AMANTE HOLANDÉS Y POSTERIOR REIMPRESIÓN, TAMPOCO AUTORIZADA, POR LA UNIVERSIDAD INDUSTRIAL DE SANTANDER.

Luego de tanto silencio, en una especie de recogimiento, físico y mental, ayer, en alguna conversación casual, me escuché decir una frase que tuvo efectos colaterales imprevisibles, “me sorprende que aun siga viva”.

Y la sentí como una especie de renacimiento, si pude sobrevivir, ahora tendré fuerzas para superarlo y confrontar a los agresores. En su momento, para denunciar el daño, acudí a las instancias que tenía como recurso más fácil, dada mi situación de inmigrante sin domicilio fijo; derecho de petición, tutela, solicitud de reparación a través de organismos como la Dirección Nacional de Derechos de Autor, la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, incluso el Ministerio de Educación.

Ninguna de esas solicitudes de mediación tuvo mayor eco que la respuesta de mensajes que señalaban la imposibilidad, la falta de competencia o la autonomía universitaria.

A veces, cuando llegaba algún mensaje, ya quebrada por el dolor y la angustia, anticipaba su contenido. El daño por mala fe tiene repercusiones agotadoras que te minan y deterioran hasta preguntarte si vale la pena iniciar una batalla, de pie, frente a un bloque de cemento, custodiado por centinelas absolutamente preparados para ejercer cualquier defensa y disparar a cualquier movimiento.

Mi libro en ese castillo constituía una victoria de su Editorial Universitaria.

Y entonces, cuando decidí señalar un valor por la publicación y reimpresión, cerraron filas a mi alrededor, subieron los puentes levadizos y activaron un mecanismo para protegerse de invasores, convirtiéndose en una fortaleza infranqueable regida por abogados expertos en prolongar agonías.

LEER  Osigu destina más de 6 millones de dólares a sus operaciones en Colombia para impulsar la sostenibilidad financiera del sector salud

Todo esto, mientras en redes sociales enseñan sonrisas, resultados, becas, promociones, ceremonias, actas de grado, conciertos, fiestas navideñas.

Vi eventos multitudinarios con asistentes que desplegaban banderines de colores, celebrando, destacando, usando camisetas con el logo que representara esa causa universitaria, como si fuese un fortín político y no educativo.

Y de repente, comprendí el engaño, el juego macabro, el trueque, si acatas nuestras políticas autoritarias tienes derecho a disfrutar del sano esparcimiento de nuestros escenarios físicos, salones, laboratorios y bibliotecas. Pero si te quejas, si no estás dispuesta a formar parte de esta simulación académica o a convertirte en una pieza de utilería del auditorio, es decir, si eres una voz disonante, si te crees con el derecho de cobrar por nuestros servicios, cuando no formas parte de nuestro equipo, serás expulsada del paraíso.

Karim Quiroga (Colombia)