LA CONSERVACIÓN DE LOS BOSQUES NATIVOS, LA RESTAURACIÓN DE ÁREAS DEGRADADAS Y EL USO DE ENERGÍAS RENOVABLES SON ALGUNAS DE LAS ACCIONES QUE PUEDEN CONTRIBUIR A REDUCIR EL IMPACTO AMBIENTAL Y FORTALECER LA RESILIENCIA DE LOS ECOSISTEMAS.
Cada 24 de octubre se conmemora el Día Internacional contra el Cambio Climático, una fecha que busca poner en agenda la necesidad de acelerar las acciones frente al calentamiento global y sus impactos ambientales, sociales y económicos. Una efeméride ampliamente difundida a nivel internacional, -aunque no ha sido formalmente establecida aún por Naciones Unidas,- funciona como una oportunidad para visibilizar que la respuesta al cambio climático no depende únicamente de reducir emisiones, sino también de proteger ecosistemas, restaurar áreas degradadas y promover modelos productivos capaces de sostenerse en el largo plazo.
El cambio climático no es únicamente un desafío ambiental: también tiene consecuencias directas sobre la vida cotidiana y el desarrollo de las comunidades. El aumento de las temperaturas, las sequías, las inundaciones y la alteración de los patrones de lluvia afectan la disponibilidad de agua y alimentos, la salud, las condiciones de trabajo y los medios de vida, con un impacto especialmente fuerte sobre las poblaciones más vulnerables. En este sentido, abordar la crisis climática también implica fortalecer la resiliencia social y económica, reducir desigualdades y promover soluciones que permitan proteger tanto los ecosistemas como a las personas que dependen de ellos.
En este contexto, Suzano avanza con una estrategia que integra producción forestal, conservación de la biodiversidad y acción climática. De acuerdo con su Reporte de Sustentabilidad 2025, la compañía removió 43,3 millones de toneladas de CO₂ equivalente de la atmósfera desde 2020, superando en un 8,3% su meta de alcanzar 40 millones de toneladas en ese período. Solo durante 2025, el saldo positivo de remociones alcanzó 13,9 millones de toneladas de CO₂ equivalente.
La conservación de los ecosistemas es otro de los ejes de esta estrategia. Durante 2025, la mayor productora mundial de celulosa con más de 100 años de historia, contribuyó a conectar 55.366 hectáreas de fragmentos de vegetación nativa mediante corredores ecológicos, llevando el acumulado desde 2021 a 214.368 hectáreas conectadas. Estos corredores permiten vincular áreas naturales que estaban aisladas y favorecer el desplazamiento de especies, la recuperación de la cobertura vegetal y la conservación de la biodiversidad. La compañía se propuso alcanzar las 500.000 hectáreas de áreas prioritarias conectadas para la conservación de la biodiversidad hacia 2030.
El modelo también contempla la conservación de grandes extensiones de vegetación nativa. La compañía mantiene aproximadamente 1,1 millones de hectáreas de áreas conservadas, mientras desarrolla su actividad forestal bajo un esquema que combina áreas productivas, conservación, restauración y conectividad entre fragmentos de bosque. A esto se suma que el 90% de la energía utilizada por la compañía proviene de fuentes renovables, otro de los componentes de su estrategia de descarbonización.
“La discusión sobre cambio climático nos obliga a pensar más allá de las emisiones y a mirar cómo producimos, qué recursos utilizamos y qué ecosistemas somos capaces de conservar y recuperar. En una actividad que trabaja con ciclos de largo plazo, la sustentabilidad no puede ser un concepto aislado: tiene que estar integrada a las decisiones del negocio y a la forma en que gestionamos los recursos naturales”, señala Iván Espósito, CEO de Suzano Argentina.
El abordaje ambiental se complementa con iniciativas vinculadas al desarrollo social. En 2025, las acciones e iniciativas de Suzano y sus alianzas externas alcanzaron a más de 141.000 personas en sus territorios de operación, mientras que más de 44.000 personas lograron superar la condición de pobreza con apoyo de estos programas. La compañía mantiene, además, el compromiso de contribuir a que 200.000 personas superen la línea de pobreza hacia 2030.
Frente a un escenario en el que los efectos del cambio climático impactan sobre los ecosistemas, las comunidades y las actividades productivas, la integración entre acción climática, conservación de la biodiversidad y desarrollo social aparece como uno de los principales desafíos para avanzar hacia modelos de crecimiento más resilientes.





