Día de la Madre: del mandato a la elección, cómo cambia la idea de maternar

EL DÍA DE LA MADRE LLEGA EN UN CONTEXTO DE PROFUNDAS TRANSFORMACIONES EN LA MANERA DE PENSAR LA FAMILIA Y LA MATERNIDAD. EN ARGENTINA, LOS NACIMIENTOS DESCENDIERON CASI UN 50% EN LOS ÚLTIMOS DIEZ AÑOS: PASARON DE 777.012 EN 2014 A 413.135 EN 2024. A ESTO SE SUMA UNA TASA DE FECUNDIDAD DE 1,3 HIJOS POR MUJER, LA MÁS BAJA DE LA HISTORIA, Y UN CORRIMIENTO DE LA MATERNIDAD HACIA EDADES CADA VEZ MAYORES.

Este cambio demográfico también expresa una transformación cultural. Según investigaciones de Trendsity, el 78% de las personas en Argentina en edad de procrear considera que no todas las personas tienen intención de ser padres o madres, mientras que el 67% afirma que tener hijos dejó de ser un mandato.

“La familia no se ‘tiene’ sino que se planifica cuando hay varias cosas resueltas idealmente, o al menos algunas de ellas: trabajo, vivienda, estabilidad económica, deseo real versus mandato”, explica Mariela Mociulsky, CEO de Trendsity.

Así, la maternidad deja de responder a un único guión. La decisión de tener hijos aparece cada vez más vinculada con las condiciones concretas de vida, pero también con la posibilidad de elegir cómo, cuándo y bajo qué circunstancias construir una familia.

Entre la autonomía y la nostalgia
La transformación de la maternidad convive, a su vez, con un fenómeno aparentemente contradictorio: mientras crecen los discursos vinculados con la autonomía, la postergación de la maternidad y la posibilidad de no tener hijos, en redes sociales también ganan visibilidad figuras asociadas a modelos familiares más tradicionales, como las llamadas tradwives.

Para Mociulsky, no necesariamente se trata de dos posiciones enfrentadas, sino de distintas respuestas frente a una misma incertidumbre. “La nostalgia no es por el pasado real sino por lo que prometía contención y seguridad. No es que extrañen ocuparse de las tareas del hogar, sino un contexto familiar presente, no estar solas para la crianza, o no vivir la decisión con tanta incertidumbre”.

En este sentido, muchas mujeres buscan combinar autonomía, trabajo y vínculos familiares, pero sin resignar tiempo para criar ni cargar individualmente con las tareas de cuidado.

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La aparente contradicción también puede convivir dentro de una misma persona. Una mujer puede priorizar su carrera, postergar la maternidad o incluso decidir no tener hijos y, al mismo tiempo, sentirse atraída por una representación más tradicional de la familia.

“No es contradicción, es la misma búsqueda: que maternar no sea una renuncia a la autonomía, y que la autonomía no sea sinónimo de soledad”, sostiene Mociulsky.

Cuando maternar deja de ser una experiencia individual
En este escenario, la búsqueda de acompañamiento adquiere un nuevo valor. Las formas de maternar se diversifican y, con ellas, también aparecen nuevas redes de intercambio entre personas que comparten experiencias, consejos y distintas maneras de atravesar la crianza.

Trendsity identifica este fenómeno a través del concepto de “tribus de crianza”: comunidades que se construyen tanto en espacios cotidianos como a través de las redes sociales y que permiten compartir información, experiencias y formas de resolver los desafíos de la maternidad.

Esta dinámica también abre una oportunidad para las marcas, que pueden dejar de pensar a las madres como un segmento homogéneo y comenzar a vincularse con las comunidades que se forman alrededor de sus intereses y necesidades.

Nuevas formas de cuidar y construir vínculos
La transformación de la familia también modifica la forma en que se construyen los vínculos de cuidado. En la Ciudad de Buenos Aires hay casi el doble de mascotas que niños menores de 14 años, un dato que refleja nuevas formas de convivencia y de organización afectiva.

Sin embargo, no se trata de que las mascotas estén reemplazando a los hijos. El fenómeno responde a una reorganización del cuidado, atravesada también por los tiempos, los costos y las condiciones de vida actuales.

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Desde esta perspectiva, la maternidad de cuidado se vuelve más abarcativa y la categoría de “madre” se vuelve más porosa. El vínculo puede construirse a través de un hijo, un sobrino, una familia ensamblada, una mascota o incluso una red de personas que se acompañan y comparten las tareas de cuidado.

“El Día de la Madre no desaparece, sino que se resignifica”, afirma Mociulsky. “El Día de la Madre ya no celebra solo a la que parió, celebra a la que cuida”.

En una sociedad donde tener hijos dejó de ser un mandato y donde conviven distintos modelos familiares, la fecha puede leerse entonces como un reflejo de una transformación más profunda: ya no existe una única forma de ser madre, de formar una familia ni de construir vínculos de cuidado.