EN EL MARCO DEL DÍA MUNDIAL DEL ACV, ESPECIALISTAS DE CENTRO HIRSCH ADVIERTEN QUE ES UN MITO PENSAR QUE, PASADO DETERMINADO TIEMPO, YA NO EXISTEN POSIBILIDADES DE MEJORA. LA REHABILITACIÓN PUEDE GENERAR AVANCES MESES E INCLUSO AÑOS DESPUÉS. EL CASO DE FABIÁN ELÍA, QUIEN SUFRIÓ UN ACV MIENTRAS CORRÍA UNA CARRERA DE AVENTURA Y DEBIÓ VOLVER A APRENDER A CAMINAR, MUESTRA CÓMO RECUPERAR AUTONOMÍA SE CONSTRUYE A PARTIR DE PEQUEÑOS GRANDES LOGROS.
Sentarse sin ayuda, sostener un vaso, ponerse de pie, vestirse o volver a caminar. Después de un ataque cerebrovascular (ACV), acciones que formaban parte de la rutina pueden transformarse en objetivos centrales de un proceso de rehabilitación. Y aunque los avances más rápidos suelen observarse durante las primeras semanas y meses, eso no significa que después se terminen las posibilidades de recuperación.
En el marco del Día Mundial del ACV, que se conmemora cada 29 de octubre, desde Centro Hirsch buscan derribar una de las ideas que más puede desalentar a pacientes y familias: creer que después de los primeros meses “ya no hay nada por hacer”.
“Un paciente puede seguir mejorando meses e incluso años después de un ACV. Es posible que los avances sean más lentos o que haya que cambiar las estrategias, pero eso no significa que ya no haya nada por hacer. También es importante conservar lo logrado y encontrar nuevas maneras de desenvolverse con mayor autonomía”, explica Andrea Legarreta (MN 180.143), Jefa de Rehabilitación, de Centro Hirsch.
La rehabilitación comienza desde la internación, con una evaluación temprana y cuidados adaptados a cada persona. En cuanto su condición clínica lo permite, se empieza a trabajar progresivamente sobre la movilidad y las actividades cotidianas. Comenzar temprano ayuda a prevenir complicaciones asociadas al reposo y favorece la recuperación, aunque especialmente durante las primeras 24 horas debe evitarse una movilización intensa y respetarse la indicación del equipo tratante.
Los primeros objetivos suelen ser concretos: encontrar posiciones cómodas y seguras, recuperar movimientos y, cuando sea posible, sentarse, pasar de la cama a una silla o ponerse de pie. “Cada logro prepara el siguiente. Los objetivos se acuerdan con el paciente y se ajustan a su situación: no todos empiezan desde el mismo lugar ni necesitan lo mismo”, señala Legarreta.
Volver a aprender después de un ACV
Fabián Elía tenía 62 años cuando sufrió un ACV de manera inesperada mientras participaba de una carrera de aventura en Ramallo. En pleno recorrido comenzó a tropezar y perder el equilibrio sin comprender qué estaba sucediendo. Pese a realizarse controles médicos periódicos, nunca había presentado dolores de cabeza ni síntomas previos de alarma.
Fue trasladado a un hospital de San Nicolás, donde recibió el diagnóstico, y una vez estabilizado fue derivado a Centro Hirsch. Al ingresar, le resultaba difícil comprender y asimilar su nueva situación. Permaneció internado aproximadamente cinco meses y debió volver a aprender muchas actividades desde cero, incluida la marcha, acompañado por un equipo multidisciplinario.
En el proceso de Fabián también fue clave el acompañamiento de sus hijas. Había quedado sin pareja cuando ocurrió el ACV y encontró en ellas una red de contención fundamental para atravesar la rehabilitación.
Tras obtener el alta de la internación, continuó su tratamiento bajo la modalidad de rehabilitación de día. Actualmente vive solo y ha logrado construir nuevamente una rutina propia. Se prepara el desayuno, toma mates por la mañana, puede ir al baño de manera independiente y mantiene limpio su hogar: se desplaza en silla de ruedas y se levanta para barrer tramo por tramo.
El cerebro puede seguir aprendiendo
La recuperación se apoya en la neuroplasticidad, la capacidad del cerebro de reorganizar sus conexiones y aprender nuevas maneras de realizar una tarea. En las primeras semanas y meses suelen observarse avances más rápidos, pero esa posibilidad no desaparece de manera abrupta a los tres o seis meses.
La rehabilitación busca aprovechar esa capacidad mediante la práctica y la repetición de actividades con un propósito concreto. “Si el objetivo es vestirse, practicamos esa actividad; si es caminar hasta el baño, entrenamos ese recorrido y los movimientos que requiere”, explica Legarreta.
La intensidad y frecuencia del tratamiento se definen según las necesidades, la condición clínica y la tolerancia de cada persona. La continuidad es fundamental, al igual que incorporar prácticas seguras a la rutina cotidiana. La familia también cumple un papel central: debe acompañar y alentar, pero evitando hacer por la persona aquello que todavía puede realizar por sí misma o exigirle más de lo que tolera.
Error, no group ID set! Check your syntax!Para Fabián, la rehabilitación también significa seguir 1 metas. Su experiencia le dejó un mensaje para quienes están comenzando un camino similar: “Nunca hay que quedarse quieto. Hay que ir siempre para adelante y tratar de mantenerse en modo positivo”.
Hoy mantiene un objetivo que resume su forma de atravesar la recuperación: volver algún día a probarse en una maratón.
“Después de un ACV, algo que parece pequeño —sentarse sin ayuda, sostener un vaso o volver a vestirse— puede cambiar muchísimo la vida cotidiana. Rehabilitar es acompañar a la persona para que vuelva a participar, decidir y hacer aquello que es importante para ella”, concluye Legarreta.

