Del pasanaku a la propiedad: una interesante forma de ser dueño

EL PASANAKU BOLIVIANO ES UNA DE ESAS IDEAS QUE, CUANDO LAS MIRÁS DE CERCA, TE OBLIGAN A PREGUNTARTE POR QUÉ NO ESTAMOS BUSCANDO MÁS SOLUCIONES ASÍ PARA QUE CADA VEZ MÁS PERSONAS PUEDAN SER DUEÑAS DE UNA PROPIEDAD.

La idea es sencilla. Un grupo de personas se organiza, cada una aporta una determinada cantidad de dinero todos los meses y, en cada período, uno de los integrantes recibe el total reunido. En el sistema que desarrollamos a partir de esa lógica, el objetivo es llevar ese mecanismo de ahorro colectivo al mercado inmobiliario y convertirlo en una herramienta concreta para acceder a una vivienda.

Si diez personas pueden ahorrar US$500 por mes, individualmente cada una acumularía US$6.000 al año. Pero si esas diez personas se organizan y ponen esos US$500 mensuales en un fondo común, todos los meses uno de ellos puede recibir US$5.000. El que recibe primero obtiene una herramienta para avanzar antes con la compra de su propiedad, mientras los demás continúan aportando hasta completar el ciclo.

¿Por qué me parece tan interesante? Porque uno de los grandes problemas que tenemos en Argentina es que muchas personas pueden pagar una cuota mensual, pero no tienen el capital inicial necesario para comprar una propiedad al contado. Es una diferencia enorme.

Ahí aparece el valor de pensar distinto el acceso a la vivienda. Durante décadas nos acostumbramos a imaginar que para comprar un departamento había solamente dos caminos: tener todo el dinero o conseguir un crédito hipotecario. Y si ninguno de esos dos caminos estaba disponible, parecía que no había solución.

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En el esquema que planteamos, si todos los integrantes compran una propiedad, el proceso completo puede extenderse durante 100 meses. Es decir, ocho años y cuatro meses. Pero hay algo importante: no se trata simplemente de ahorrar durante ocho años para recién entonces comprar. La lógica consiste en que, a medida que el fondo común se va formando, los integrantes van accediendo a su propiedad y continúan aportando para que los demás también puedan hacerlo. Por eso el concepto de pasanaku es interesante: más que una herramienta financiera, es una forma de pensar.

Es entender que para resolver el problema del acceso a la vivienda no tenemos que depender exclusivamente de una única institución, de un banco o de una política pública. También podemos crear mecanismos privados, voluntarios y organizados que permitan que las personas utilicen mejor su capacidad de ahorro.

Por supuesto, un sistema de estas características necesita reglas claras. Cuando juntás el dinero de muchas personas durante varios años, la confianza no puede depender solamente de la buena voluntad. Tiene que haber contratos, mecanismos de administración, reglas sobre qué ocurre si alguien deja de pagar, cómo se asignan las propiedades, cómo se actualizan los valores y cómo se protegen los intereses de todos los participantes.

Pero si logramos construir esa estructura correctamente, el concepto tiene algo muy poderoso: convierte a un grupo de personas que individualmente no tienen el capital suficiente en un grupo que sí puede acceder a una propiedad.

Y esto tiene todavía otra ventaja. Si el precio de las propiedades aumenta durante el período, el sistema tiene que contemplar esa realidad. No podemos diseñar un mecanismo de ahorro inmobiliario pensando que el valor del ladrillo queda congelado durante ocho años. Por eso, el esquema que desarrollamos contempla actualizar periódicamente los aportes tomando como referencia la evolución del valor de las propiedades, para preservar el poder de compra del fondo común.

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En definitiva, el verdadero desafío es inventar nuevas formas para que más personas puedan convertirse en propietarias. A veces, para resolver un problema grande, no hace falta inventar algo completamente nuevo. Hace falta mirar una idea que ya funcionó en otro lugar, entender qué hay detrás y adaptarla a nuestra realidad.

Por Juan Manuel Tapiola
CEO de Spazios