OBSERVA LAS MUESTRAS, EL PESO; PERO POR SOBRE TODO EL PERFUME Y SU COLOR…
ELIGE, EL QUESO DE CABRA MÁS OCRE.
CONSERVA EN LA HELADERA.
Ve, remoja por un día, y después de vigorosa limpieza y por separado en agua potable, cocina lentamente las lentejas doscientos gramos, los garbanzos cincuenta gramos y el maní sin sal ni tostado treinta gramos.
Cocinarlos por separado hasta que pierdan cáscara y dureza.
Colar y dejar enfriar.
Combinarlos luego en un bols; mix de semillas sabrosas.
Con sólo sal y zumo de limón a gusto, mezclar.
Aquí, vienen la cebolla de cáscara y catáfilas blancas en finas julianas; colocar armando diseño libre sobre las semillas.
Coronar con cuatro cubos de queso de caprino de dos centímetros; recién extraído de la nevera.
A gusto, el placer del maní hervido, el garbanzo quebrado y las lentejas blandas y oscuras con giros de aroma de picante perejil, hojitas tiernas de albaca y profundo romero también fresco; disfrutarán.
Y, envolverán al queso de cabra para decir ” deeeeelicioioioisoooo”.
Continuar luego, con una barrita de membrillo clarísimo depositado con cuidado y precisión sobre una porción, una cucharada sopera al raz de dulce de cayote tradicional.
Y, así para recordar a “Clau”; acompañar con un vino dulce blanco.
De Norma Cañizares
Del libro, a editar en breve,
“SEMILLAS, ESPIGAS Y RAÍCES”

