Cae la vacunación y se encienden las alarmas sanitarias

LA BAJA EN LAS COBERTURAS YA EMPIEZA A MOSTRAR CONSECUENCIAS CONCRETAS: ENFERMEDADES COMO EL SARAMPIÓN, LA RUBÉOLA O LA TOS CONVULSA —QUE ESTABAN BAJO CONTROL— VUELVEN A ENCENDER ALARMAS Y DEJAN EN EVIDENCIA UN RETROCESO EN LOS NIVELES DE PREVENCIÓN.

En el marco de la Semana de la Inmunización, especialistas advierten sobre un fenómeno que empieza a consolidarse tanto a nivel global como en Argentina: la generación que atravesó la pandemia está mostrando menores niveles de vacunación. Lejos de tratarse de un problema de acceso, el foco está puesto en cambios de hábitos, prioridades y percepciones de riesgo que impactan directamente en el cumplimiento del calendario.

Durante los años más críticos del COVID, millones de controles médicos fueron postergados o directamente suspendidos. Ese quiebre generó un retraso que, en muchos casos, todavía no se logró recuperar. A esto se suma un contexto donde la urgencia sanitaria dejó de ser percibida como tal, lo que redujo la adherencia a prácticas preventivas como la vacunación, especialmente en adolescentes y jóvenes.

El dato preocupa porque se trata de una generación que creció con uno de los calendarios de vacunación más completos de la historia. Sin embargo, hoy muestra signos de retroceso en coberturas clave, como las vinculadas al virus del papiloma humano (VPH), triple viral o meningococo, lo que reabre el riesgo de brotes de enfermedades que ya estaban bajo control.

En paralelo, el ecosistema de la inmunización también está cambiando. A las vacunas tradicionales del calendario se suman nuevas estrategias preventivas que amplían el alcance etario: vacunas contra el dengue, el virus sincicial respiratorio (VSR) —especialmente en embarazadas para proteger a los recién nacidos—, refuerzos contra COVID-19 y esquemas específicos para adultos mayores. Este nuevo escenario refuerza la idea de que la vacunación ya no es solo una práctica infantil, sino una herramienta clave a lo largo de toda la vida.

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“Estamos viendo un cambio claro en la conducta. Las vacunas siguen estando disponibles, pero la percepción de riesgo bajó y eso impacta directamente en la decisión de aplicarlas. El problema no es la falta de acceso, sino la pérdida de prioridad”, señala el Dr. Washington Burgos, Médico Clínico de Boreal Salud (MP 1529).

El médico también advierte que este fenómeno no responde a una única causa, sino a una combinación de factores: desde la desinformación hasta la saturación del sistema de salud durante la pandemia, pasando por nuevas dinámicas familiares y menor contacto con el sistema sanitario en etapas clave del desarrollo.

“La vacunación es una de las herramientas más efectivas que tiene la salud pública, pero necesita continuidad. Cuando se interrumpe o se retrasa, el impacto no es inmediato, pero sí acumulativo. Por eso es clave volver a poner el tema en agenda, recuperar las coberturas y entender que hoy la prevención incluye nuevas vacunas y nuevas poblaciones objetivo”, agregan desde Boreal.

En este contexto, la Semana de la Inmunización se vuelve una oportunidad clave para volver a poner el tema en agenda y reforzar el rol de la prevención como política de salud. Recuperar los esquemas atrasados, completar las dosis pendientes y promover la consulta médica son acciones concretas que pueden marcar la diferencia, especialmente en una etapa donde el riesgo no siempre es visible, pero sí creciente. Consulte aquí el calendario vigente.

El desafío ya no pasa solo por garantizar el acceso, sino por reconstruir el vínculo entre la población y el sistema de salud. Volver a instalar la vacunación como una prioridad —en todas las edades— será fundamental para evitar retrocesos y sostener uno de los mayores logros sanitarios de las últimas décadas.