BUENOS AYRES ante la tormenta energética

EL MUNDO YA NO DISCUTE SOLAMENTE MERCADOS: DISCUTE PODER. Y DENTRO DE ESE PODER, LA ENERGÍA VOLVIÓ A OCUPAR SU LUGAR EN NUESTRA HISTORIA. NO COMO VARIABLE ECONÓMICA, SINO COMO INSTRUMENTO DE DOMINACIÓN. LAS CADENAS DE SUMINISTRO SE TENSAN, LAS RUTAS SE VIGILAN, LOS CONTRATOS SE CONDICIONAN. Y DETRÁS DE TODO, UNA REALIDAD INCÓMODA: QUIEN NO CONTROLA SU ENERGÍA, NO CONTROLA SU DESTINO.

La provincia de Buenos Ayres, corazón productivo de la Argentina, está en el centro de esa encrucijada. Produce alimentos, exporta valor, concentra industria y puertos. Pero depende energéticamente de decisiones ajenas. Esa contradicción -potencia productiva con debilidad energética- es el talón de Aquiles que puede transformarse en crisis.

El problema no es abstracto. Cuando el gas sube, se encarece el transporte. Cuando el combustible escasea, se paraliza la cosecha. Cuando el mercado retrocede por sanciones o disputas geopolíticas, los puertos dejan de ser puertas de crecimiento y se convierten en cuellos de botella. En ese escenario, Buenos Ayres no es un actor protegido: es un territorio expuesto.

La referencia a Vaca Muerta suele utilizarse como garantía de abastecimiento. Es un error. Vaca Muerta es una oportunidad estratégica, pero no una solución automática. Requiere infraestructura, acuerdos estables y previsibilidad política. Sin eso, sigue siendo una promesa más que una herramienta de soberanía energética.

Frente a este cuadro, el poder político bonaerense tiene que abandonar la pasividad. Gobernar ya no es administrar: es anticipar. Y anticipar, en este contexto, significa asegurar energía.

Primero, garantizar el abastecimiento interno como prioridad absoluta. No hay desarrollo posible si la energía queda librada a la volatilidad internacional. La provincia debe impulsar acuerdos firmes con las cuencas productoras, promover la generación distribuida y expandir el uso de biogás en el entramado agroindustrial. Cada tambo, cada feedlot, cada parque industrial puede transformarse en nodo energético.

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Segundo, construir instrumentos propios. La dependencia exclusiva de esquemas financieros externos debilita cualquier estrategia. Buenos Ayres necesita herramientas de financiamiento energético propias, dentro del esquema federal de gobierno: fondos específicos, bonos productivos, mecanismos de compensación interna que amortigüen los shocks de precios. No se trata de romper con el mundo, sino de no quedar atado a sus crisis.

Tercero, reorganizar su sistema logístico. Los puertos bonaerenses -Bahía Blanca, Necochea, Mar del Plata, Dock Sud- no pueden limitarse a ser plataformas de salida. Deben convertirse en centros de control estratégico, con capacidad de almacenamiento, diversificación de proveedores y autonomía operativa frente a escenarios de conflicto.

Cuarto, impulsar una integración regional realista. El vínculo con Brasil, dentro del marco del Mercosur, no puede seguir siendo retórico. La energía debe ser eje de esa relación: interconexión eléctrica, complementariedad productiva, acuerdos de abastecimiento. En un mundo fragmentado, la escala regional es la única defensa viable.

Pero no todo recae en el Estado. El sector productivo bonaerense también debe asumir su responsabilidad histórica.

La industria tiene que avanzar hacia procesos más eficientes, reduciendo su intensidad energética. El agro debe incorporar tecnología para optimizar insumos y generar energía propia. Los consorcios portuarios deben modernizar su infraestructura para resistir interrupciones logísticas. No es una opción “verde” ni una moda: es una cuestión de supervivencia económica.

Durante décadas, la abundancia relativa de energía barata permitió postergar decisiones. Ese tiempo terminó. Hoy, la energía cara y disputada obliga a redefinir estrategias. Y quien no lo entienda, quedará fuera del juego.

El desafío es claro: o Buenos Ayres construye autonomía dentro de sus posibilidades, o se resigna a ser rehén de decisiones tomadas a miles de kilómetros. No hay punto intermedio.

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La historia enseña que las grandes crisis no avisan: irrumpen. Pero también enseña algo más importante: los pueblos que se organizan antes del golpe, resisten; los que reaccionan después, padecen.

Buenos Ayres todavía está a tiempo. Pero ese tiempo ya no es político. Es histórico.

Luis Gotte
Mar del Plata
luisgotte@gmail.com
Coautor de Buenos Ayres Humana I: la hora de tu comunidad (Ed. Fabro, 2022); Buenos Ayres Humana II: la hora de tus intendentes (Ed. Fabro, 2024); y en preparación: Buenos Ayres Humana III: La Revolución Bonaerense del Siglo XXI, las Cartas Orgánicas municipales; y, Buenos Ayres Humana IV: Junín, capital de los bonaerenses.