CADA 20 DE OCTUBRE, EL DÍA MUNDIAL DE LA OSTEOPOROSIS PONE EL FOCO EN UNA ENFERMEDAD QUE PUEDE AVANZAR DURANTE AÑOS SIN SÍNTOMAS. LA DENSITOMETRÍA, LA IDENTIFICACIÓN DE FACTORES DE RIESGO Y EL CUIDADO DE LA MASA ÓSEA DESDE ETAPAS TEMPRANAS PERMITEN ANTICIPARSE A SUS CONSECUENCIAS Y PRESERVAR LA AUTONOMÍA CON EL PASO DEL TIEMPO.
En muchos casos, la primera manifestación es una fractura. Para entonces, la pérdida de masa ósea puede estar avanzada, algo que dificulta su detección oportuna.
Según datos de la Fundación Internacional de Osteoporosis, cada año se producen más de 37 millones de fracturas por fragilidad en personas mayores de 55 años, alrededor de 70 por minuto. Y aunque solemos asociarla a las mujeres, no es un tema exclusivamente femenino: en los varones, las fracturas de cadera podrían aumentar más de un 300 % para 2050.
Estas lesiones pueden afectar distintas zonas del cuerpo. Las vertebrales son las más frecuentes, las de cadera suelen asociarse con mayores comorbilidades y pérdida de calidad de vida, mientras que las de muñeca suelen manifestarse antes y funcionar como una señal de advertencia.
Las señales de alerta
Una lesión por fragilidad también modifica el riesgo a futuro. Quien ya atravesó un episodio de este tipo tiene más probabilidades de sufrir otro si la causa de base no se diagnostica ni se trata. Las fracturas de muñeca y de vértebra se consideran «centinela» (anticipan otras fracturas) porque pueden advertir sobre una mayor vulnerabilidad ósea. La de muñeca suele presentarse alrededor de la menopausia, lo que la convierte en una oportunidad para investigar el estado de los huesos y determinar si existe osteoporosis.
Tras un episodio de este tipo, recuperar la movilidad es solo una parte del proceso, ya que también es necesario analizar el estado del tejido óseo. En algunas situaciones, los antecedentes pueden justificar iniciar un tratamiento aunque la densitometría no muestre valores compatibles con osteoporosis. La decisión depende siempre de cada caso.
Previo a que aparezca una lesión, otras señales también merecen una consulta: la pérdida de altura, una postura progresivamente encorvada o un dolor de espalda persistente sin causa aparente. La densitometría ósea permite medir la densidad del hueso y estimar el riesgo.
La menopausia merece especial atención porque la disminución de estrógenos puede acelerar la pérdida de masa ósea. El envejecimiento y la sarcopenia también intervienen. La reducción de masa muscular incrementa la fragilidad y favorece las caídas, dos factores que cobran más peso a medida que pasan los años.
La salud ósea empieza mucho antes
Durante la infancia y la adolescencia se construye buena parte del denominado capital óseo, gracias a una nutrición adecuada, un buen aporte de calcio, vitamina D, exposición solar y actividad física. Esa reserva resulta especialmente importante más adelante, cuando comienza la pérdida natural de masa ósea. A partir de los 50 años y durante la menopausia, conocer los factores de riesgo y realizar los controles indicados permite definir qué medidas necesita cada persona.
La actividad física cumple un papel central. Los ejercicios de fuerza ayudan a preservar músculos y huesos, mientras que el trabajo de equilibrio contribuye a disminuir el riesgo de caídas. Una alimentación balanceada completa esa estrategia. Cuando se requiere suplementación, debe indicarse de manera individual y bajo supervisión médica.
También existen hábitos y condiciones que pueden perjudicar la estructura ósea, entre ellos el sedentarismo, el tabaquismo, el consumo de alcohol, las dietas restrictivas, el exceso de sal o cafeína y el uso prolongado de corticoides.
Un tratamiento definido según el riesgo
La buena noticia es que hoy contamos con herramientas para anticiparnos y con tratamientos cada vez más ajustados al perfil de cada paciente. La elección depende del riesgo de fractura y de factores como la densitometría, los antecedentes de este tipo de lesiones, la edad, la menopausia, la masa muscular y otras condiciones médicas.
En las últimas décadas se ampliaron las alternativas disponibles. A los tratamientos antirresortivos, que reducen la pérdida de hueso, se sumaron medicamentos anabólicos como teriparatida y abaloparatida, que estimulan su formación, y opciones como romosozumab, que favorece la formación de hueso y al mismo tiempo disminuye su pérdida. En determinados casos, también pueden utilizarse tratamientos secuenciales para sostener los beneficios alcanzados. Además hay nuevas posibilidades terapéuticas en el horizonte que nos trae la invest clínica de la mano de nuevas opciones que se espera sean cada vez más efectivas
El Día Mundial de la Osteoporosis es una oportunidad para recordar que cuidar los huesos empieza mucho antes de una caída. Actuar a tiempo protege la movilidad, la independencia y la calidad de vida.
Esta información tiene fines divulgativos y no reemplaza la consulta médica con un profesional matriculado.
Dra. Laura Maffei (M.N.º 62441) Médica endocrinóloga e investigadora clínica. Directora de Maffei Centro Médico e Investigación Clínica Aplicada. Autora de Alicia en el país del estrés. @dralauramaffei





