CON LA LLEGADA DE LOS DÍAS TEMPLADOS SE MULTIPLICAN LAS RUTINAS AL AIRE LIBRE. ESPECIALISTAS ADVIERTEN SOBRE LOS RIESGOS DE RETOMAR EL EJERCICIO DE MANERA BRUSCA TRAS MESES DE SEDENTARISMO Y DETALLAN LAS CLAVES PARA PREVENIR ARRITMIAS, SÍNCOPES Y EVENTOS CORONARIOS.
La llegada de la primavera suele funcionar como un disparador natural para dejar atrás el encierro del invierno, calzarse las zapatillas y retomar la actividad física al aire libre. Los días más largos y las temperaturas agradables generan un aumento espontáneo de la energía y propician condiciones favorables para el organismo, entre ellas una tendencia a la reducción de los valores de presión arterial y una menor incidencia de infartos en comparación con los meses más fríos del año. Sin embargo, ese mismo entusiasmo estacional puede transformarse en un arma de doble filo si no se planifica con cautela.
Expertos en salud cardiovascular advierten que el incremento repentino de la exigencia física en personas no entrenadas o que arrastran meses de sedentarismo eleva de manera considerable el riesgo de sufrir arritmias, episodios de síncope o eventos cardíacos agudos. En esta época del año suele registrarse un pico estacional de descompensaciones cardiovasculares vinculado a la sobrecarga súbita que se le exige al músculo cardíaco, a lo que se suma el efecto vasodilatador propio del clima templado, capaz de generar caídas bruscas de presión arterial y desmayos en individuos con predisposición.
“La primavera es una excelente oportunidad para volver al movimiento, pero el cuerpo requiere un período de adaptación fisiológica. El error más común es querer recuperar en dos semanas el ritmo o la intensidad que no se sostuvo durante el invierno”, explica Sergio Capiello (MN 104406, MP 55701), Director médico de Fundación vittal. Según remarca, la clave indispensable para proteger el sistema circulatorio reside en la progresión gradual, comenzando con sesiones cortas, de baja o moderada intensidad, y aumentando las cargas a medida que el aparato cardiovascular y muscular se reacondiciona.
Para quienes presentan factores de riesgo como hipertensión arterial, diabetes, colesterol elevado, antecedentes familiares de enfermedad coronaria, tabaquismo o tienen más de 40 años, la recomendación médica inicial es someterse a una evaluación cardiovascular previa antes de emprender disciplinas de alta exigencia. A su vez, durante el entrenamiento diario resulta fundamental mantener una hidratación continua para evitar caídas de presión, elegir los horarios de menor radiación -como las primeras horas de la mañana o el atardecer- y utilizar protector solar adecuado junto con indumentaria liviana.
Otro factor característico de la estación a tener en cuenta es el polen ambiental. Dado que el esfuerzo ventilatorio propio del ejercicio incrementa el ingreso de partículas a las vías respiratorias, las personas con antecedentes de rinitis alérgica o asma deben regular la intensidad de la práctica al aire libre y seguir las pautas de medicación indicadas por su médico de cabecera.
Asimismo, se aconseja prestar atención a las alertas del cuerpo y detener la actividad de inmediato ante la aparición de dolor torácico, falta de aire desproporcionada, palpitaciones intensas, sensación de mareo o inestabilidad.
Lejos de desalentar el deporte, la evidencia médica confirma que la práctica regular de ejercicio disminuye entre un 20% y un 30% el riesgo cardiovascular global. Disciplinas como las caminatas a paso ligero -que pueden reducir el riesgo de arritmias hasta en un 43%-, la natación, el ciclismo recreativo, el trote moderado y los trabajos de fuerza controlados constituyen alternativas seguras y altamente eficaces para fortalecer el músculo cardíaco, mejorar la capacidad pulmonar y equilibrar el metabolismo.
Retomar el movimiento es una de las mejores decisiones para la salud integral, siempre que se concrete de forma progresiva, consciente y con el debido control médico.





