CADA 18 DE OCTUBRE, EL DÍA MUNDIAL DE LA PROTECCIÓN DE LA NATURALEZA INVITA A REFLEXIONAR SOBRE EL ESTADO DEL AMBIENTE Y NUESTRA RESPONSABILIDAD EN SU CUIDADO.
Proteger la naturaleza implica mucho más que preservar paisajes emblemáticos o especies amenazadas: significa conservar los ecosistemas que sostienen la biodiversidad y de los que dependen nuestras actividades, economías y nuestra calidad de vida. Existe una relación directa entre la salud de nuestros ecosistemas y la salud de nuestras sociedades.
Este año, la fecha ofrece una oportunidad para poner en primer plano un ambiente que suele recibir menos atención que otros: los pastizales. Las Naciones Unidas declararon el 2026 como el Año Internacional de los Pastizales y los Pastores, una iniciativa coordinada por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) que busca visibilizar su importancia y reconocer el papel de las comunidades que dependen de ellos.
Los pastizales y ambientes de pastoreo abarcan aproximadamente la mitad de las tierras del planeta. Albergan una biodiversidad particular, contribuyen al almacenamiento de carbono, regulan el agua, conservan suelos y sostienen la producción. Sin embargo, su valor no siempre se reconoce: donde solemos ver sólo una extensión de pastizal, existe un ecosistema complejo con procesos naturales fundamentales.
Un ecosistema amenazado en la Argentina
En nuestro país, la situación merece especial atención. Entre 2000 y 2019, la Argentina perdió más de 3 millones de hectáreas de pastizales naturales. Además, menos del 4% de los pastizales pampeanos cuenta con protección formal.
Detrás de esos números hay una realidad concreta: paisajes que cambian, especies que pierden su hábitat y procesos naturales que se alteran. El venado de las pampas permite comprender lo que está en juego. Esta especie emblemática de nuestras llanuras está clasificada como En Peligro en el país y su población bonaerense como En Peligro Crítico, según la Sociedad Argentina para el Estudio de los Mamíferos (SAREM). En la provincia de Buenos Aires, el Parque Nacional Campos del Tuyú protege uno de los últimos remanentes de pastizales pampeanos y constituye su refugio fundamental.
Pero proteger al venado implica conservar todo el entorno que necesita para alimentarse, reproducirse y desplazarse. Cuando el ambiente se transforma, las consecuencias van más allá de una sola especie: se altera la red de relaciones que permite que el ecosistema funcione.
Producción y conservación: un camino compartido
La importancia de estos ambientes también se expresa en su vínculo directo con la producción. Los pastizales proporcionan alimento, mantienen la fertilidad de los suelos y tienen un rol fundamental en la regulación del agua. Su degradación compromete tanto la biodiversidad como los recursos de los que dependen las actividades económicas y las comunidades rurales.
Conservarlos no significa plantear una oposición entre producción y ambiente, significa asegurar que la producción pueda sostenerse en el tiempo bajo un marco de uso racional. El desafío consiste en promover formas de manejo que permitan sostener las actividades productivas sin perder biodiversidad ni deteriorar los recursos naturales. La creación de áreas protegidas, la restauración de ambientes degradados, la planificación del territorio y las prácticas ganaderas responsables son herramientas clave en esta dirección.
Este trabajo requiere la articulación de gobiernos, productores, instituciones científicas, organizaciones ambientales y comunidades locales. La conservación necesita políticas sostenidas y decisiones que reconozcan los conocimientos de quienes habitan el territorio.
En este Día Mundial de la Protección de la Naturaleza, vale la pena detenernos a mirar estos ambientes con otros ojos. Porque cuando dejamos de ver simplemente un campo y empezamos a reconocer un ecosistema, cambia la pregunta: ya no se trata de cuánto territorio ocupa un pastizal, sino de qué biodiversidad, qué recursos y qué futuro estamos protegiendo cuando decidimos conservarlo.
Por Sebastián Fermani
Director de Conservación de Fundación Vida Silvestre Argentina





